LECCIONES BÁSICAS (II)

Recordaran los fieles a esta escalera que ya hubo unas 15 gotas con este título. Las “Lecciones Básicas” primeras intentaban esclarecer el mundo de la ropa interior masculina desde el punto de vista femenino, y viceversa. Reconozco que fue un post muy divertido y con gran acogida popular. La discusión posterior tomó las calles tuiteras y aún colea (perdón por la expresión) el tema del slip anti lujuria. Ellos, como se suponía, desechaban tal característica y blandían con orgullo varios razonamientos en los que la comodidad era la nota predominante. Ellas, sin embargo, aplaudían estas lecciones, con rezos en voz escrita para que cundiera la teoría y no dejaran de pasarla a la práctica. Siendo sincera tampoco era extraño ya que estas primeras lecciones tuvieron como fuente de inspiración un resumen de conversaciones y  debates femeninos. Ellas jugaban (jugábamos) con ventaja.

Prometí entonces que las lecciones no quedarían en una clase magistral de la lencería íntima y que a poco que tuviera oportunidad y arrojo volvería a sintetizar comentarios y testimonios de amigas, conocidas y hasta desconocidas. Sobre todo en lo que respecta al agradable (y siempre complicado) mundo de las relaciones entre hombres y mujeres. Y a ello voy.

Vuelvo a anotar a pie de página (es un decir, que lo voy a decir aquí en medio) que no teorizo cual estudio de Michigan, y ni siquiera tengo datos estadísticos contrastados como bien podría aportar la Universidad de Wisconsin. Es más, ni siquiera creo que Jodorowsky o Coelho me aplaudan. Es mi percepción personal, mi análisis cualitativo de una circunstancia social.

En síntesis, lo mío es un servicio al ciudadano. Con desparpajo y hasta con ínfulas, pero alguien tenía que decirlo. Y si tengo que ser yo, me armo de valor y toreo por naturales este morlaco. Que no se diga que aquí no hay una mujer valiente y comprometida con la sociedad. Igual estoy exagerando.

De un tiempo a esta parte ha surgido un murmullo popular femenino. Creo que ha estado siempre, pero se da la circunstancia de que en una de estas vueltas y revueltas me ha pillado con el piloto encendido y la inspiración preparada. Igual el siempre se reduce a los tiempos en los que las mujeres toman lo que les apetece de la vida y además existen las nuevas tecnologías.

Amigos míos, varones heterosexuales todos, vamos con la lección de hoy. Después de un café, una noche de copas, un día en la playa, una tarde cine, o un encuentro sexual (satisfactorio o no) que no exija más que pasar un buen rato no pasa nada por mandar un mensajito que rememore educadamente el momento anterior. Algo parecido a las tarjetas que se mandaban en la época victoriana para agradecer una cena, o las tarjetas de visita que se enviaban después de la boda donde se agradecía la presencia, el presente u obsequio, y además se informaba de la nueva dirección postal, a la sazón, nido de amor. Este mensaje no compromete ni da pie a que pensemos que buscáis amor eterno. Tranquilos.

Es normal que después de haber estado de fiesta con tus amigas luego mandes un mensaje diciendo: “he llegado viva”. Si la ocasión tenía exceso de alcohol puede ser que llegue con faltas de ortografía o ponga “he llagado bosa” pero tú, en igualdad de condiciones, sabes lo que quieren decirte. Tampoco es extraño que llegue un “qué buen ratito” y si has desvirtualizado a alguien se comenta hasta en red social, puede que sea sólo un “me he dejado las gafas de sol en tu coche”, pero hay una leve continuidad. Incluso, después de una gran fiesta con amigos es común comentarlo en grupos creados para la ocasión “Gracias a todos, que bien lo pasemos“.

Lo que no es normal es que se dé un silencio sepulcral, ni siquiera pasan las bolas del oeste, no suenan los grillos. Eso provoca desazón. Repito el concepto. No es que se busque un paso previo a la boda, pero si te han dejado en un taxi, en una habitación de hotel, en la puerta de tu casa, o a seis paradas de metro de tu trabajo,  no cuesta nada que se mande un “gracias que bien todo”, “avisa cuando llegues”, “a ver si repetimos pronto” o hasta “déjame cinco euros”, lo que sea puede ser mejor que nada.

Sé que os cuesta comprenderlo, que no forma parte de vuestra costumbre, pero al otro lado seguro que están esperando un mensaje. Aceptad el consejo. Me lo agradeceréis. Depende de quien sea os puede llegar un “que llegué viva, ¿eh?” eso es señal inequívoca de que habéis fallado, os han empatado sin prórroga. Igual habéis estado cumbre, todo unos caballeros cuando correspondía y golfos donde se precisaba, habéis dejado un buen sabor de boca pero…no lo olvidéis, aunque sea una cita de pura amistad, entre amigos, sin pretensiones sentimentales ni sexuales -y con más razón si la tenéis- no os cuesta nada, aunque sea un insulso bicho cabezón y amarillo, señores…mandad un mensajito…

(A vosotras, inspiración y demandantes dignas – y en silencio- de mensajitos, por la ayuda que me prestáis)

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5 comentarios en “LECCIONES BÁSICAS (II)

  1. Estimada profesora González, recibir información no solicitada con la leyenda “que llegué viva, ¿eh?” no es señal inequívoca de nada distinto a que alguien necesita asistencia psiquiátrica urgente y no es el receptor.

    Tras cinco párrafos de preparación artillera recibo con estupor la continuación de las ordenanzas sobre uniformidad interior dedicadas, en esta ocasión, a la reglamentación de comunicaciones ociosas. Tres párrafos de normativa, un cuadro resumen y el guiño a las de su banda. Resumiendo, imposición de un proceso intelectual que rechaza la maravillosa abstracción silente y precisa de un continuo (y agotador) contraste verbal para avanzar hacia las conclusiones.

    La profesora utiliza cada uno de los párrafos normativos para ir avanzando en la colocación del concepto. En el primer párrafo se nos aclara que “no pasa nada” por hacer lo que se nos indica (¿ordena?), en el segundo se nos explica como el tráfico de información ociosa es algo de lo más normal entre las presuntas demandantes (alguien en sus cabales concibe que tras una reunión de amigos uno de los participantes comunique al resto que “he llegado vivo”) y en el tercer párrafo cae la esperada regañina por los perniciosos efectos sobre las demandantes de la ausencia de comunicación ociosa.

    El previsible párrafo resumen se inicia con la natural condescendencia por nuestra dificultad para entender conceptos presuntamente fáciles y termina con una trampa de manual envuelta en el “no pasa nada” marca de la casa.

    Y no, amigos, sí que pasa. Pasa todo. Pasa que la tecnología permite el establecimiento virtual de conversaciones absurdas y ya no basta con abandonar el campo de batalla, hacerte el mudito o leer el periódico para evitar esas conversaciones en bucle tan inoportunas e innecesarias. Es ofensivo pedir a alguien razonable que se interese por si la otra parte fue capaz de cruzar el umbral de una puerta -bien de la casa o de la habitación del hotel-, si ha sabido bajarse del taxi o si recordó que en la sexta parada debía abandonar el vagón del metro. De hecho es ofensivo incluso para la otra parte y aquí está la trampa, amigos. Porque la profesora González nos pide que modifiquemos nuestra conducta y caigamos en el absurdo hábito que nos propone ya que “no pasa nada” y sí que pasa. Y más que pasará. Porque primero será la normalización de lo absurdo y después vendrá el análisis. Primero se exigirá el establecimiento de la costumbre de emisión de información ociosa y después se entrará en la evaluación del mensaje o alguien en sus cabales puede creer que la profesora González va a pasar por alto el que se la envíe uno de esos muñecos asquerosos como, aparentemente, solicita. No, amigos, tras el envío del infecto artefacto vendrá una queja de por qué me envías esta porquería, comenzará el bucle y ya habremos caído de nuevo en la trampa logorreica del infinito contraste verbal.

    Amigos, lo estáis haciendo bien, la prueba es que las demandantes tienen que proponer la almibarada trampa que nos propone doña Rocío. Aguantad. Firmes ahí. Ni un paso atrás.

  2. Yo sin ir más lejos, apenas hace una semana tras una reunión de amigas, de las que se come poco y se bebe y habla mucho, cuando llegué a mi casam, mandé dicho mensaje.
    A mi me gusta agradecer la compañía y lo bien y a gusto que he estado, así que como bien dice Rocío, también me gusta recibir el agradecimiento.
    Y seamos sinceros un whatsapp, aunque solo sea con un emoji, no cuesta nada enviar.
    Tendré que buscar y leer el primer lecciones básicas, que seguro que no tiene desperdicio.
    Un abrazo

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