VOY TARDE

Me despierto sobresaltada. Estiro el brazo en la cama y estoy sola. Seguro que ya ha sonado el despertador y me he quedado dormida. Él se levanta una hora antes que yo todos los días pero estoy segurísima, llego tarde.

La niña. La niña no es tan niña pero ya pueden sonarle las trompetas del Juicio Final, con toda su corte de juzgadores implacables que no se despierta hasta la tercera vez que le dices que arriba, que no llega, que le enciendes la luz y la destapas. A ver cómo le explico que reaccione rápido. Que seguro que ya no hay remedio Espero que no tenga examen.

Me tengo que lavar el pelo. No hay moño que lo salve. Ya no va a ser una ducha rápida y con lo tardísimo que seguro que es al final salgo con la melena goteando y me resfrío. Seguro que me resfrío y están los tiempos como para estornudar o toser, te clavan la mirada y te apuñalan visualmente en vida. Está socialmente mejor visto ya tirarse un sorono y larguísimo pedo.

¿Qué me pongo? Mira, da igual, si es que al final va a ser lo primero que pille. Vaya horas. Siempre me digo que debería pensarlo la noche antes pero jamás lo he hecho. Cuando llevaba uniforme la vida era más fácil. Echar de menos la terrible falda de tablas, lo último que me esperaba de mí misma.

Desasosiego y estrés. Seguro que tengo que hacerle un justificante a la niña. Voy a mandarle un mensaje a mi compi en cuanto me levante, le va a tocar esperarme, qué vergüenza. Espero que haya café hecho aunque igual no me da tiempo a bebérmelo. No consigo entender cómo sale la gente con su vaso de casa, ¿qué don sobre el tiempo tienen?

De las que salen con buena cara de casa no me fío. Hay que salir con mala cara hasta maquillada. Debajo de capas de milagro debe notarse el sueño y el cansancio. A media mañana igual ha bajado la hinchazón de las ojeras. Algunas creen que salen con los filtros de Instagram puestos y a diez metros dan más miedo que el recibo de la luz. Hoy no me va a dar tiempo ni a mirarme, si seguro que voy tardísimo, espero no tener que ver clientes, me atrincheraré en la oficina, barricada de facturación para salvarme. El poder de salvación del IVA.

De repente una chispa de duda…¿y si aún no fuera la hora de despertarme? Debería mirar el móvil y mirar cuánto de tarde voy. En algún momento debo ser consciente del drama horario que me acecha. Coger el toro por los cuernos. Esta oscuridad que me rodea puede ser la misma que tengo al despertar. Me suena. Se parece tanto a la de ayer… Alpechín de dormitorio, el verano siempre es mejor. La decisión de saber qué hora es ya es imparable. Soy firme y tengo sueño. Debe ser tan tarde…Si lo miro ya es seguro que estoy despierta. Si le doy al botoncito veo la luz, será una mezcla entre el faro de Alejandría y Caroline.

He vuelto a equivocarme. Aún podía dormir cuarenta minutos más. Completamente despierta sé que ya no hay nada que hacer. No voy a volver a dormirme. Arrastraré el sueño como la cadena de un fantasma. Me lo merezco, por idiota.

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