ESPERANZA

Cómo va pasando el tiempo y a la vez que eterno me parece, qué lento. La paradoja del tiempo que no se acaba. Sin embargo, hace casi una luna que fui a verte por primera vez, y tú y yo conocemos encuentros secretos. No sé si tú lo habrás contado, pero me consta que asumes los dolores ajenos como propios y desde el consuelo que entregas, guardas silencio.

Sabía de ti por otros labios, pero nunca te había tenido cerca. Sé que te había encontrado en alguna ocasión y sin embargo no presté toda la atención que merecías, por eso no las cuento. A veces la osadía va envuelta en despistes sin maldad, en desconocimiento. Me arrepiento desde la tranquilidad de haber puesto remedio. Así es más fácil sentir remordimientos. Espero que no me lo tengas en cuenta.

Lo sabes, lo sé, en realidad no es nuevo, sólo diferente y en esa particularidad quería deleitarme. Te conocía por otros nombres, y hasta dentro del mismo nombre, me eras familiar en otros rostros, sin embargo deseaba conocerte. Quería llegar sin soberbias ni perjuicios primeros a tu lado, pero sin perder un ápice la curiosidad. Soy curiosa.

Esa primera vez -me gusta recordarla-, me costó mirarte a los ojos, de repente me sentí muy pequeña a tu lado, y era tal la fuerza de tu mirada que conseguiste levantar los míos y al encontrarnos, me olvidé de mí. Me faltó el aire. Frases aprendidas en la niñez cruzaron mi mente y las repetí en silencio, y de mi pecho nació un ruego sin egoísmos y el agradecimiento sincero por disfrutar de ese momento.

No sólo creo haber merecido un regalo, es que además llegaste en un momento de mi vida en el que te necesitaba más que nunca y viniste a mi encuentro de esta manera. No creo en casualidades ni en el destino. Creo en personas buenas que ayudan, buscan consolar y, a veces, dan su apoyo en forma de abrazos y besos. Buenas personas que te tienden la mano, y sin soltarte ni dejarte caer, te llevan a lugares redentores. A mí me llevó a tu lado.

No te miento, hay otros lugares, es cierto, otros ojos que me dan paz, pero en el fondo también están ahí los tuyos. Mi alma ha añadido tu rostro a aquellos que evoco entre mis miedos para encontrar consuelo, en los que pienso para dar las gracias, en los que busco protección buscando la dulzura del llanto. Ya eres parte de mí y te siento muy dentro, sin excesos ni golpes de pecho, de nuevas y aprendiendo a quererte, despacito, sin miedo.

Ahora te tengo presente, miras como duermo, compartimos lágrimas y te hablo en la soledad de mi dormitorio, la mayoría de las veces sin palabras, no hacen falta porque lees en mí como en un libro abierto. Sabes que me desahogo sin olvidar que, en el fondo, soy una afortunada, y me arrepiento ante ti cuando me dejo llevar por la negrura de los pensamientos que me privan de las alegrías y las sonrisas, mientras tú, silente y pausada, vas guiando mis pasos.

Los días seguirán pasando y espero tenerte otra vez cerca para poder agradecerte todo lo bueno que has traído a mi vida, eso que los demás desconocen pero que tanta falta me hacía y que estoy convencida que tú me has procurado haciendo que fuera a tu lado. Quiero que corra el tiempo para pedirte con humildad que no me sueltes de la mano mientras te veo engalanada y reina, para que sigas a mi lado, para que no me falte Esperanza.

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