HABLA EL CINE

Si algo queda del cine son las frases. Estoy dispuesta a asumir una horda de indignados que me llamen hereje cinematográfica y que busquen prenderme en la colina de Hollywood o en Cinecittá. Acepto y reto a la Inquisición que forman los entendidos en la materia, soy una temeraria. Me mantengo en mi opinión. Para mí da igual los planos secuencia que tenga una película, los efectos especiales, el vestuario y hasta los actores, lo que queda después del tiempo son los diálogos que repiten  los protagonistas, que escribieron los guionistas, que aprendimos de memoria. Hay escenas que quedan como si hubieran salido del refranero popular.

Quizás además de los diálogos quede la  música, pero creo que menos, y eso que soy una admiradora infatigable de bandas sonoras. Inciso: Si bien es cierto que hay que tener en cuenta que, como en todo, me canso pronto de las cosas, así que mi presunto nivel de criatura implacable al desasosiego y a la derrota física o mental, no deja de ser una exageración. Cuando los niños están en la guardería tienen que cambiar de actividad cada veinte minutos, yo a duras penas he salido del Jardín de Infancia (que nombre más poético se le ponían a las cosas, la verdad). Por lo tanto, soy incapaz de conocer bien los nombres de los compositores, es casi imposible que recuerde si obtuvieron o no un Óscar por su trabajo, y puedo hasta confundirme con total normalidad y discutir que una canción es de una la película y estar perfectamente equivocada. Eso sí, lo rebatiré como nadie.

El otro día volví a ver “La Gata sobre el tejado de zinc”, la gloria son los ojos azules de Paul Newman y los violetas de Liz Taylor, y ese vestido blanco de cintura mínima que lleva con una vaporosidad que parecen las alas de una mariposa, o la combinación con encaje con la que se desnuda más que se viste, mientras está aferrada al pomo dorada de la cama. Empecé a tuitear las frases que me gustaban, y al final tuve que dejarlo porque por rápido que escribo no conseguía llegar a tiempo. Eran diálogos magistrales uno detrás de otro. Acabé agotada y perpleja, cómo era posible hacer guiones tan maravillosos, pisando una intervención contundente con una respuesta inmejorable. Y me dediqué a disfrutar sin más…y apunté volver a verla con todos los sentidos alerta.

Al día siguiente vi “La fiera de mi niña”, y además de reírme a carcajadas -como siempre- me sucedió lo mismo, era una frase hilada con otra y con otra y era todo insuperable. Me sorprendió que mis hijas rieran a mi compás y se les quedara pegado en el recuerdo que “Todo te lo puedo dar menos el amor, baby”.

Igual pasa con “Vacaciones en Roma”. Me entran unas ganas locas de irme a Roma, comer helados sin descanso, cortarme el pelo y contestarle a los corresponsales de ABC y La Vanguardia. Quizás esta no pueda compararse en diálogos pero los ojos de Audrey hablan solos. Hay que reconocer que el silbido de “El puente sobre el río Kwait” es todo un párrafo en sí mismo.

¿Y qué decir de los diálogos de “Casablanca”? no es cuestión de que Sam la toque otra vez, o de si será o no una bonita amistad, es que “los alemanes vestían de gris y tú de azul” y “el mundo se desintegra y nosotros nos enamoramos”. Eso es invencible.

Reconozco que hay un diálogo algo más moderno, entre William Hurt y Kathleen Turner en el que él le dice:” no deberías llevar esa ropa.” Ella se sorprende y responde:”¿Por qué? Sólo es una blusa y una falda”. Y él remata de la manera más gloriosa que un hombre pude: “entonces no deberías llevar ese cuerpo”.

Seamos sinceros, no hay diálogos como aquellos y por eso repetimos una y otra vez que “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión…” como el que dice algo contundente, y deja mucho que desear. Aunque yo soy más partidaria de “¡Oh, capitán capitán!” o de las frases del Rey León, pero éstas no les llegan ni al filo del león que bosteza al principio de la película. Es imposible compararlo con un “francamente querida, me importa un bledo” o aquel magnífico final de “El Halcón Maltés”…”está hecho del material con el que se fabrican los sueños”…

 

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