MI PARAÍSO

Un año más llega el día de mi Realidad Nacional, que supongo que va con mayúsculas porque ahora que caigo no sé como está escrito en el nuevo Estatuto de Andalucía, ese que no fueron a votar ni los que tenían interés en cambiarlo. Otra vez el Día de Andalucía, otro veintiocho de febrero, cuando teníamos que estar celebrando por lógica el cuatro de diciembre, pero así se hacen las cosas en esta tierra mía. Y me gusta dejar aquí patente que es mi día porque nací de Despeñaperros para abajo, que he vivido en muchas de sus provincias y las he visitado con asiduidad todas, y me gusta el rincón del mundo donde me tocó crecer. No reniego, no me avergüenzo, más bien al contrario.

Yo soy sureña, con el orgullo liviano que llevan implícitas esas letras, reivindico mi tierra sin rasgarme vestiduras. Me gusta lo mío, pero jamás va en detrimento de  lo de los demás. Soy una andaluza que sin nacionalismos, sin histerias, conservo mis tradiciones y asumo las de los demás y en ocasiones  las hago mía, que así crecen los pueblos, mezclándose, aprendiendo, sin imposiciones. Porque además esta tierra echó andar hace muchos siglos a base de pueblos que se enamoraban de este rincón y dejaban su impronta, radicalizarnos ahora sería ridículo y tampoco creo que nos nazca.

Reconozco que muero en un compás de palmas, en una calle estrechita, en un llamador de un paso de palio, en un traje lleno de volantes, en el salitre de mis playas, en un pito de carnaval gaditano, en una puesta de sol. Mi sol, mi energía, mi fuerza. Es cierto que revivo en unas paredes blancas con rejas negras, pisando albero, en unas hojas de plata de olivo brillando en el sopor de la tarde, en uno de nuestros muchos acentos, en una flor en el pelo.  Es verdad que se me van las manos flamencas a poco que una guitarra decida rasgar el silencio, que las sevillanas las bailo en cualquier momento del año aunque las prefiera en las arenas rocieras, y que cuando cocino tengo más de andalusí que de celta. Para que voy a mentir si oigo un repique de campanas o veo un farolillo y se me ilumina la cara, no entiendo que tenga que disimular mis afectos, mis amores, mis pasiones.

Y, sobre todo, también aplaudo al andaluz que se esfuerza, que no tiene esas tan cacareadas subvenciones que siempre le llegan a los mismos, y levanta persianas en sus negocios a base de huevos. Al que acoge a los que llegan a esta bendita tierra sin mirar ocho apellidos, rh, o la limpieza de sangre. Me emociona el que se queda empujando por esta tierra que tanto queremos y que a veces se nos desangra, y lo hace buscando los mayores avances tecnológicos sabiendo que la tradición no está reñida con el progreso. Y al que tiene que marcharse y nos apoya en silencio o nos defiende, y pone su granito de arena cuando vuelve aunque sea de vacaciones. Y al que no es andaluz y apuesta por nosotros saltándose todos los estereotipos que nos condenan.

Y el arte. No puedo remediar emocionarme con el arte de mi tierra, con el humano, con el que late en los pulsos de la gente, no me gusta llamarle duende, quizás porque lo han utilizado mal en demasiadas ocasiones. Que el otro arte también está muy bien, y de todos es sabido mi pasión por la Alhambra, por la Giralda, y por muchos rincones que no tienen tanta fama y no merecen menos halagos, pero me gusta el inmaterial, el de las frases  hechas cubiertas de dobles sentidos, el de las palabras hiladas en labios sureños, rápidos y dulces, utilizando esos conceptos tan irreconocibles fuera, esas cosas tan nuestras. Me gusta conocer la música y las letras de unos aventajados que no sé si por humildad o por falta de oportunidad, no se les conoce tanto como se merecían. Y autores de teatro maravillosos. E imagineros, pintores, fotógrafos, orfebres…

Supongo que todas las tierras tienen lo suyo y por poco que la sintamos, llevamos mucho implícito. Aquí se ve en los bares, en las fiestas, y en la manera de ser, la nuestra es la de reírnos de nosotros mismos, de disfrutar mucho de la vida, quizás ayudados por el clima, y desde ahí ser un pueblo trabajador y sufrido.

Permítanme romper una lanza por los míos, sin políticas ni ombliguismos, por una vez…déjenme decirles que Andalucía es mi paraíso.

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