SEXO, MOCOS Y ACEITUNAS (Lección Básica III a modo de charla informal)

Volvamos a las “Lecciones Básicas” que tantas alegrías y disgustos me están dando. Sí, que de todo hay en la viña del Señor y para gustos, vinotecas. Ya vamos por la tercera y empiezan a ser como quitarse la costra de una herida: duele pero subyace el placer. O eso dicen, que yo siempre he sido demasiado cobarde para trastearme las mil heridas que tenía por patosa integral, sin eufemismos, torpe.

Hay dos teorías a las que el pensamiento contemporáneo no le ha dado la importancia suficiente. La “Teoría del moco” y la “Teoría de la última aceituna”. En realidad están en el imaginario colectivo y sólo unos valientes deciden verbalizarlo y darle la extensión pseudofilosófica que se merecen. Yo sólo soy una simple herramienta que transforma en palabras escritas lo que en realidad todo el mundo sabe. Vayamos desgranando las dos teorías, sin levantar demasiadas suspicacias porque siempre que se establece como cierta una verdad, se forma un grupúsculo que rebate con intensidad la sentencia dirimida. Estoy convencida de que muchas veces esa afición a la negación no es más que un hobby como pescar o coleccionar posavasos. (¿Siguen poniendo posavasos?).

La “Teoría del moco” me llegó de la mano siempre sabia de una amiga, y eso que es rubia -chiste fácil-, en ella me ilustraba una gran verdad: Cuando una mujer conoce a alguien, tiene una cita, quizás sea el comienzo de una relación, su vida no cambia aparentemente pero, si se bucea en el interior, su cabeza está pensando en ese individuo, mientras que él desconecta conforme deja de verle el culo. Pongamos un ilustrativo ejemplo, el caso de la mujer que tiene una tórrida noche con un señor un viernes, que se dan el teléfono que se mandan varios mensajes, que vuelven a tener un fogoso encuentro a la semana siguiente, y entonces…empieza un quebradero de cabeza que no se reconoce de puertas del alma para fuera. Según esta sabia teoría, mientras la mujer está pensando en qué ponerse en el próximo encuentro, en si él está pensando en ella, repasando mentalmente cada uno de los instantes en los que él surcaba su piel, releyendo los mensajes envidados, el varón está sacándose un moco. Anoten la metáfora, por favor. La mujer, según esto, es un mundo complejo, lleno de ideas que se interrelacionan con sentimientos, y el hombre es mucho más simple y primario. Ahí lo dejo. Se abre debate.

La “Teoría de la última aceituna” es aquella en la que tú, mujer heterosexual, sabes que estás teniendo una relación con una persona porque eras o bien su única opción disponible o la más cómoda. Es decir, eres la aceituna solitaria en el plato, la que te comes por no dejarla, porque ya te has comido otras y porque no sabes cuando volverás a comer aceitunas, forma parte de una inercia. No la vas a tirar. El problema no es que suceda, que quien más y quien menos se ha visto abocado al abismo de engordar esa aceituna por lástima, e incluso luego puede que fuera un ejemplar exquisito que deja un sabor maravilloso, es que se deja claro que todo sucedió así, hasta en momentos poco adecuados. Me comentaba hace poco una amiga, de las de verdad y no de las que se dicen para escurrir el bulto de lo que sucede en primera persona, un ejemplo esclarecedor: el caso de una de sus parejas que tras la afanosa lucha sexual -de proporciones épicas y digna de recordar en la soledades posteriores-, le comentaba otros envites anteriores con señoras estupendas. Sinceramente, a estas edades es difícil encontrar a alguno que se mantenga incólume, pero el exceso de información es innecesario. Aunque se presuponga, e incluso se sepa con una certeza digna de haber formado parte de esa relación como voyeur, aunque  jamás se dude de que todo es cierto y que él (¡oh varón!) provoca esa atracción frente al sexo contrario, no hay que comentarlo y menos sin ropa.

Ahí las dejo como parte de la sabiduría occidental, que de la oriental no tengo datos, que las deje por escrito no significa que las comparta o todo lo contrario…

 

 

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5 comentarios en “SEXO, MOCOS Y ACEITUNAS (Lección Básica III a modo de charla informal)

  1. Las Lecciones básicas de doña Ro van derivando, poco a poco, hacia una terapia de autoayuda ombliguista para pibones inseguros.

    La axiomática de la secreción nasal es – aparte de una guarrería- un disparate. Ni usted ni ningún ángel de su cuadrilla miraría a un tipo que se pasa las horas pensando en qué se pondrá para la próxima cita con ustedes o pensando en qué piensa el ser en que pensamos. Ya está bien de tanta hipocresía y tanta autocomplaciencia, señora de pensamiento complejo.

    En cuanto a la paradoja de la aceituna, de nuevo doña Rocío abusa de nuestra pasión por ella para intentar colarnos como ley general –so excusa de una amiga suya que yació con un bobo- una prueba de la inseguridad de las de su grupito. Vamos, que la que se revolcaba con el bocazas había desechado una cita con Pitt para irse con él. Doña Ro, todos somos de Teruel, aceituna ella, aceituna él.

    • jajajajajajajajajaja
      Me planteé dejar estas lecciones básicas por varios motivos, entre ellos que no se entendía la ironía y la jocosidad, algo de lo que soy culpable. Pero cada vez que me las comenta, me alegro de haberlas escrito. Ya le pasaré las contestaciones tuiteras de féminas que confirman las teorías.
      Gracias por escribir aquí 🙂

  2. Kherido Parmenio…la Teoría del Moco es algo natural en nuestro día a día, nosotras conocemos al hombre de nuestra vida cada día, e inmediatamente nos convertimos en expertas psicoanalistas, Freud sería un becario al lado de muchas de mis amigas y sus exhaustivos análisis de la psique contraria!! Somos más rápidas que sus propias neuronas en conectarse unas con otras, conocemos cada uno de los pensamientos que ni siquiera él aún sabe que va a tener y que tendrá…por supuesto todos son negativos, ninguno nos complace y ello nos hace sufrir como si tuviéramos 6-7 años y estuviéramos viendo el horroroso final de Bambi, como si La Bella Durmiente nunca despertara o como si el
    Príncipe se hubiera casado con una de las hermanastras de Cenicienta. Somos niñas Disney, el príncipe azul era nuestro sueño…y así nos va…nos perdemos en los cuentos y no disfrutamos de la realidad!!! Y sí esa amiga de Rocío en realidad ese día estaba con un bobo!!! Un placer!!

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