LLUEVE…

Y llueve.

Y no quiero que llueva nunca, jamás, ni porque sea necesario. La lluvia me sabe a melancolía y ésta a lágrimas. Para esconder las lágrimas es suficiente con el agua de la ducha cayendo con fuerza sobre los cuerpos desnudos, a ser posible ardiendo, para que se lleve parte de la epidermis dolida y yacente. Y la niebla que provoque no necesite que llegue la tarde para que sea momento de dar un paseo. Esa es la lluvia que quiero, caliente, ordenada y con niebla de espejo.

Comprendo, a duras penas, que para que exista la lluvia de higiene es preciso que llueva, pero si me hubieran dejado a mí el diseño del mundo, el agua nacería desde dentro y en lugares específicos. Sin necesidad de aguaceros ni tormentas. Y la nieve surgiría desde las montañas como si fueran flores y matorrales. El cielo siempre estaría azul, soleado y sin nubes. Haría menos o más frío, algunas veces permitiría algunas nubes esponjosas para tener con que jugar, pero nunca serían nubes bajas, ni negras, ni grises. Rayos, truenos y centellas estarían desterrados, quizás les permitiera vivir en otro planeta.

El viento es el único que me desconcierta, porque me gusta y le temo, me aturde y lo disfruto. Quizás le permitiría pasear dentro de  un horario estricto, con una puntualidad británica. Claro, los británicos dispondrían de prados verdes, de ríos plenos, pero sin necesidad de que su horizonte fuese siempre gris.

No existirían los charcos, ni las botas de agua. No importa, es un mal menor. Se podría saltar y chapotear en el mar, en las orillas de los ríos…pero nunca en el asfalto. Habría elegantes bastones, pero nunca paraguas, y las gabardinas, que ahora se llaman trench, serían prendas excéntricas usadas por unos pocos.

Echaría de menos al arcoíris, es cierto, pero lo seguiríamos viendo en las gotas de las fuentes públicas, pegado a las mangueras que regarían las plantas o limpiarían las ciudades. Incluso los fabricantes de botas de agua y paraguas, se podrían dedicar a crear arcoíris a gran escala. Veo negocio con opción de futuro. Soy una emprendedora ágil de mente.

No habría que vivir con la luz encendida pese a ser poco más del  medio día y las meriendas nunca sabrían a cena porque la oscuridad llegó a las cinco de la tarde. Estaríamos siempre llenos de energía y de sol. Y cuando hiciese frío podríamos sentarnos en un banco del parque, bajo sus tímidos rayos, sin tener que limpiar antes las gotas de lluvia y sin tener que temer a que se nos acabe el disfrute por culpa de una nube incómoda.

Comprendo, de verdad, que mis ideas tienen detractores, no entiendo que a nadie le guste la lluvia, no comprendo que se pueda sentir alguien cómodo cuando la humedad le rodea y disfrutar sintiéndose pez por calles y avenidas. No comprendo que la incomodidad que provoca a nuestra vida diaria le sea placentera a alguien. Ni siquiera con sofá y mantita. No hay para tanto.

Desde ayer, de manera constante y pocas veces intermitente, caen las gotas resbalándose por mi cristal. El atardecer es igual que el pleno día porque sigue gris. La noche no ha sabido limpiar las nubes y devolverme el sol. No me gusta. No puedo remediarlo.

Y sigue lloviendo.

 

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2 comentarios en “LLUEVE…

  1. Rocío, la lluvia también tiene su puntillo, sobre todo cuando llueve un rato y después sale el sol y todo parece nuevo y limpio. O el sonido que hace al caer o el olor a tierra mojada. ¿Ves? Te ha salido una detractora aunque a mí que llueva muy seguido tampoco me gusta pero, de vez en cuando, sí. Me estoy dando un paseo por tu blog que está muy bien escrito. Un saludo.

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