A BIORRITMO CAMBIADO

Puede que la culpa la tenga este  calor loco que agradezco, busco y dejo que me acaricie la piel. A lo mejor puede que al final el sol sea culpable, cuando yo sólo tengo palabras de regalo para él. Es humano culpar a otro, que nadie me lo tenga en cuenta que no puedo negarme en esa condición. Soy una humana y rebosante de defectos. Quizá estemos viviendo la astenia primaveral a paso cambiado. Igual la climatología se ha vuelto ácrata y nos regala una primavera que sabe a verano y así los biorritmos se han desorientados. Al menos los míos. Pero con mi miedo irracional al mundo de la entomología, he podido comprobar que no sólo yo ando despistada, pues he visto insectos de presencia anual renaciendo entre flores de primavera.

Y si no tiene que ver con el cielo azul que brilla como el charol… Puede que sea la responsabilidad mostrando su peso y ante tanta fuerza haciendo presión se me esté atragantando el pasar de las horas, que van lentas como caracoles sin prisa, y cuando quiero que el reloj se detenga en mi sueño farmacéutico, decide volar hasta el filo del despertador. A lo mejor empezó todo por un mal sueño…

La cuestión es que desde unos días tengo la pena alicatada en el alma.

De nada sirve llorar por la leche derramada (“cry over split milk”) y mirar hacia atrás no produce ninguna satisfacción, pero a veces no queda más remedio que dejarse llevar y jugar al que pasaría si… No es grave ni tiene consecuencias, es un juego infantil para el que se necesita tener un buen manojo de años. No es más que volver escéptica a la lechera del cuento, en soñadora pragmática a la princesa de un reino lejano, en errante árbol a un vagabundo sin nombre. Es el juego que deja pendiente de un hilo la vida para buscar los senderos que ya no se pueden recorrer porque caducaron. Es bailar con fantasmas que no existieron.

Que pasaría si no hubiera dejado ese trabajo, si no hubiera dado la vuelta a esa esquina, si hubiera seguido estudiando, si hubiera tenido un gato. Que habría pasado si la sonrisa franca no llevara añadida una sinceridad contundente, si no hubiera ido al hospital, si no hubiera quemado aquel bizcocho. Si hubiera aceptado ese regalo, si pudiera conducir. Dónde estaría si llevara el arma que quise llevar, si fuera rubia, si hubieran nacido dos, si fuera alérgica al gluten. Que habría pasado si esa ambulancia no hubiera llegado a tiempo, si aquel vestido me hubiera quedado bien, si a las preguntas que había les hubiera buscado respuesta, si existieran las fotos que no se hicieron. Que sería de mí si al salir del cine me hubieran sobrado palomitas, si no hubiera llevado uniforme, si hubiera subido todas las cuestas. Si las puertas se hubieran abierto cuando se cerraron o me hubieran dado con ella en las narices. Si hubiera habido flores. Dónde estaría mi futuro si hubiera caminado por otro pasado.

The End… No importa el final del juego porque la vida camina hacia delante, desde el miedo, la sonrisa, la huida o la inercia. Lo que suceda está por escribir, lo sé, pero ahora necesito regodearme en la astenia, la pena, el placer del dolor sin motivo. No puedo quejarme, no tengo derecho, no soy infeliz. Toca amurallarse tras películas que demuestren que el celuloide no es real, esconderse tras canciones que pongan la piel de gallina, y buscar libros que nos acerquen a esa niñez casi sin pasado. Es el masoquismo emocional de días que pasa, y pasará…como todo en la vida…

 

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