PEREZA EXISTENCIAL

Hay mañanas de pereza existencial. No es sólo el sueño enredado en las pestañas impidiendo que los ojos (mis ojos) se terminen de abrir de verdad. Es algo más. Se puede deambular con los ojos abiertos, yo lo tengo comprobado, se realizan todas las tareas que esperan un día más a ser acometidas e incluso se realizan bien, pero aún no están los ojos abiertos o como se denomine la conexión neuronal que hay entre los ojos y el conocimiento. Pero no es eso.

Hay mañanas de pereza existencial que se acaban convirtiendo en días  de pereza existencial porque es algo que va más allá del despertar físico. Es una frase redundante, demasiado incluso, sobre todo para la dejadez que intento transmitir. Error de novata. Es un sentimiento que tiene que ver más con el cansancio emocional o con las pocas ganas de seguir en pie. Es el día en el que prefieres que el mundo siga su curso, bamboleante en el espacio, sin reengancharte a él.

Es un paso de todo. Dejadme en paz. No quiero esforzarme ni en mantener las constantes vitales.

No tiene que ver con pensamientos divinos, espirituales, ni siquiera tiene que ver con encontrarse a sí mismo, no entran los chacras por medio, ni la anemia ferropénica. Es una pereza que sólo provoca dejarse llevar. No es “donde el corazón te lleve” (libro que leí en su momento pero del que soy incapaz de acordarme) porque eso exigiría decidir entre lo sentimental y lo racional. Este estado civil impide razonar y decidir.

Me atrevo a aventurar que es más pereza de lunes, puede que sea sentimiento desde, -por, de, para- la resaca y, arriesgando del todo, puede que los factores medioambientales tengan que ver, me refiero a lo que yo, de manera coloquial y algo ordinaria, defino como: mierdanube y si estoy muy harta ya, cambio el epíteto por algo más contundente que tiene que ver con la madre de las nubes, si es que tienen…¿Las nubes tienen madre?, gran pregunta a las ciencias meteorológicas o me estoy volviendo más loca de lo que pensaba.

Yo estoy a lunes, la niebla me rodea y me abraza como una nube baja (mierdanube, por cariñosa que sea) y pese a que anoche no bebí más que agua, soy capaz de asegurar que tengo resaca. Así que me voy a dedicar a vegetar en una esquina, a sobrellevar el día, a subsistir hasta mañana. Nada de grandes gestas, ni relevantes decisiones, ni una sólo reflexión trascendental, sólo adoptar a esta pereza existencial como modo de vida para hoy…mañana ya veremos.

 

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