GARGANTA IMPRUDENTE

De los recuerdos infantiles que no tengo, están las anginas. No me recuerdo con dolor de garganta. A lo mejor porque no había nada ni nadie que me quitara las ganas de comer. Tengo en mi cabeza la frase de “¿cómo puede ser que de una nariz tan pequeña salgan tantos mocos?” porque resfriarme sí que me resfriaba, y aún me estremezco ante la palabra “tosferina”, una de las enfermedades más largas, aburridas y asquerosas del universo si la tienes a los seis años. Pero la terrible operación de anginas, las “placas” en la garganta, las laringitis, creo que no las tuve jamás.

Durante los embarazos he tenido gripes dantescas en las que las costillas se me quedaban a la altura de las clavículas de tanto toser. Incluso recuerdo que con mi hija pequeña en su cunita, cuando yo tosía, la pobre se seguía encogiendo. Supongo que desde dentro una tos tiene que ser un ruido atroz.

A mí ahora me duele la garganta, no como otras veces que acompaña al resfriado, que se irrita de toser. Es dolor y me tiene desconcertada. No conocía este síntoma como en su momento no supe lo que era un dolor de parto. No sé muy bien que hacer -entonces tampoco supe-. Es un dolor incómodo que fastidia al tragar, que pincha. No va acompañado más que de fiebre, la que no me ha dejado dormir esta noche, entre el sopor, el sudor y el escalofrío. A ésta si que la conozco. Pero este dolor a la derecha de mi cuello, casi llegando a la clavícula, pero “por dentro” que le decíamos a nuestras madres de pequeños.

Por cierto, inciso, ese hueco entre las dos clavículas, en el que entraría perfectamente un diamante bastante voluminoso sin llegar a ser obsceno, cómo se llama; acepto regalos.

La verdad es que este dolor me tiene cohibida, me siento extraña. Me resulta increíble que algo tan común me tenga tan baldada. Desde siempre me he preguntado cómo era posible que una afección puntual acabara extendiéndose al cuerpo entero. Un dolor de muelas, por ejemplo, puede dejarte inhabilitado para cualquier función lógica, sensorial o contable. Con la edad he descubierto que el dolor del alma también afecta a nuestra parte corpórea, pero no es este caso.

No puedo dejar de acordarme del hijo de unos amigos que siempre que se iban de vacaciones, el día antes, se ponía con unas fiebres altísimas por culpa de unas terribles infecciones de garganta. Menos mal que se popularizaron los seguros de cancelación. Mis vacaciones empiezan (empezaban) mañana. Las maletas están por hacer y yo mal muero en un sofá.

Pensaba que hoy tendría un post de despedida estival, me preguntaba cómo decir que las gotas tendrán que salir con cuenta-ídem porque las agradables obligaciones familiares me requieren. Aún me planteaba si pudiera cambiar el horario de salida de los textos o si tendría cabida un relato a la semana y me encuentro contando que la fiebre habla por mí. (Las quejas a ella)

Así que no sé si vengo o si me voy, si el verano llegará cuando deje de sentir el (escalo) frío o cuando por fin ponga los pies en la arena. Sé que no quiero que las gotas estén sin salir y que pondré todo el esfuerzo por mi parte para no perder el contacto con vosotros. Por si acaso, felices vacaciones, cuidado con las carreteras y disfruten mucho de las pequeñas cosas.

 

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2 comentarios en “GARGANTA IMPRUDENTE

  1. En El Paciente Inglés proponen llamarlo “Bósforo de Almasy” y la verdad es que resulta más bonito que hueco (o escotadura) supraesternal.
    Mejórese pronto y disfrute de sus merecidas vacaciones.

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