COLGADA

Iba deprisa por la casa del Rocío que hemos alquilado algunos familiares y amigos. Iba corriendo para poner a punto tantas cosas que se me amontonaban las tareas en la cabeza. Mientras sonaba el móvil en el bolsillo de atrás de mi pantalón. Sonidos de más trabajo. En mi mundo no hay pereza para trabajar.

Iba deprisa y me encontré la calma. Me transmitió la calma de la necesidad sin prisas, un par de alcayatas obesas de cal blanca o pintura. Un alambre que dios sabe de donde salió, si del asa de un cubo o de los radios de una rueda, pero ahí estaba convirtiéndose en tenderete con dos perchas. Reciclaje antes de modas.

Amorfo, manuscrito y útil tenderete. El humano suele dar solución a su necesidad o solía porque nos hemos vuelto muy blandos y la sesera la tenemos esponjosa y las manitas de mantequilla. La superación se ha quedado para las noticias (¿preparadas?) de antena 3.

Por si acaso me paré e hice una foto a este pasado forjado con inteligencia, hice un íntimo homenaje al soldado desconocido con el móvil que seguía vociferando. Ahora repito mi reconocimiento en público. No todos los héroes llevan capa, solemos decir, aquí hubo uno.

Por supuesto hice lo que debía hacer, colgué dos trapos en sus perchas gemelas y seguí corriendo con parte del deber cumplido.

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