HIPOTECAR LA LIBERTAD

Yo esta mañana, con el primer café de las seis y media, recostada en mi cama, como una señora (que tiene de marido a un señor encantador) me planteaba de que iba a escribir hoy. Lo pensaba off the record, mientras leía un magnífico artículo de Jabois y a la vez que lo releía por segunda o tercera vez, me intentaba quitar de encima la presión del ambiente. Me decía Alvite, y lo ha dicho en público más de una vez, que dejó de leer a muchos excelentes columnistas porque se te pegan a la mano que escribe. Y es cierto. A veces lees algo tan enorme como el artículo de hoy, u otros tantos, y te notas embriagada y a la vez embargando tus propias letras de pura empatía.

Decidí escribir de un par de versos de una canción que me lleva obsesionando desde hace varias semanas, y no es tanto por su música como por su letra. “Prometo casi siempre sonreír/ Prometo no fruncir el ceño/Prometo no contarte la verdad de la lascivia de mis sueños”. Porque es cierto que el inconsciente cuando se vuelve lascivo puede dar sorpresas y es sabido que los sueños dan sorpresas cuando deciden cumplir su función de ir por libre. Y ante esa noche tórrida en la cara B de nuestra vida sólo se guarda silencio, con o sin vergüenza dependiendo del partenaire. El tema me resultaba muy interesante y lo podía exprimir bien. Los sueños eróticos siempre son agradecidos para escribir de ellos.

Lo que ocurre es que llegué a tuiter y empecé a enfadarme por diferentes asuntos. Primero fue el egocentrismo de cierto ex director de periódico que se ha enarbolado en la libertad de prensa, que estaría fantástico si no la personalizara en él mismo como la última víctima, verdugo, muerto en el entierro y novia en la boda. Me agotan las personas que sólo se miran el ombligo. Hay vida y prensa más allá de este señor, y si no hay más es porque personas como él la han vilipendiado, exprimido o vendido…presuntamente.

Detrás de eso una foto de otros dos periódicos nacionales. Los otros dos grandes de lo poco que queda en papel. Uno en portada con la noticia de dos, varias veces, exministros, expresidentes de la Junta de Andalucía, exsecretarios generales de uno de los grandes partidos de España, expresidentes de ese mismo partido, diputado y senador actualmente, es decir, aforados, que van a ser investigados por el Tribunal Supremo. El otro gran periódico con una pequeña reseña en portada, es sí, a la izquierda.  Seguro que es fácil adivinar cuál es cada periódico. Y esa es la vergüenza. Se habla de un desfalco a los españoles de novecientos millones de euros, intenten imaginar lo que son novecientos millones de euros, en campos de fútbol ni me pidan la cuenta, y por clientelismo uno lo pone y el otro no. Este caso es así, otras veces es al contrario. Lo lamentable es que haga más ruido una multa de tráfico de una señora que tuvo grandes responsabilidades políticas, sí, pero no comparemos…

Así que, como me vi la comisión de los ERE por saber y conocer lo que se cocía, a diario y sin cobrar por ello, porque me duele cada uno de “los dineros” que se han gastado en “malboro y yintonics” o en “putas y coca” a mi costa, igual que me duelen los viajes de los presidentes a las islas afortunadas por amor, me he puesto a despotricar en tuiter. Correctamente y sin insultar que yo respeto a las formas, a la presunción de inocencia, a la ley y sobre todo a los followers que a fin de cuentas es gente que me lee (nos leemos) porque me eligieron.

Al final, lamentando el poco caso que se le hace a una de las estafas -presuntas, sin presunción, o por donde vaya la cosa- de este país, me acordé de cuando llegué a Twitter, sin candado y abierta en canal, diciendo mis opiniones a bocajarro. Entonces hubo quien me recriminó -quizás fuera un consejo- que siendo tan sincera y mojándome en todos los temas me estaba creando enemigos, sobre todo en lo que se refiere a la hora de escribir y si tenía pensamiento de acceder alguna vez a algún medio de comunicación me estaba cerrando puertas. Lo pensé, lo cierto es que lo pensé. Sopesé abrir otra cuenta, cerrar la que tenía, pero luego decidí no hipotecar mi libertad. Nada tengo -salvo este blog que me da tantas alegrías- y es difícil que lo tenga, no me veo firmando columnas de opinión aunque yo quisiera hacerlo, pero sí que puedo decir lo que pienso, y coartar mi libertad, censurarme por lo que pueda pasar, sí que me parece un precio demasiado caro…

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