ANA MARÍA DE CUENTO

Un grito en forma de tuit me saltó en la pantalla. “Poned la dos”. Tengo la suerte de tener un Time Line (TL) maravilloso, culto y dialogante con el que puedo discrepar con educación y aprender muchísimo. No lo digo como un cumplido por si me leen, es cierto.

Así que ante tamaño grito hipohuracanado, como el de Pepe Pótamo, no me quedó más remedio que encender la televisión. Para eso me estiré perezosa por el sofá hasta alcanzar el mando, puse una postura surrealista y entonces presioné el botón rojo con muchas ganas. Eso es lo que suele hacerse cuando se están gastando las pilas o creemos que se están gastando. ¿Por qué? no tengo la solución a este enigma. Me puse a buscar la segunda cadena (antes era así, nada de la dos, era la segunda cadena…y la última) porque el dos no quería funcionarme y apareció la dulce melena blanca de Ana María Matute.

Yo no he sido una lectora empedernida de ella y me pesa, pero es una de las autoras que voy posponiendo y nunca llego, me gustaría haber llegado ya. Leí un par de libros, de niña, pero no me he adentrado en su mundo más adulto desde mi considerable edad. Reconozco que “Olvidado Rey Gudú” me aterraba por su volumen y aunque lo tuve en las manos más de un verano, al final volvía a la estantería. Los libros que son demasiado grandes se me hacen incómodos para la cama y aún no he encontrado la gracia a leer en ebook, aunque puede que sea la manera en la que puede enfrentarme a él, porque la verdad, es que tengo muchas ganas de leerlo.

Esta entrevista, en la que acabé tomando notas, la repetían por causa de su fallecimiento. En el primer instante me enamoró una mujer lúcida, coherente, valiente y sin estupideces. Pero sobre todo era una mujer tierna que hablaba de la infancia con unos ojos que, salvando distancias siderales, me era común. La de imaginar, la de ser feliz y que no te falte nada, y a la vez pensar historias con finales tristes, la de escribir millones de cuentos. Ella con unas ilustraciones preciosas y con una disciplina que yo no tenía. Creo que es de las cosas que más hemos ido perdiendo como sociedad, con el paso del tiempo, la disciplina. Pero encontré una brizna de mí en lo que contaba, y me hizo feliz.

Por supuesto habló de la visión que tenía de la guerra, pero de puntillas, un horror sin estridencias y sin rencor. “Ese hombre muerto, estaba matado” y ante la pregunta, supongo, del entrevistador, se queda en silencio, parece que va a hablar y sin embargo dice algo que comprendo a la perfección “Es difícil de explicar, a lo mejor lo podría escribir”. Pese a que es difícil callarme, cada vez lo hago más y me refugio aquí, o en notas manuscritas que nunca verán la luz. Hay días que escribo con las tripas, algo visceral que desahoga a la vez que se unen las letras y otras veces es la manera de ordenar los pensamientos y clarificar ideas. Es cierto, lo que dice Ana María Matute, por escrito es mucho más fácil, es mucho mejor.

“El cuento es la poesía en prosa. Decir lo máximo en el mínimo”. Cuánta razón, y más razón aún quien (creo que era un familiar) reconocía que este género no está muy desarrollado en España y por supuesto, está poco valorado. Sin embargo, es el que más me gusta y en el que yo creo que podría sentirme más cómoda. El cuento es una reducción infinita. Ojalá se le pusiera en el lugar que merece. No son relatos cortos, no son entregas por fascículos, son cuentos.

Y un cuento también merece un premio. Y una escritora de cuentos. O un escritor. No hay que esperar a que se haga una novela. No todo tiene que ser igual, atrevámonos a ser diferentes, sólo es cuestión de salir de lo que los cursis llaman, la zona de confort. No importan los premios, de eso estoy segura, ayudarán a vivir, a ser más conocido, pero no son relevantes. Ella dice algo tan estupendo como “los escritores de verdad no escriben para ganar premios. Escriben porque no pueden dejar de escribir”. Y si un escritor deja de escribir (que no es lo mismo que dejar de publicar) es que algo grave, muy grave le sucede. Lo he visto de cerca y es aterrador.

Entremezclado con familiares y amigos, con fotos íntimas y de reconocimiento público, aparecen Espido Freire y Lucía Etxebarria que hablaban de ella como similares, dentro de los referentes de escritoras de izquierdas, supongo. ¡Qué enorme diferencia! Ellas le llaman feminista y ella responde “Yo soy mujer ¿Feminista? ¿Eso qué es? ¡Es tan lógico! ¿por qué poner nombrecitos que te distraigan? ¡no, hombre, no! Yo soy mujer” Y ahí me puse en pie y aplaudí.

Ni que decir tiene que este es un claro ejemplo en el que el autor me hace volver a su obra aunque sea para conocerlo más a través de sus letras porque como dice Ana María Matute, y yo humildemente comparto, “la vida es un misterio y las personas, más todavía”.

 

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5 comentarios en “ANA MARÍA DE CUENTO

  1. No es el cuento un género menor.
    De muy joven, antes de de los 16 ya leía tochos inmensos, con linterna y a la luz de la farola que entraba por la ventana, o por la calle. debieron de usar conmigo cierta psicología inversa… 😉
    Al cumplir los 30 descubrí los cuentos. Cuentos, incluso infantiles, género muy difícil: La prosa no se esconde ahí en la selva de las palabras, ni en circunloquios, ni en accidentes… se arriesga sin maquillajes y sin esas cosas raras que dicen las comentaristas de moda.
    Saludos, Ro.

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