TIEMPO PERDIDO

Le quedó cierto regusto a haber perdido el tiempo. Quizás fuera eso lo que más le molestaba. Podía pensar en otras cosas que iban implícitas en ese devenir de días, pero al final, lo que de verdad le irritaba, es que había sido para nada y que su poco tiempo libre disponible, lo había derrochado de una manera estúpida.
Era cierto que había existido una carga emotiva, esto también le podía incomodar. Por poco que sea y hasta de manera tangencial, molesta entregarse a una persona. Aunque la entrega fuera mínima. No podía hablar de amor, tampoco de amistad. Es difícil etiquetar las relaciones, del tipo que fuesen. Ni siquiera iba a intentarlo. A lo mejor – o a lo peor- sólo fue afecto o una manera de empezar a conocerse. Lo intentaron y no hubo esa conexión interestelar, no nació la chispa que parecía a todas luces que iba a prender. No supieron. Quizás él no quiso. A lo mejor ella tampoco estaba en su mejor momento.
Incluso sin verse, existe la posibilidad de saber si dos personas son polos opuestos o tienen la posibilidad de llegar a ser buenos amigos, a formar una duradera pareja, conocidos eventuales, excelentes amantes. Virtualidades que nos ofrecen una manera nueva de relacionarnos, reflexionó. Pero en algún momento hay que llegar a tenerse frente a frente, razonó, aunque si lo descubres antes te ahorras mucho…Ella ni siquiera había llegado esta vez al paso de tomar un café juntos. Tampoco lo lamentaba.
De todas formas, también sucede cuando no hay virtualidades y los primeros pasos se dan en el mundo real. El acercamiento, la conversación, el conocer unos de otros, es un desgaste emocional. Somos seres sociales, es cierto, pero a veces se necesita un océano de paz, un cordón sanitario de nuevas emociones y personas, un poco de soledad. Y eso es lo que necesitaba ella ahora.
No quería saber nada de conocer gente nueva, a duras penas tenía ganas de hablar con la que ya conocía, incluso se veía incapaz de confesarse con las buenas amigas de toda la vida. No le apetecía hablar, ni por escrito, ni siquiera tenía la necesidad de vaciarse y soltar el lastre que dejaba cada intento fallido.
Hasta con esa pequeña herida aún escociendo quería -necesitaba olvidar. Intentar que el frío que se le colaba en el corazón a cada mala experiencia, no se convirtiera en hielo y la hiciera una mujer fría. Pensar. Desconectar de todo. Y sobre todo, aceptar el tiempo invertido, como usado y no perdido.

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