LIBRETAS

Cuando empecé a escribir cara al público me dieron dos consejos que guardo como oro en paño: “Pule lo que escribes” y “Ten siempre una libreta, un papel, algo cerca donde apuntar la idea o la frase que te surja”. Lo primero lo hago con más o menos arte, porque releerme a mí misma me resulta como si me embobara en una foto mía, algo que me causa cierto pudor y vergüenza ajena. Pero lo hago. Lo hago entre otras cosas porque no os merecéis que no lo haga. Me rehago y me leo como si no fuera mío.
Lo que no tengo es una libreta, tengo varias: una en la mesita de noche, otra encima de la mesa donde suelo trabajar, y otra en la cocina, que es un sitio donde se me ocurren muchas cosas. Nada me abre más la imaginación que pelar patatas, y lo digo de verdad, no es una de mis exageraciones.
En la libreta que tengo ahora más cerquita, justo al lado del ordenador, pequeñita, rayada y azul, es donde tengo más cosas anotadas y donde vienen a morir las otras dos. Lo que me surge alejada del teclado luego tengo que trasladarlo, es una mudanza de palabras.
En esta libretita, que no sé de donde ha salido, tengo varias cosas apuntadas, desde frases, a números del teléfono pasando por títulos de series sobre las que poder escribir, correos electrónicos o temas que desarrollar aquí, en el blog. Antes lo tenía en papeles desordenados, frases tejidas con letras indescifrables en ocasiones o llena de tachones. Unos papeles sin orden y concierto donde igual estaba un dibujo que me hacía mi hija, que una referencia bancaria. Y por supuesto nada de márgenes ni líneas derechas, como me pillaba, apuntaba. Un desastre. Pero desde aquellas hojas, cuando las pasé “a limpio”, como hacía aplicadamente con los apuntes durante toda mi vida, me vienen acompañando temas que no he sido capaz de desarrollar, unas veces por tener otras ideas mejores, porque el momento me pedía otras cosas, o porque me asustaba.
Es curioso, pero real. A veces me tengo miedo a mí misma, porque no sé donde me puede llevar una idea por escrito. Si fuera capaz de escribir algo sin sentirlo, sin convertirme en actriz principal durante ese momento, no me tendría ese recelo que me tengo. Pero soy incapaz, me meto tanto en la historia que al final, en ocasiones, he acabado llorando, y no por un post personal -que también- sino por una historia absolutamente ficticia. Podría ser de otra manera, es cierto, lo que pasa es que me parecería estar escribiendo trípticos de pomadas hemorroidales.
Lo primero que tengo apuntado, llevado de hoja en hoja, de libreta en libreta, y sigue ahí, en tarea pendiente es: “Equivocarte con alguien”. Es algo que nos sucede a todos y que no es raro que pase. Siempre pensé afrontar el tema dándole una vuelta de tuerca más, trayéndolo a mi terreno: el otro día elaboré la sesuda teoría de: “El último Tranchette”. También su corolario: “Más tonta no se puede ser, pero el principio es reconocerlo”. Son grandes teorías del pensamiento actual, nada de galletita de la suerte. Lo que ocurre es que sé que al escribirlo voy a tener que dejar parte de la piel y de las lágrimas en ello, vendrán recuerdos y será difícil.
Así que me perdonen, pero por ahora, va a seguir en la lista de cosas por hacer.

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4 comentarios en “LIBRETAS

  1. Querida Rocío,
    Me encanta el concepto “mudanza de palabras”. Es una personalísima opinión pero ese concepto resume tu post con el que hoy nos deleitas. Quizás esto es debido a que ese termino está muy arraigado en la vida de muchos que nuestra vida significa huida, fuga, cambio…
    Pero toda mudanza es y necesita un inventario tanto personal como material y éste necesita hacerse por escrito.
    Como vos, también tengo demasiadas cosas que anoté por ahí (cajas sin abrir) y ahí se quedaron, pero se que están en el inventario.
    Un beso (por escrito)
    F.
    PD: ¿Me ayudas a fugarme una vez más?

  2. Importantísimo releerse antes de darle al “publicar”. Está bien lo que pide esta página: “vista previa”. Da ocasión de corregir. Alguna vez te lo echo de menos. (¿Me llevaré una bronca por decirlo?)

    Este fraile lleva en el mismo monedero, junto a alguna tarjeta de crédito, una cartulina de ese tamaño y un cacho de lápiz de ikea. Lo que pasa es que ya escribo poco, casi ná. Pero funciona.

    N. J.

  3. Cuando llegas al blog y dices ¿y hoy sobre qué escribo? Es cuando sacas la libreta y miras, a ver qué te apetece, qué te dejaste en el tintero, qué te hizo gracia aquella vez y ya no recuerdas o no sabes retomarlo. Y normalmente, en mi caso, acabo escribiendo cualquier otra cosa. Pero la libretita yo creo que es algo que acompaña a todos los blogueros.

    Y que cuidas el estilo no tienes ni que decirlo…yo desde luego te lo agradezco mucho.

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