SIETE PLIEGUES

Era el gesto que más le gustaba de ella y ese mismo momento era el que ella adoraba tener. Durante mucho tiempo ella sospechó que lo provocaba, que era la manera que tenía de que se acercara y se rozaran de manera indirecta. La primera vez fue algo inocente, como un reflejo, las siguientes llevaban implícita la carga del saber.
El primer regalo que le hizo le costó tiempo de investigación y días de ahorro. Fue consciente de lo poco que sabía y de que era un mundo por descubrir, preguntó, leyó, se dejó asesorar y descubrió que tenía que ahorrar más de lo que pensaba. Pero si le iba a hacer un regalo, sería el mejor.
Se conocían sólo de hacía varios meses, una tarde de lluvia, mesas ocupadas, sillas vacías, y un “¿puedo sentarme aquí?”. Acabaron sentándose juntos todas las tardes, aún así, no sabían tanto uno del otro, o quizás sí. Conocían cosas muy importantes,  habían conversado de temas muy serios, se habían confesado historias muy íntimas, pero no había habido hueco para las frivolidades. Necesitaba los últimos detalles para hacer un regalo redondo. Las cosas que no pudo deducir por observación o conversación -que es como las mujeres aprenden a diseccionar a uno hombre-, las fue consiguiendo a través de hacer las preguntas correctas, cada día, poco a poco, entremetiendo coqueta los temas que necesitaba saber, sin dejar de lado las charlas intensas y profundas que tanto le gustaban. Fue una tarea lenta pero divertida, un juego, una experiencia de investigación sacando verdades con medias mentiras.
También pensó que no quería hacer el regalo un día especial porque le daría mucha vergüenza que entendiera lo que no era, bueno, en el fondo si era, pero mejor disimular, dejarlo estar. Igual con el tiempo las cosas cambiaban, pero quizás ese tiempo no llegara nunca. Había una amistad que no quería perjudicar.
Pasaron los días y poco a poco iba ahorrando, una moneda diaria en una travestida hucha, que no era más que una lata de refresco abierta con cuidado. A veces metía un billete, y hasta llegó a quitarse de algunas de sus rutinas por ahorrar, pero merecía la pena. Al menos eso pensaba, aunque tenía que reconocer que a veces se llenaba de preguntas y vacilaba. Él no le había hecho ningún regalo, ni  había comentado en ningún momento nada parecido, pero a ella le hacía ilusión.
El sábado que fue a comprar iba nerviosa, parecía una adolescente, fue donde le indicaron que era mejor y aunque al principio pensó que iba a llegar con las ideas claras, pese a que había hecho un excelente trabajo de investigación, se dejó asesorar. Pero había cosas irrenunciables, azul, siete pliegues, para cuello abierto. Lo de los siete pliegues fue aquello que le dijeron que marcaba la calidad, el cuello abierto fue por observación, nunca se había fijado y el azul porque le confesó que era su color favorito.
Llegó el día, aún lo recordaba con la misma emoción, y como siempre traía la corbata mal puesta. Como todas las veces fue a arreglársela, el momento del pequeño roce, de absorber su olor, de mirarle a los ojos, de tenerse tan cerca…a unos centímetros del beso. Sintiendo su respiración en sus dedos. Dejándose acariciar por la suavidad de su piel. Esta vez en vez de arreglársela, se la quitó -con gran sorpresa por su parte- y le dio su regalo. Él se azoró levemente abrió el paquete y sonrió. No hizo ninguna pregunta ni hizo el intento de adivinar ninguna razón, sólo se la volvió a entregar para que se la pusiera ,y ella, controlando el ligero temblor de sus manos hizo un maravilloso nudo Windsor en una estupenda corbata azul, de siete pliegues.

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2 comentarios en “SIETE PLIEGUES

  1. Querida Rocío,
    Hoy, comenzando marzo, y como todos los días recibimos el mejor regalo, un detalle hecho a mano, con delicadeza, esmero y cariño.
    Un regalo personalizado y cuidado hasta el último detalle, alejado de la masa del gran almacén, del bazar oriental, del “low cost”, del “yo no soy tonto”…
    Hoy nos vuelves a regalar esa parte de ti única, elegante, distinguida, traviesa.
    Hoy, comenzando marzo, y como todos los días nos brindas un presente hermoso.
    Un beso (de gracias).
    F.
    PD: ¿Cómo llevo hoy la corbata?

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