RECIPROCIDAD

Sé que hay muchas maneras de entender un Blog.
Hay quien lo considera como un periódico particular, un coto privado de sus artículos, y le da categoría a cada entrada como si fuera una columna en Le Monde, The Daily Telegraph o similar. Nada que objetar. 
Otros lo consideran un diario íntimo con altavoz, una manera de contar su vida, sus gustos y su día a día con muchos más caracteres que un tuit, que dos, que diez. Esto me produce más pudor, ya se que no tiene lógica, que en otros formatos contamos -todos- muchas cosas de nosotros mismos pero dejarlo ahí estático me parece una evolución a la que yo no estaría preparada.
También los hay específicos de recetas, fotos, moda, los hay realmente buenos y sigo varios, pero yo me refiero hoy a los que cuentan historias.
Luego estamos los que escribimos y ya que lo hemos disfrutado, lo ponemos en público. Con mayor o menor disciplina. Con más o menos ganas…En mi caso no le doy categoría de columna periodística, tampoco soy capaz de encorsetarme en algún género literario, todo lo más soy juntaletras que escribe por el gusto de contar cosas, cuanto más cotidianas mejor.
Durante un tiempo estuve tentada de unir todas estas historias en un formato físico, algo que ninguna editorial admitiría, entre otras cosas porque hay muchos blog así, tendría que ser algo en plan Juan Palomo. Al final descarté la idea, al menos momentáneamente. Pero tenía título: “Cotidiano Diario” Incluso busqué una palabra de esas que me gusta inventar, pero era largo y confuso.
Este blog es algo personal, subjetivo y transferible a todo el que lo lea. Para mí es algo como cuando se llega a casa después de una noche de glamour y lujo, feliz y con la sonrisa anclada, y te sientas en el sofá, te descalzas de los tacones y dejas los pies en el suelo frío. Ese momento en el que aun resuenan las últimas notas de la música en los oídos, los últimos besos en los labios, o las últimas caricias en la piel y a la vez que los recuerdas que tienes que desmaquillarte y necesitas imperiosamente un yogurt. O quizás como esas tardes de lágrimas y café caliente. Incluso tiene algo de charla de amigas y actualidad. No sé cómo lo veréis vosotros.
Yo antes no sé como era publicar, supongo que sin internet y sabiendo que sólo el papel y el aire podían soportar las palabras, era más rígido o al menos más lento. Yo ahora disfruto de la reciprocidad inmediata. Creo que es lo que más adoro después de escribir. Porque a mi lo que me gusta es escribir, lo de publicar es accesorio, y si sigo haciéndolo es porque me encantan los comentarios que generan, sean buenos o malos. Tiendo a creer más una crítica que una alabanza.
Ayer el final abierto de la historia de ese primer encuentro dio para muchísimas conversaciones. No puedo seguir por escrito ese encuentro porque hubo tanta gente que se vio reconocida que escribir cualquier otro final que no sea el que ya han soñado o vivido, siempre será peor calidad. Así que a pesar de las risas y la agradable insistencia, los dejaremos mirándose. Reconozco que me tienta que se besen largo y profundo, que se dejen el alma en perder el aliento, pero no puedo remediar imaginar escenarios paralelos, desde un “soy tu padre” hasta el “Cobrador del Frac” .
Pero como el sol empieza a acercarse a mis rodillas, no hay una nube en el cielo, y el sueño me está acariciando las pestañas, me quedo con los besos y un final feliz.
GRACIAS a todos.

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5 comentarios en “RECIPROCIDAD

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