JULIA

Acabábamos de llegar de pasar las Navidades en familia, yo me encontraba fatal con una gripe horrenda que no me dejaba dormir. Me dolían las costillas de toser, pero aún así junté ánimos y puse dos lavadoras y coloqué juguetes, es decir, moví media casa para reubicar más trastos sin el trauma de tirar nada. Soy experta en aprovechar centímetros cúbicos.
Cuando mi madre me vio quitando maletas me dijo: “las leonas arreglan la madriguera antes de parir”. Mi respuesta rápida: “¡Mamá me quedan veinte días!” Y es que estaba embarazadísima, sin tomar a penas medicación y saturada de zumo de naranja, sobrellevaba mi gripe y mi embarazo. Como mi madre tenía que volver a su casa, pues se le acababan las vacaciones, aproveché para volver a ir al médico a ver si conseguía pegar ojo, dejar de toser y no arrastrarme “moritabunda” (expresión propia)
Cuando llegué y me dijeron que estaba de parto me eché a reír…yo ya tenía otra hija…así no era. La matrona me miró con una cara que no sé si fue de suficiencia, de desprecio o de lástima. Aún no he sabido definirla claramente. Me preguntó, ignorando mis quejas, si me pondría la epidural. Hasta ese mismo instante estaba convencida de que no sería así porque la mayor fue sin anestesia y después de eso tuve una experiencia traumática con una punción lumbar, me aterraba que nuevamente me trastearan la médula. Me desconcertó tanto la idea de estar de parto que dije que sí a parir dopada.
El parto fue una odisea, el anestesista me puso la epidural y se fue con la moto a recoger al ginecólogo que estaba en un atasco en El Corte Inglés mientras cambiaba regalos de Reyes. La matrona empezó a ponerse nerviosa por variaciones inconvenientes en los latidos fetales. Cando por fin llegó el ginecólogo, casi con el casco puesto, el señor anestesista estrenó su flamante cámara ..grabando mi parto…sin permiso previo… Creo que jamás me he visto más horrenda.
De repente el ginecólogo me dijo: “Yo esto no podía saberlo, esto no se ve en ninguna prueba, de esto no tengo la culpa” El pediatra corría y la auxiliar tenía la cara desencajada. Mi marido y yo no entendíamos nada. La niña lloró bien y no sabíamos más.
Mi hija traía dos vueltas de cordón alrededor del cuello que es algo bastante normal, pero también traía algo que se llama “nudo verdadero”. Es un nudo hecho en el cordón, se da en un 1% de los embarazos. Normalmente estos bebés no llegan a término porque les falta el oxígeno y el alimento, y si lo consiguen, el momento del parto puede ser fatal pues es el instante en el que se tensa el nudo y no les llega el oxígeno, no da tiempo a hacer la cesárea. De esta patología nacen vivos y sin secuelas pocos bebés. Muy pocos. Bien, pues gracias a Dios mi hija es una superviviente. Así la llamaban en la clínica incluso cuando iba a revisión. No se sabe si fue por las dos vueltas, por que sólo pesaba 2,100 kg o porque su ángel de la guarda esa noche hizo horas extras. Yo creo que fue esto último.
Nació a diez bajo cero, en Granada, un sábado a las diez de la noche. Casi para el botellón. Predestinada a ser una luchadora, una niña con suerte y siempre mi niña chica, aunque hoy cumpla nueve años y esté muy grande, siempre será mi niña pequeña, mi racial superviviente.
Felicidades Julia

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