Volvía sobre sus pasos, la humedad cayendo sobre sus hombros le obligó a subirlos levemente hacia el cuello en un estéril instinto de cobijo, el gesto al instante lo reconoció como absurdo y relajó la postura e incluso levantó el mentón con cierto orgullo y muestra de desafío. Gotas finas de lluvia empezaron a mojar su pelo y no hizo nada por evitarlo, dejó a su espalda una de esas preciosas puestas de sol que llenan fotografías que ahora, casi con seguridad, estaría coronandose con un idolatrado arcoiris y el sonido de sus pasos fue la banda sonora de un decisión.
Minutos atrás aun le surgían las dudas, jugueteando con el borde de su copa mantenía la tensión en la conversación mientas se concentraba en lo que realmente era importante: sus pensamientos. Tenía una extraña habilidad para parecer interesada en un diálogo incluso juguetona e irónica, cuando en realidad sus verdaderas preocupaciones estaban muy lejos de esas palabras.
Pudiera decir alguien que era un rasgo de maldad, de castigadora femme fatale, incluso de mala educación, no lo negaría, bueno, de esto último seguro que no lo era, el interlocutor a duras penas era consciente de abstración y hasta se sentía halagado pero ¿pará que entrar en consideraciones absurdas sobre el nombre de las cosas?
La realidad era que un persona tenía que ser un mínimo de inteligente e interesante para que consiguiera su atención. ¿Tenía ella la culpa de que sus mínimos fueran máximos para los demás? Una de las siete plagas era la mediocridad y estaba segura que las langostas o cualesquiera que fueran las otras no eran más que una metáfora, una licencia del autor y en realidad estaban retratando el conjunto de seres sin aspiraciones, sin ganas de superación y sin estilo.
Casi llegaba a su destino y ya el pelo empezaba a gotearle por su rostro, marco acuático para los que algunos llamaban «insultante belleza», disfrutó de la sensación y la conversación anterior con aquel emisor de mediocridades pasó al olvido y ahora, chorreando agua y carácter, concentrada en aquellos otros pensamientos que se balancearon al filo de su copa sonrió con la elegancia de una media sonrisa, su decisión, ya firme, era inamovible, se había basado en una condicionalidad «Si las cosas fueran distintas, ¿cambiaría algo?» Y al apurar su copa se respondió, no…no cambiarían.
Mes: diciembre 2013
TAMBIÉN QUERÍA SER….
Ha sido un sueño que he tenido siempre pero no lo hice público hasta que íbamos en un viaje familiar, creo que a Salamanca pero podría ser Londres o incluso puede que no fuera a Harlem. Horas de convivencia forzada y buscada, dos niñas pequeñas y una historia para entretenerlas. Cuando se acaban las canciones, las matrículas, los «veo-veo» y las palabras encadenadas, cuando ya se ha dormido todo lo posible hay que usar los recursos existentes.
La historia es cierta, bueno … veamos, es cierto que me hubiera gustado, pero es de una evidencia desgarradora que no ha sucedido así:
Yo quería haber sido negra.
Tal cual, hay mujeres encerradas en cuerpos de hombre y viceversa, delgados en cuerpos de gorditos y niños escondidos en adultos. Ha habido blancos con voz de negros y negros triunfadores en un por entonces mundo de blancos.
Y por supuesto uso el adjetivo negra sin ningún tipo de perfil peyorativo, más bien al contrario, con absoluta admiración.
Ese tono de piel neoyorkino, porque yo quería ser negra y vivir en Nueva York, supongo que se debe a que en mi subconsciente estaba la filmografía del momento o alguna portada de algún LP, no lo sé, pero quería ser negra -multa, más bien- y dirigir un coro de góspel, lo que implicaba tener otra característica de la que no gozo que es cantar bien.
Por supuesto sería guapísima y tendría un tipazo de esos que quitan el hipo, estaría casada con el Pastor de la Iglesia y mis hijas serían … ¡negras! Me hubiera encantado saber peinarlas y llenarlas de trencitas que finalizaran en gomillas de colores vivos sabiendo que cuando fueran mayores buscarían la manera de alisarse el pelo.
Organizaría subastas, mercadillos solidarios, picnic a favor de la comunidad y haría tartas y a los nuevos vecinos les llevaría una cesta de magdalenas, porque cuando yo era pequeña se llamaban magdalenas y no muffin o cupcake.
Por supuesto mi madre llevaría guantes de encaje y atrevidos sombreros con flores grandes, le llamaríamos Mamma y se sentaría la primera en el servicio religioso, con mis hijas, mientras mi marido nos hacía gritar ¡Aleluya! y yo cantaba los salmos…
He de decir que este deseo es anterior a que fuera la película de «La mujer del predicador» de Whitney Houston, que me dejó bastante perpleja al verla porque ahí estaba la mitad de mi sueño, pero no es de mis favoritas porque es como si hubieran hecho un retrato parecido pero equivocado de lo que yo quería ser. Una mala foto.
Como es fácil de suponer estuvieron riéndose de mí todo el viaje y aún les dura, pero a mi no me importa, lo tengo clarísimo…yo quería haber sido negra.
TEMPORADA OTOÑO-INVIERNO 2013
No…no os habéis equivocado, siguen siendo las Gotitas de Nervocalm que normalmente me calman los nervios y no se si destrozan los de algunos. Sigo siendo yo y sigue siendo el mismo Blog que hace ya tiempo puso su silla en la red en esta hilera de bloggeros con silla que es como un cine de verano, posicionados y al aire libre.
En estos tiempos que corren, que corren una barbaridad, el que se no se mueve y se estanca se queda antiguo que no vintage y acaba pereciendo engullido por la vorágine, así que anoche a las mil y pico y esta mañana tras las horribles tareas domésticas he terminado de ponerle cara nueva al Blog.
Como soy una persona algo inquieta y que se aburre con facilidad de ciertas cosas, de vez en cuando me gusta hacer cambios, que es lo mismo que hago en casa y que debe ir en alguna parte del ADN porque es característica familiar, eso si, se hereda por vía femenina, los varones son más reposados.
Así que tras mover los muebles, desechar algunos, pintar otros, y darle unos colores de otoño: este es el resultado. Es cierto que ya tenemos un pie en el invierno y tocaría otro cambio pero como soy del Sur y no hay grandes nevadas ni hielos extremos lo voy a dejar en tonos ocres de doradas puestas de sol. O de amaneceres playeros.
La foto de atrás -el fondo-, que no es mía y tampoco puedo buscar al dueño, es esta que añado aquí abajo para que veáis mejor, y que antes estaba en un lateral. Es una fotografía que descubrí viendo «Castle» allí está en tamaño inmenso colgada tras la mesa del despacho del escritor. Me gustó desde el primer momento y la hice un poco mía y como me gusta tanto, la comparto con vosotros. Lo cierto es que me encantan las fotos de escaleras y no me planteo si suben o bajan, si se dirigen a algún sitio concreto o pertenecen a un edificio maravilloso…que podría, pero no es el caso, simplemente las admiro como el prodigio estético que son.
Espero que os gusten los cambios estéticos porque por dentro, estas Gotas de Nervocalm que en esencia soy yo, sigue siendo exactamente igual.
MEJOR SIN MI, MEJOR SIN TI
– No los creas, nadie puede enamorarse de ti, así no desde luego.
Vacío en el estómago, escalofríos e incredulidad. ¿A mi me estaba diciendo eso en serio? Busqué un atisbo de risa en su rostro y no lo encontré, ahí estaba él impasible y sincero, sin problema alguno, quizás estaba disfrutando del momento, no podría asegurarlo, pero desde luego no cabía duda de que su frialdad era un témpano lacerante.
Tomé aire de manera distraída y como si no me estuviera dejando las tres cuartas partes de mi orgullo mezclado y no agitado con mi alma, respondí despacio y mientras expulsaba a pausas cortas el suspiro que se condensó en mi pecho
– Yo sin embargo creo que es muy fácil enamorarse de ti, lo difícil es olvidarte, y me obligo a pensarte con otras mujeres para asumir que cualquier día me dirás que has conocido a alguien, que tienes una ilusión, que te lo estás tomando en serio y que es todo lo que tú esperabas de una mujer e incluso más, que estás loco con ella y que nunca te habías sentido igual.
– De hecho -continué- he decidido borrarte para no vivir un eterno sufrimiento inútil. Tienes razón, nadie va a enamorarse de mi, ni así ni de ninguna otra manera ¿para qué dilatar en el tiempo lo que nunca será cierto? Será la mejor forma de seguir adelante, ni te molesto ni me dueles, sólo hay ventajas.
Visualicé mi vida a partir de ahora y me pareció gris, lo que no dejaba de ser un avance porque a penas veinte minutos antes me hubiera supuesto un negro azabache como de morlaco bravo. Sonreí con tristeza hasta en los ojos pero con mucha decisión.
– No te engañes -seguí mientras interpretaba como desinterés su silencio- conocerás a muchas mujeres, hay miles mejores que yo, pero estoy segura de que un día mirarás hacia atrás y te preguntarás por qué me dejaste marchar. O quizás no, puede que ni tenga la categoría necesaria para estar en tu recuerdo.
Me levanté con cierta elegancia y ni esperé su respuesta, lo primero porque dudaba que me la diera y lo segundo porque ya no me importaba lo que dijera, amen de que estaba segura de que no sería nada agradable. Desde luego los paños calientes, la dulzura y la empatía no estaban entre sus mejores virtudes…tampoco entre las peores.
Llamé a una amiga de las que son como las funerarias, disponibles las veinticuatro horas y le conté como había ido y como me había rebelado interiormente. Y ella, que es sabia, me dijo: «Verás Patri, vas a sufrir un poquito, pero hay más peces en el mar, eres una mujer inteligente y guapa, divertida y muy buena persona, no te sientas mal y sobre todo, no te sientas menos que nadie. Sigue sonriendo, y recuerda que no hay nada más absorbente que el piropo de otro hombre para al menos secarte las lágrimas del anterior»
OTOÑO DE CIUDAD
No era más que un día cualquiera de un otoño como tantos otros, nada especial y la misma ciudad. Los ocres difuminaban el gris del asfalto y con cándida luz alfombraban la indolente promiscuidad de la mal llamada civilización.
En una calle que no soy capaz de recordar su nombre, una porción vegetal que más que parque era una manera de acallar conciencias urbanísticas locas por la construcción a gran escala.
Allí dentro, como un redil de ovejas valladas tras el pastoreo, justo antes de la caída del dorado sol una acumulación de hojas caídas bailaban al son de la brisa, eran algo así como las palabras escritas de un árbol, el silabeo postclorofílico de tres intrépidos árboles de hoja caduca que plantan cara a aquellos que le acompañan en la ocupación del césped, ésos que les miran con cierta reserva y no exentos de superioridad por seguir luciendo su color verde.
Y fuera del recinto algunas hojas libres pero que no dejan del todo la acogedora alfombra en la que retozan con sus iguales y a la vez penden de un hilo, rozando la libertad de la acera pero sin atreverse a despegarse de las demás. Un baile entre dos aguas, a dos temperaturas, sin emanciparse. Pero también las hay liberales, como esta hoja, que se sabe vivida y con un pasado, que demuestra con sus arrugas y la grandeza de su color oscuro que el paso de las estaciones no es más que una manera de progresar. Sola e intrépida no se deja llevar por las demás, no sigue a la manada, con una personalidad fuerte pero serena es consciente de que pronto puede que sea su última mirada al dulce e irreverente otoño de ciudad.
(Foto de @jgausi)

