TAMBIÉN QUERÍA SER….

Ha sido un sueño que he tenido siempre pero no lo hice público hasta que íbamos en un viaje familiar, creo que a Salamanca pero podría ser Londres o incluso puede que no fuera a Harlem. Horas de convivencia forzada y buscada, dos niñas pequeñas y una historia para entretenerlas. Cuando se acaban las canciones, las matrículas, los “veo-veo” y las palabras encadenadas, cuando ya se ha dormido todo lo posible hay que usar los recursos existentes.
La historia es cierta, bueno … veamos, es cierto que me hubiera gustado, pero es de una evidencia desgarradora que no ha sucedido así:
Yo quería haber sido negra.
Tal cual, hay mujeres encerradas en cuerpos de hombre y viceversa, delgados en cuerpos de gorditos y niños escondidos en adultos. Ha habido blancos con voz de negros y negros triunfadores en un por entonces mundo de blancos.
Y por supuesto uso el adjetivo negra sin ningún tipo de perfil peyorativo, más bien al contrario, con absoluta admiración.
Ese tono de piel neoyorkino, porque yo quería ser negra y vivir en Nueva York, supongo que se debe a que en mi subconsciente estaba la filmografía del momento o alguna portada de algún LP, no lo sé, pero quería ser negra -multa, más bien- y dirigir un coro de góspel, lo que implicaba tener otra característica de la que no gozo que es cantar bien.
Por supuesto sería guapísima y tendría un tipazo de esos que quitan el hipo, estaría casada con el Pastor de la Iglesia y mis hijas serían … ¡negras! Me hubiera encantado saber peinarlas y llenarlas de trencitas que finalizaran en gomillas de colores vivos sabiendo que cuando fueran mayores buscarían la manera de alisarse el pelo.
Organizaría subastas, mercadillos solidarios, picnic a favor de la comunidad y haría tartas y a los nuevos vecinos les llevaría una cesta de magdalenas, porque cuando yo era pequeña se llamaban magdalenas y no muffin o cupcake.
Por supuesto mi madre llevaría guantes de encaje y atrevidos sombreros con flores grandes, le llamaríamos Mamma y se sentaría la primera en el servicio religioso, con mis hijas, mientras mi marido nos hacía gritar ¡Aleluya! y yo cantaba los salmos…
He de decir que este deseo es anterior a que fuera la película de “La mujer del predicador” de Whitney Houston, que me dejó bastante perpleja al verla porque ahí estaba la mitad de mi sueño, pero no es de mis favoritas porque es como si hubieran hecho un retrato parecido pero equivocado de lo que yo quería ser. Una mala foto.
Como es fácil de suponer estuvieron riéndose de mí todo el viaje y aún les dura, pero a mi no me importa, lo tengo clarísimo…yo quería haber sido negra.

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