EL PIROPO DEL SILENCIO

El piropo, como todo en esta sociedad nuestra, está decayendo. Es algo que había comentado con amigos y familiares en alguna ocasión, y entonces, me di cuenta que había grandes tendencias de pensamiento sobre el hecho que ríanse ustedes de las escuelas de filosofía oriental y occidental juntas.
Hay quien ve en el piropo una bajeza, un grito a la promiscuidad, una falta de inteligencia, pero discrepo frontalmente con semejante afirmación pues algunos de los que he oído, y no precisamente porque fueran hacia mÍ, tenían trazas de genialidad condensada en pocas palabras, lo que hoy sin duda sería un tweet de éxito.
La ausencia de piropos no creo que tenga que ver con la teoría del fin de la burbuja inmobiliaria pues el piropo no siempre ha sido obrero, más bien creo que el piropo a la mujer igualaba más a los hombres que el partido comunista.
También está la corriente que mantiene que la desaparición del piropo tiene que ver con que los hombres, “ya están jartos de tó” y que se ha perdido la magia, la duda, el encanto de no saber unido al adorable vértigo de lo prohibido. No niego que esta corriente de pensamiento pueda tener algo de verdad y es que, cuando más se esmeraba en la composición del piropo el caballero galán -y galante- era en un tiempo en el que ni imaginando hacia el infinito podría haber aventurado lo que hoy por hoy son las relaciones de pareja (fija, discontinua, intermitente o única). No se si esos piropos de principio del siglo XX , por poner un ejemplo, también habrían decaído si las relaciones fueran las que son hoy. Pero tampoco le puedo dar la razón total a esta reflexión porque el acercamiento siempre existe y podría hacerse de otras maneras: abogo más por el uso del piropo y la inteligencia que por la claridad escueta que pone sobre la mesa (o sobre la barra del bar) las “intenciones de”…llamadme antigua…  También flojea este planteamiento porque el piropo no tiene que llevar aparejado la búsqueda de un acercamiento. Es más algo casi paisajístico, como quien al subir una montaña contempla la belleza y la expresa en voz alta.
No soy nada partidaria del piropo soez, vulgar, nada delicado, que acaba siendo desagradable y que entran ganas más de vomitar que de alegrarse del halago. Por que si, la mujer se siente halagada y con una especie de fingida indiferencia o sordera momentánea, sigue su camino, pero se ha enterado y con total seguridad, si el piropo es elegante, gracioso… le han alegrado el día.
Seguramente no habrá una única razón para que esté desapareciendo esta lisonja callejera y hasta de gran salón, serán un compendio de circunstancias, unidas al desasosiego social que empieza a no tener ya ganas ni de mirarse ni de mirar, de todas formas, yo me quedo con el piropo callado, ese que sucede cuando una mujer camina cercana a una reunión de caballeros y sin previo aviso se hace el silencio y en ese silencio va implícita la galantería más bella.

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3 comentarios en “EL PIROPO DEL SILENCIO

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