DESAYUNO SIN DIAMANTES

Ahí estabas, entre el aceite y el tomate, entre mi humeante café y mi tostada, enmedio del placer divino de mi desayuno, mi momento sagrado, el segundo desayuno del día, una comida reposada, tranquila, pasadas ya varias horas del primer café necesario para abrir los ojos y acertar con el ojo de la cerradura al salir de casa.

Te buscaba todos los días, aunque había conseguido aprenderme tu rutina, y hasta cuando sabía que no ibas a estar te buscaba, como si pudieras sorprenderme…algo imposible, pero me quedaba un resquicio de esperanza.

Cuando no estabas no se ennegrecía mi momento, estiraba las piernas debajo de la mesa y dejaba caer mi cuerpo hasta el filo de la silla…y entonces mordía mi tostada y recordaba otros momentos, otros días en los que si que estuviste alli, y las palabras se me alineaban en una mezcla de tantra, galletita de la suerte y libro de autoayuda. Me acompañabas también.
Pero hoy estabas, y con la ansiedad no sabía si prestarle atención al café antes de que se convirtiera en escarcha, a mi elegante y dorada tostada ribeteada con el brillo de un excelente aceite de oliva o a ti…Di un sorbito al café, en taza blanca inmaculada y lamenté mi precipitación, el café ardía y me dejaría toda la mañana la lengua rasposa e irritada asi que di un mordisco a mi crujiente pan y me centré en ti, fuiste mi única ocupacion, sonreía como una tonta, y no me importaba, lo notaba, sentía incluso que mis mejillas se sonrojaban, habría personas que se sentirían irritadas por mostrar lo que socialmente es una debilidad pero yo con el tiempo había aprendido a aceptarme, a conocerme, a saber que no tengo de que avergonzarme, soy una mujer sencilla de refinados gustos… sencillos que no tiene nada que esconder y ahora estaba disfrutando, era mi momento, mi desayuno y tú…terminé de leerme la columna casi sin aire, las sensaciones que me provocaste se ordenaban aun dentro de mi, tienes un don, no puedo engañarme, no quiero negarte, cerré el periódico distraída, absorta en lo que había leido, y volviste a ser, una vez más, mi compañero de desayuno. (A Mariquilla)

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