EPITAFIO PERSONAL

Con sol las cosas tristes se vuelven agradables.
En mi casa hemos desmitificado mucho la muerte quizás por la profunda y religiosa creencia que se destila en el Credo y de la que estoy orgullosa aunque ahora no esté muy de moda. Desde ahí y como cantan en el Acto a los Caídos los militares (otra cosa que no está muy de moda): “La muerte no es el final”.
Durante mucho tiempo he oido en casa, que lo que verdaderamente dá dinero es tener un tanatorio y un cementario privado. Algo elegante, sofisticado, con salones tanto para velatorios como para esos bufés fríos que servían los británicos victorianos en sus salones tras el sepelio, los irlandeses en las tabernas y los norteamericanos en las casas en una mezcla de pésame y fiesta del más allá.
Reconozco que puede llegar a ser un tema doloroso para algunas personas y no es desafecto ni una conducta irrespetuosa, simplemente es que lo consideramos un paso más. El alma, lo importante, ya nos ha abandonado y está donde le corresponda y el cuerpo queda aqui de recordatorio, como un souvenir de la Torre Effiel.
Desde esta postura personalísima y tras dejar claro a mis seres queridos, familiares y amigos, que quiero donar mis órganos, -incluso hago anotaciones del tipo, si se llevan mis córneas haced el favor de darle también mis lentillas…¿para qué hacer más gastos?- y que no me hago responsable de los excesos de mi hígado, etc. tengo dicho que quiero que me incineren, y de ahí la disyuntiva…¿qué hacer con mis cenizas?
Tras varias horas de conversación privada e íntima, decidí que hay dos sitios donde he sido feliz, El Rocío y El Corte Inglés. Así que he pedido que me unan a las arenas (nada de urnas ni cosas de esas) de las Marismas y que me pongan en un macetero del centro comercial fundado por Areces que deseen, uno que tenga buenas vistas, a ser posible o en la entrada cerca de Perfumería o en la planta de moda y/o zapatería.
Pero de un tiempo a esta parte vengo pensando que además de que un diamante es para siempre, hay que dejar testigo de vida. Es cierto que tengo dos hijas que se parecen en muchas cosas a mí, que seguramente cocinaran a mi estilo y un día se verán y se preguntarán cómo es posible que se parezcan tanto a su madre con lo que han peleado con ella. Pero me gustaría dejar un epitafio, en un cuadro, en un libro, en una pancarta o en una servilleta de papel, el lugar es lo de menos…quiero dejar una frase para retratarme, hacerlo yo … no los demás…y lo he decidido ya, allá va:
Rocío González Martínez: Vivió

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12 comentarios en “EPITAFIO PERSONAL

  1. He venido hasta aquí siguiendo tu estela de Facebook, como un entomólogo cautivado por el vuelo de una mariposa que no merece quedar olvidada entre las págians de un álbum. Tienes mi amistad, mi admiración y mi aplauso.

  2. ..Cariño, entre la lágrima y la sonrisa estoy, sintiendo, una vez más, una gran ternura hacia esa personita, que nunca ha nacido, pero que a mí, que nací hace mucho, me ha enseñado tantas cosas, entre ellas a desdramatizar la muerte y la enfermedad, excelente chiquitita

    AnonymouAs

  3. Pingback: DUELOS Y BAÑOS | 15 Gotas

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