SIN ÁNIMO DE CABREAR

A media mañana he abierto el twitter para saber las noticias que había y me he encontrado nuevamente el suicidio de otro hombre que al que iban a desahuciar

y la noticia, justo el tuit anterior, el de arriba, era que IU le debe a Hacienda un millón doscientos mil euros.
No analizo en ese caso la casuística de las hipotecas, las posibles soluciones, si la culpa es de los bancos, si del que firmó, si al cincuenta por ciento, si tiene que existir moratoria real o pago de la deuda con la entrega de la propiedad…
Si entro levemente en condenar la doble moral de algunos partidos políticos que piden luz y taquígrafos para unos, escondiendo lo propio y que además se auto proclaman abanderados de las causas de los «pobres». Perdonen que tire de demagogia, pero quizás los señores y señoras, ¡faltaría más!, de Izquierda Unida deberían coger boli y papel o en su defecto la calculadora del móvil o el iPad de trabajo y dividir esa cantidad, la repito, un millón doscientos mil euros, entre la cantidad del subsidio de los tan cacareados cuatrocientos euros.
Lo llamativo en este caso es como estos dos titulares conviven en nuestra sociedad.
Yo, la verdad, y lo digo en serio, con lo exaltado que está todo el mundo, con los nervios que hay, con la necesidad que tienen muchas familias me espero cualquier cosa. No creo que sea un movimiento bélico, ni veo amenaza real hoy por hoy de un grupos ultras (habrá, tarde o temprano) pero alguien desequilibrado que ya no pueda más y que se tome la justicia por su mano, creo que si. Personas que antes de darse por vencidos y bajar los brazos, que justo antes de lanzarse al vacío vayan a su oficina bancaria o a un político y la emprendan a tiros, como ya sucedió, es verdad que por desgracia, lo espero, quien tiene todo perdido no siempre razona sin venganza, aunque sea una postura equivocada.

Pararse a pensar en los privilegios de los bancos, del Rey, de los partidos políticos, de esos millares de consejeros delegados de la nada que han cobrado indemnizaciones exageradas aún no tenemos claro a cuento de qué, hasta las deudas de los clubes de fútbol …. y mantener la cabeza fría con el estómago vacío es difícil.  La línea para mantener la calma supongo que no es, ni más ni menos, el tiempo que lleven en ayunas sus hijos, o que te echen de tu casa. El abismo del futuro incierto.

Por suerte hoy puedo escribir desde la sorpresa de la tranquilidad que están demostrando muchas de estas personas, sin dejarse llevar por los instintos. Supongo que en España pasará como en Grecia y en Italia, y que en las próximas elecciones  habrá mil partidos de los «minoritarios» con representación parlamentaria que llevarán a lo que los periodistas llaman, un «Parlamento ingobernable», y acepto la definición porque es lo que sucede, pero se da esa característica por los políticos no quieren remangarse de verdad y ponerse a trabajar, aceptando y debatiendo ideas que sean buenas para todos y todas, ¡faltaría más!, vengan del partido que vengan. Supongo que pese a todo, creen que no les va tanto en el sueldo.
 
 

LIBERTAD A FLOR DE PIEL

Digan los que digan las redes sociales son sitios fantásticos.
No tienen más peligro, ni más perjuicio que cualquier otra cosa que esté a nuestro alrededor. Ya forma parte de lo que nos rodea, de la vida de cada uno de nosotros, incluso la de nuestros mayores, al principio algo reacios.
Cada uno se enfrenta a ellas de una manera y todas son válidas, es decir, todas las que en la vida no virtual serían válidas. Los delitos coexisten en ambos planos.
Las cosas que he descubierto en ellas son una lista infinita de buenos ratos, alguno malo  -que no todo va a ser utópico-, risas, diversión, complicidad, y sobretodo puntos de vista, maneras vivir, ideales e idearios, noticias, personas, cercanía…
Hoy he descubierto un vídeo, no era ni la hora en la que suelo ponerme a escribir o ni el momento de estar delante del ordenador, tampoco soy muy dada a ver muchos vídeos pues me exigen una atención total que no puedo permitirme, siempre hago más de una cosa a la vez, así que si hay conjunciones interplanetarias, pues hoy era ese día.
El vídeo es de una compleja sencillez que me ha apabullado, es de alguien que no conozco de nada sobre otra persona que tampoco conozco, pero que hace fotos.
A esas fotos llegué por una entrevista que ví online de una investigadora que se llamaba America, leí en algún comentario «sin photoshop» y además de extrañarme en los tiempos que corren, puse mayor interés en esas fotos…eran realmente buenas. No soy una erudita, ni un técnico de fotografía, soy consumidora y madre pesada con cámara, que debería ser un epígrafe especial.
De esta entrevista pasé a la fotógrafa y ví la colección que tiene colgada en su web, las ví todas y me parecieron impactantes por no ser la foto preciosa, el momento justo, la gota cayendo, el charco reflejado… Me parecieron increíbles porque eran retratos, personas, gente, y son conocidas y sin embargo me dió la sensación de verlas por primera vez.
Si algún día necesito un retrato para la contraportada de un libro o una ficha policial haré lo imposible porque la foto me la haga ella.
El vídeo es una confesión, un curriculum, una autoentrevista, no la valoro en su esencia porque cada uno tendrá una opinión de ella, de la misma manera que yo tengo la mia pero a parte de todo lo subjetivo he visto a una mujer muy dulce, muy guapa, muy libre, sobretodo muy libre y madre.
Y me ha emocionado.
No tengo ni la más remota idea de cómo es o deja de ser su vida, pero eso que yo he querido decir tantas veces y a duras penas he sabido explicarlo lo he visto en ese video. Ser madre no cierra puertas, no provoca cadenas, depende de dónde ponga cada una su libertad.

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DIA DE ANDALUCIA

Lo fácil en una tierra tan extensa como la mía es encontrar un rincón y estar frase tras frase alabándolo, y se puede hacer y de hecho daría para mucho porque Andalucía tiene rincones increíbles, tan especiales, distintos y majestuosos que tienen que venir de fuera a decirnos lo fantásticos que son.
No hay más que irse una temporada lejos de ella para añorarla, sin sentimiento nacionalista, sino como se añora la comida de una madre, el abrigo y la complicidad que te procura una abuela…
Nos hemos acostumbrado a vivir bajo el perfil de la Alhambra, algo único en el mundo de una belleza tan apabullante que hace que vengan de ultramar solo a visitarla, y entonces si, entonces  sacamos pecho y nos acordamos que ahí está ella, dos palacios, jardines, torres, agua…la Alhambra.
Hemos decidido pasar con prisa por delante de nuestras Catedrales, ignorando arcos de Mezquita universal o Giralda minarete que vemos más en los souvenirs que frente a frente.
Ignoramos nuestros museos, nuestras iglesias, no somos capacer de ver las juderías, calzadas romanas, el barroco tan extenso del que podemos disfrutar, las playas, los paisajes, amaneceres y puestas de sol a pie de océano o de mar Mediterráneo, marismas, sierras cuajadas de nieve, callejuelas encaladas, rejas con flores, perfiles de antaño, arte hecho Pasión de Semana Santa…. Hay tanto por ver y estudiar de Andalucía…me ciega la pasión, me puede el sentimiento…pero no toca hoy.
Mañana es ese día, el de Andalucía. Pero mi tierra ya no se parece a mi tierra, cada vez más empobrecida, más inculta, más endeudada, más sola, más perdida.
Si alguien leyera la letra de nuestro himno, algo triste, estaríamos ante la paradoja del cangrejo. Treinta y muchos años de democracia, y seguimos como al principio o aún peor porque ya no nos queda la ilusión de los que se echaron a la calle a pedir nuestra autonomía, no hay fe en los políticos, en las universidades, en las instituciones, casi que hemos perdido la fe en tener solución.
Seguimos a la cola de todo, el índice de paro más alto, los peores balances de educación (y eso que se hacen auténticas barbaridades para que no conste la realidad de nuestros centros educativos), el lugar donde más empresas cierran, la comunidad con más familias sin ningún tipo de ingreso, corrupción, malversación, destrozo de nuestras costas, gastos supérfluos…
Y miro a mi alrededor y veo gente que se ilusiona con pequeñas cosas, que sonríe, que estira la cervecita de estar con los amigos aunque sean ya menos y de cuando en cuando, que sigue siendo solidaria con los que más lo necesitan y me pregunto si es justo que este pueblo acogedor, simpático, trabajador se de por perdido, se olvide, habrá quien me diga que «tenemos lo que nos merecemos» pero creo que no tanto.

BASADO EN HECHOS REALES

De siempre Irene fue adicta a las series policíacas, de detectives, abogados, forenses, investigadores criminales, y componentes de magníficos gabinetes que igual sabían diferenciar un mentiroso de un ataque de ansiedad, que hacían un perfil psicológico o empatizaban con un asesino en serie.
Pasaba sus ratos de descanso viendo o escuchando los diálogos de series que a veces conocía de memoria debido a la repetición incansable de las cadenas. Es cierto que sin pudor las reponían una y otra vez pero también tenía que reconocer que iba, mando a distancia en mano, canal por canal buscando alguna de las series que le gustaban, antiguas o modernas, eso tampoco importaba. La mayoría eran norteamericanas pero había llegado a ver alemnas, suizas e italianas. Por desgracia las nacionales no solían ser de calidad aunque también se había aficionado hacía tiempo a alguna que otra.
Este mismo gusto por la investigación policial, criminal y forense la trasladaba a su gusto por los libros y desde la clásica Agatha Cristhie a los rompedores guardia civiles, Vila y Chamorro, pasando por Sherlock Holmes, Perry Mason, Anne Perry, y tantos y tantos volúmenes que ocupaban su casa.
Recostada y con los ojos entornados Irene estaba viendo una de sus series favoritas en un episodio nuevo, ya de por si era una reiteración por la novedad que era que hubiera por fin un capítulo de estreno, absorta en la trama escuchó un ruido brusco en su casa.
Irene estaba inusualmente sola con sus hijas y como toda madre estaba alerta de cualquier cosa que pudiera suceder. Pese a tener las ventanas cerradas, vivir en un piso alto, y la puerta bajo llave se encaminó al reconocimiento de las habitaciones, comenzando por la de su hija pequeña pensando que se habría caido de la cama o quizás como tantas veces se hubiera quedado dormida leyendo y el libro al final acabara estrellado en el suelo.
Su hija pequeña estaba en su cama, dormida, con los cachetes de su carita colorados y los ojos algo abiertos, había personas que se impresionaban pero lo cierto es que ella también dormía así, su hija mayor también. Cuanto más plácidamente estaban mayor era la abertura de sus ojos. Sin llegar a dormir con los ojos totalmente abiertos, claro.
Tras mirar en el estudio se encaminó al cuarto de su hija, y se encontró la cama destapada, con mantas y edredón cayendo por el final de la cama azul de hierro forjado. Se extrañó porue no era su manera de salir de la cama, siempre lo hacía despacio y por uno de los laterales, «Seguro que ha ido a beber agua», pensó, «y no me dí cuenta al pasar por allí».
Con cierta premura fue a la cocina, sin querer asustarla iba sin hacer demasiado ruido pero tampoco estaba, encendió la luz incluso aunque su cocina no era tan grande como para que no la viera a oscuras, además entraba la luz de la calle por la ventana.
Inquieta fue al baño que utilizaban las niñas, no estaba la luz encendida pero aún asi entró, no estaba, miró hasta dentro de la ducha abriendo las mamparas, algo ilógico pero desesperado.
Solo le quedaba el otro cuarto de baño y su dormitorio, Irene empezaba ya a llamarla bajito, suplicando «dónde estás». En su baño tampoco estaba y en su dormitorio no había más que su abrigo recostado en su cama.
Volvió irracionalmente al salón por si se hubieran cruzado y no se hubieran visto pero no estaba, tampoco estaba.
La puerta de la calle seguía cerrada, las ventanas no estaban abiertas, y su hija no estaba. Ni por un segundo pensó que hubiera alguien dentro, no cogió un cuchillo, ni un bate de béisbol, esto último porque no tenía, no hizo nada, solo seguir buscando cada vez más nerviosa y cada vez llamándola más fuerte, hasta que era un grito histérico y agudo.
Empezó a sudar,  todo su cuerpo temblaba, notaba la presión en las sienes, creía que iba a caer redonda y seguía buscando, y no estaba.
Abrió los armarios, empezaba a actuar sin lógica alguna, miraba debajo de la mesa, detrás de las cortinas, en el mínimo lavadero sin espacio.
La boca seca, la respiración agitada, el miedo. El auténtico miedo.
Por último empezó a mirar debajo de las camas, y en su dormitorio, debajo de su cama, dormida, estaba su hija. La despertó levemente, era ya demasiado grande para cogerla y tampoco tenía espacio como para hacerlo. La subió a su cama sin dejar de llorar, la tapó y le puso otra manta porque estaba helada y ella seguía durmiendo.
Abrió levemente los ojos «mamá tenía una pesadilla de un tenedor y me vine contigo» Temblando aún, consiguió decirle…»tranquila cariño, quédate con mamá, no pasa nada, descansa».
Volvió al salón, en la televisión seguían los policías derribando puertas, enseñando órdenes de registro y leyendo sus derechos y por fin Irene tuvo un auténtico ataque de histeria.

LUJOS SUBJETIVOS

Un día reflexionaba lo que era el lujo, no en su industria siempre fructífera, sino en la subjetividad del lujo. Parece ser que por más crisis que haya las personas que consumen productos lujosos siguen haciéndolo, incluso aún más, por lo que se podría deducir, que a menor capacidad adquisitiva del resto, mayor abanico de gasto para unos pocos. Pero mis reivindicaciones no iban hoy por ese lado, quería hablar de la subjetividad del lujo. Para cada persona entiendo que habrá cosas que le resulten más atractivas que otras de la misma manera que no todos tenemos los mismos gustos.
Entiendo por lujo, y no es más que una definición propia que puede ser totalmente rebatida, aquello que nos produce placer o alegría una vez tenemos cubiertas unas necesidades de afecto, de alimentación y de salud. Es decir, si queremos y somos queridos, si nosotros y nuestros familiares y amigos se encuentran bien de salud, si podemos permitirnos las tres comidas al día y hasta en ocasiones cinco…¿Qué es lo que más nos gusta?
Yo estuve pensando y después de mucho decidí que para mi una vez mis hijas y los mios estan sanos, física e intelectualmente, que me siento querida y no falta comida en mis platos lo que de verdad valoro es el espacio, los libros y los viajes.
Lo del espacio es causa efecto en cierta manera de los libros, aunque no son los únicos culpables. Descubrí que para mi era un lujo gracias a una fantástica definición que nos hizo mi compadre hace como muchos años, en nuestra segunda o tercera casa, él nos dijo que eramos como los gases nobles, que nos expandíamos, y es cierto, por más grande que sea la casa en la que vivo, al final siempre la tengo llena de cosas.
Además siempre tengo la sensación de vivir en un tetris, infinidad de veces para coger algo tengo que mover tres cosas con anterioridad.
Supongo que habrá un momento en el que por fin tenga espacio para todo lo que quiero pero este lujo no lo he conseguido y dudo que lo consiga conociéndome.
Los libros, mi segundo lujo, libros de los de verdad, de los de papel, de los que necesitan espacio. Hoy por hoy o quizás siempre lo fueron, es un lujo caro de mantener, entre otras cosas porque en mi familia todos somos grandes lectores y de la misma manera que no aparecería por casa con pasteles solo para mi, sería incapaz de comprarme un libro y no llevar para los demás, con lo cual haciendo simples multiplicaciones, por poco que se quiera gastar y hasta tirando de ediciones de bolsillo o de ofertas, ese placer sale por una factura abultada.
De los libros me gusta todo, su olor, tu textura, hasta verlos en las estanterías me gusta. Disfruto cuando mi hija se lee un libro que yo me leí y me gustó y cuando veo como ella le pasa el testigo de uno que a ella le entusiasmó a su hermana. Me encanta coger cualquier volumen al azar y abrirlo por cualquier parte y leer una página mientras espero, o mientras voy limpiando…
El último lujo son los viajes, no necesito que sean viajes a la Polinesia, ni a Sudáfrica, que también estarían bien. Me vale un día en un pueblo pequeño, una tarde visitando una ciudad cercana, un fin de semana en alguna parte de España.Si el trayecto es más lejos, conociendo diferentes culturas, más tiempo disfrutándolo pues mucho mejor, que a nadie el amarga un dulce.
Prefiero destinos culturales antes que de sol y playa, por supuesto con mi familia y una cámara de fotos que nos ayude después a recordar los distintos momentos, las anécdotas, las risas…
Un viaje lo disfruto durante la preparación, durante el viaje en si y cada vez que lo recuerdo. Se que hay personas que le parece un gasto superfluo y una tontería, yo se que no es un gasto de primera necesidad, lo enmarco en el lujo, aunque sea durmiendo en la pensión Casa María.
Son tiempos duros para los lujos, para mis lujos, no pretendo crear un dogma ni que nadie piense como yo, simplemente, estos son los mios.