SONRISA

Ni siquiera las personas que la conocían bien eran capaces de percibir el leve matiz, había que ser muy observador y con todo y con eso, en ocasiones, era imperceptible el cambio, la diferencia.
Ella sonreía como tantas veces, una sonrisa amplia que le llegaba hasta los ojos, que es donde se descubren las que son sinceras, las que no son compromiso ni hipocresía social. Las sonrisas se validan en la mirada, siempre y cuando no fuera ella porque la verdad es que estaba de pie, tranquila y con aplomo, deseando lo mejor como tantas otras veces, a tantas otras personas y sin embargo esta vez era distinto.
Sólo se podía reconocer en un pequeño y bien controlado escalofrío, la piel de gallina disimulada en una conveniente manga larga, y un pellizco en el estómago sin más traslación al exterior. Por dentro su alma resquebrajada y su corazón impertérrito bombeando sangre helada.
Le deseaba lo mejor y eso no era mentira, nunca podría desearle mal a nadie, y menos a él, pero en esa esperanza de bonanza iba implícita una renuncia, leve, pero importante. Sonreía si, aguantaba el tipo, pero no le quedaba ninguna duda que a partir de ese instante no habría hueco para ella en ese nuevo momento para él. Nada podía pedir y jamás exigiría lo que en el fondo no podía dar por falta de medios, de oportunidad, la vida es así…circunstancias pero dolía, escocía mucho.
Ser una mujer decidida, independiente y atrevida tenía una parte maravillosa a la que no estaba dispuesta a renunciar, además de que estaba segura de que no serviría para nada; pero también tenía una parte negativa que era, entre otras muchas, la de llevar con dignidad momentos como este.
Le acarició despacio el rostro, se despedían, no era para siempre, volverían hablar, no quedaba duda, se verían y compartirían incluso algo más que un café, pero ya se había roto, fuera lo que fuera se había roto, entrarían personas nuevas en su vida, si no estaban esperando ya, y casi con total seguridad también en la de ella aunque ahora mismo le pareciera imposible.
Le dijo adiós pero no obtuvo respuesta, se dio la vuelta y no miró atrás, calculaba los días en los que no tendría noticias…si serían muchos, pocos, nunca…caminaba erguida al compás del sonido de sus zapatos de tacón, y ya por fin, se dio el lujo de dejar de sonreír.

WERTASMUS

Me gusta poco introducir la actualidad política en este blog porque es tan prosaica que en ocasiones me parece que ensucio un poco esta humilde casa virtual que son mis gotas.
La verdad es que además de los derechos de los niños, pocas cosas me preocupan más que la educación, más bien Educación, con mayúsculas y en general y claro, me altero, me enervo y acabo posteando un tema del candente día a día.
España, años ha, era un país culto, literariamente dio grandes y científicamente, para los habitantes que había y los medios, no se puede decir que nos fuera mal del todo. La cuestión es que eran pocos los formados y muchos los analfabetos. Eso, visto desde todos los ángulos posibles, era inaceptable. Había que cambiarlo y se cambió.
No sé porque motivo ni razón al ampliar la cantidad de estudiantes, el nivel fue bajando…y ha sido una progresión directa hacia abajo. A más recursos, más profesores, más planificación, más estudiantes….peores resultados. El que quiera decir que es cuestión de dinero, lo digo alto y claro, miente. Miente deliberadamente con un afán populista y rastrero. Lo primero porque la educación mueve masas y lo segundo porque es tan sagrada que nadie debería jugar con ella.
Sería un detalle impensable en nuestra egoísta clase política que hicieran con consenso y compromiso de larga duración un pacto por la Educación, un plan justo, equitativo, firme, consecuente, nacional, lleno de conceptos y responsabilidades. Desde los niños de tres años hasta los post grados, sin ambiciones políticas, amaestradoras o con afán de influir en el voto de sus padres o en el suyo propio. Imposible.
Y es necesaria una política de Becas real y justa. Becar a una alumno es ofrecerle los recursos suficientes para que consiga su título si no los tiene. Esta perogrullada tiene dos partes: un alumno con dificultades económicas, y un título por conseguir, lo que ocurre es que el Estado no puede becar eternamente a todos los que quieren estudiar porque yo, que seguramente necesitaré que bequen a mis hijas, tampoco entendería pagarle año tras año a un estudiante que no cumple. Es un contrato…yo te doy pero tú me das. Debe primar el esfuerzo, el compromiso de los que realmente se dejan la piel estudiando, no sólo la capacidad económica. Que también.
Sería maravilloso que la educación gratuita llegara hasta los post grados, pero no es así, con todo y con eso la Universidad es deficitaria, con la matrícula no se paga la totalidad del servicio…es mucho más caro de mantener. ¿Podría despilfarrar menos la Universidad? sin duda, igual que las televisiones y tantos observatorios y fundaciones que tienen las comunidades autónomas, pero aún así, el pago de la matrícula no cubre el cien por cien de los gastos de un alumno. No hay más que ver lo que cuesta una universidad privada, para cubrir gastos y ganar algo, los precios pueden llegar a ser diez veces más que en la pública.
Otro tema son los Erasmus, es cierto que muchos van a pasarlo bien, a recorrer Europa, a no darle un palo al agua, y a crecer emocionalmente, por decirlo de alguna manera, pero también los hay que se implican y estudian. Incluso algunos brillantes, se lo pasan en grande y vuelven con notazas. Pues olé. Pero que nadie se equivoque, en la mayoría de los países con la beca no llegas a cubrir gastos, aunque no vengas a ver a mamá…es una beca no un «todo incluído».
Este tipo de beca, desde mi punto de vista, también tiene que ayudar a los que menos tienen…a los más válidos que menos tienen, a los que van a aprovechar el dinero, que es de todos…pagado entre todos (o al menos entre los prigandos que tributamos con cierto desparpajo de pobre) ahora bien… a mitad del partido no se cambian las reglas, «la pelota es mía y me la llevo».
Puede que para usted, Sr. Wert, señores políticos todos, cuarenta euros no sean nada, «chocolate del loro» (odio la expresión), pero eso puede ser el pan de un mes, el bono de transporte, el gasto de luz, etc. Esos cuarenta euros estaban ya en el presupuesto de esos alumnos, en su «contrato» y aunque se que se les da bien el recorte y algunos se han quedado sin paga extra, pese a contar siempre con ella, estar en su presupuesto familiar y en su contrato, la verdad es que no es justo y alabo su valentía para tragarse incómodamente sus palabras sin televisión de plasma de por medio pero así, hablando en plata, Sr. Wert lo suyo fue una cagada.

DAR Y QUIZÁS RECIBIR

Hay personas que siempre están en nuestra vida, sin hacer ruido, sin aspavientos ni golpes de pecho, pero están. Cuando vienen mal dadas, de repente, sin necesidad de aviso ni señal de socorro, aparecen.
Hace muchísimos años, siendo una niña, recuerdo haber leído en el Selecciones Readers Digest  -mi familia estaba suscrita, ¡qué cosas!- una historia de esas tipo testimonio, de alguien que contaba que tuvo una muerte muy traumática en la familia, y que todo el mundo llegaba y preguntaba en qué podía ayudar y ella, aturdida, no sabía ni organizar el funeral (allí luego hay una especie de reunión en el domicilio, y complica aún más las cosas, claro) pero que no podía olvidar a su vecina, que sin decir nada, llegó, y limpió los zapatos de todos los miembros de la familia…algo necesario pero en lo que no se suele caer. Desde entonces pienso lo útil que es estar y saber que hacer en todo momento. Lo hice leit motiv de mi vida y siempre pienso en qué puedo ayudar antes de estorbar.
También hay personas que aparecen en los malos momentos, por primera vez en tu vida, gente que de pronto son necesarias, casi imprescindibles aunque a penas las conoces, y se crea un vínculo extraño pero fuerte. Y de repente desaparecen como vinieron y casi no las puedes buscar ni, por supuesto, guardarles rencor…o se quedan para siempre.
Y luego están las que no aparecen, las que saben de tu mal momento o de tu dolor, las que conocen al cien por cien tu sufrimiento y no se acercan a decirte nada, a dar un abrazo, a servir de consuelo…y las esperas, y duele que no lleguen porque no estaba previsto, porque es una sorpresa, pero se olvida fácil…no merece la pena.
No me sirve ser una persona descreída que no espera nada de nadie, porque además estoy convencida de que no son ni a mitad de las que lo dicen, de hecho creo que pocas, muy pocas, personas realmente son así ya que si nada esperas jamás se sienten defraudadas… y siempre, en algún momento, existe ese sentimiento.
En los malos momentos hay que estar…no hay duda y aunque íntimamente esperamos que estén en nuestros malos momentos, tampoco es cuestión de dar apoyo …esperando a recibir ayuda.

FINALES SIN FIN

Solo hay algo peor que un «puedo vivir sin ti», y es que ni lo verbalicen, ni lo digan. Ni a la cara, ni al oído, ni por escrito. La cruel desidia de la ignorancia, la dejadez del olvido. Ser consciente de que ya no importas.
Siempre le he temido a las personas que no afrontan una despedida, un adiós. Yo las despedidas las odio, nunca me gustaron ni me gustarán, soy demasiado emotiva y reconozco que para mí son un suplicio, sin embargo las considero necesarias, imprescindibles, y más en algunos momentos especialmente sensibles.
Quizás, no lo niego, es culpa mía evitar a este tipo de personas reacias al adiós, aunque a veces no son fáciles de reconocer, pero es que no se interpretar las señales que me mandan, que no se quien confundió en un momento dado el código de circulación con las relaciones humanas, o puede que sea muy torpe cuando me dicen con indirectas que no interesa lo que digo, lo que pienso o lo que siento.
Hay además un tipo de persona que va alargando las conversaciones y da excusas, y yo que me reafirmo en mi torpeza, no se si me están mandando al fondo a la derecha o realmente es una sincera disculpa de corazón y tengo que incluso compadecerme por el estrés que sufre. Con lo cual me planteo con cierto remordimiento si no estoy siendo lo suficientemente empática con la ansiedad ajena…o si por otra parte, tengo que huir antes de que me odien.
La cuestión se agrava cuando la relación es sentimental o pasional, dejar morir un amor aunque sea efervescente, de verano, ocasional, incluso si lo de amor le queda grande… es, para mi manera de ver, la peor de las opciones. Llenar los espacios de promesas sabiendo que no van a cumplirse, las manos de ilusión, las horas de sueños conociendo que quedarán en papel mojado me resulta una de las torturas mas crueles que puedo imaginar. Es cierto, que incluso cuando le preguntas a alguna persona dada a esas «despedidas», se reafirman en que tenían esos propósitos pero que finalmente fueron las circunstancias las que provocaron esa ruptura, ese final, sin cortar el hilo que los unía … simplemente esperando a que se pudriera.
Está claro que no necesitamos el aire que otro respira, ni se nos para el corazón si no nos mira, nos habla, nos besa… es obvio que se puede vivir sin amor o aún peor, con desamor. Pueden morir las amistades como mueren los días, pueden terminar las historias de amor, como lo hacen los cuentos de princesas, pero prefiero yo un «The End» a tiempo.
La verdadera valentía es sin duda, decir adiós mirando a los ojos.

DE IDA Y VUELTA

Hay cosas que son de ida y vuelta, un revés de tenis, un billete de vacaciones, un camino sin salida, las olas en la orilla del mar, los boomerang,… y hay otras cosas que deberían de serlo porque en el caso de que sólo vayan en un sentido es descorazonador.
Por ejemplo, una llamada de teléfono, si al otro lado nadie contesta, por mucho que le dejes un mensaje en el contestador (yo no lo hago jamás, me resulto extraña y ridícula), te queda la sensación de no haber conseguido lo que querías, de no haber podido expresarte, es una frustración pequeña, de bolsillo pero que no deja buen gusto de boca.
Tampoco los mensajes, sean por el medio que sea, que no reciben respuesta son muy alentadores, y da igual el doble check, el aviso de leído, o el acuse de recibo…si no se contesta queda la sensación de que te han ignorado, que no interesa el contenido de tu mensaje y si hilas un poco más fino, -eso va en mentes-, que no interesas tú.
La cuestión es que sería, es, perfectamente válido no contestar, no tiene porque ser en sí mala educación, ni desapego o falta de consideración, es incluso un modo de comunicación «el silencio administrativo», pero es cierto que quien se queda a la espera o necesita esa respuesta, no acierta a consolarse con esas razones.
También está el mensaje a la televisión, sí, eso digo, sobre todo si hay fútbol. «Abre ahí» «Cambia de banda» «Penalti» «Eso es roja» «¡Pero corre!»etc pueden llegar a repetirse hasta el infinito y por más que somos entrenadores, árbitros, mediocentros y hasta recoge pelotas, la realidad es que el juego continúa sin tener en cuenta nuestros sabios consejos.
De todas estas pequeñas cosas de ida y vuelta, sin duda, la más dolorosa es la de hablarle a alguien que ya no está con nosotros. Esas conversaciones que se tienen con ellos, de manera íntima y hasta en voz alta, con esas personas que ocuparon gran parte de nuestra vida y se callaron ya..son difíciles de catalogar, es verdad, que como fueron (son) importantes para nosotros y los conocíamos bien, casi que podemos sentir cuáles serían sus respuestas pero no hay duda de que nos falta el aliento cálido de su voz.
Tampoco son agradables los besos sin devolver ni los te quiero sin respuesta…los te necesito lanzados al vacío, o las mudas miradas de sincero cariño que no se ven…para eso quizás mejor un billete sin vuelta.