FINALES SIN FIN

Solo hay algo peor que un “puedo vivir sin ti”, y es que ni lo verbalicen, ni lo digan. Ni a la cara, ni al oído, ni por escrito. La cruel desidia de la ignorancia, la dejadez del olvido. Ser consciente de que ya no importas.
Siempre le he temido a las personas que no afrontan una despedida, un adiós. Yo las despedidas las odio, nunca me gustaron ni me gustarán, soy demasiado emotiva y reconozco que para mí son un suplicio, sin embargo las considero necesarias, imprescindibles, y más en algunos momentos especialmente sensibles.
Quizás, no lo niego, es culpa mía evitar a este tipo de personas reacias al adiós, aunque a veces no son fáciles de reconocer, pero es que no se interpretar las señales que me mandan, que no se quien confundió en un momento dado el código de circulación con las relaciones humanas, o puede que sea muy torpe cuando me dicen con indirectas que no interesa lo que digo, lo que pienso o lo que siento.
Hay además un tipo de persona que va alargando las conversaciones y da excusas, y yo que me reafirmo en mi torpeza, no se si me están mandando al fondo a la derecha o realmente es una sincera disculpa de corazón y tengo que incluso compadecerme por el estrés que sufre. Con lo cual me planteo con cierto remordimiento si no estoy siendo lo suficientemente empática con la ansiedad ajena…o si por otra parte, tengo que huir antes de que me odien.
La cuestión se agrava cuando la relación es sentimental o pasional, dejar morir un amor aunque sea efervescente, de verano, ocasional, incluso si lo de amor le queda grande… es, para mi manera de ver, la peor de las opciones. Llenar los espacios de promesas sabiendo que no van a cumplirse, las manos de ilusión, las horas de sueños conociendo que quedarán en papel mojado me resulta una de las torturas mas crueles que puedo imaginar. Es cierto, que incluso cuando le preguntas a alguna persona dada a esas “despedidas”, se reafirman en que tenían esos propósitos pero que finalmente fueron las circunstancias las que provocaron esa ruptura, ese final, sin cortar el hilo que los unía … simplemente esperando a que se pudriera.
Está claro que no necesitamos el aire que otro respira, ni se nos para el corazón si no nos mira, nos habla, nos besa… es obvio que se puede vivir sin amor o aún peor, con desamor. Pueden morir las amistades como mueren los días, pueden terminar las historias de amor, como lo hacen los cuentos de princesas, pero prefiero yo un “The End” a tiempo.
La verdadera valentía es sin duda, decir adiós mirando a los ojos.

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