(A todos esos padres)
MUJERES, LEYES Y PATERNIDAD
(A todos esos padres)
(La canción originaria, creo, de Charles Aznavour gana en la versión de Elvis Costello)
Quizás la toma de decisiones sea la manera más clara de la encrucijada vital, la forma explícita en la que notamos que estamos modificando nuestro mañana y a veces, en la disyuntiva, nos equivocamos, en mayor o menor grado, pero lo cierto es que casi todo puede ser suceptible de rectificación y de una manera u otra, una equivocación tiene posibilidad de convertirse en experiencia o meta a batir.
No me gusta la idea de considerar la vida, como una lucha constante, es desprestigiar el regalo que es despertar todas las mañanas. Puede que se den días horribles, momentos dolorosos e incluso estemos tentados de desear la muerte en un arranque de desesperación, pero lo cierto es que el día a día debería entenderse como una oportunidad de disfrutar, de apasionarse con las pequeñas cosas y gozar sin pudor de las grandes. Y si tengo que considerarlo una batalla que sea siempre por conseguir lo que nos hace acercarnos paso a paso a nuestra idea de la felicidad. Esa idea tan subjetiva y a grandes rasgos, tan común.
En la película «Pretty Woman», -una de esas películas que si no guiaron mi vida o mis decisiones, seguro que marcaron mi adolescencia-, se ve al principio y se oye al final a un hombre diciendo… «Todo el mundo tiene un sueño, esto es Hollywood, la tierra de los sueños, ¿cuál es tu sueño?». Si alguien nos coge de las manos, nos mira a los ojos y nos pregunta «¿Cuál es tu sueño?» yo creo que no sería capaz de contestar, no tengo sólo un sueño, no podría soñar con un éxito profesional sin dejar de lado una recompensa como madre, no podría tener como única meta viajar allí donde tantas veces voy en el jet privado de mi imaginación, sin contar con que para eso los míos estuvieran bien. Soy consciente de que la maternidad y la vida en familia es todo y por eso he luchado y cambiado mis pasos en ocasiones, pero también hay un cajón de sueños laborales que siempre estará ahí, tres pasos por detrás, pendiente y esperando su momento. Seguramente lo ideal hubiera sido compaginarlo pero como no pudo ser no está mal la perspectiva de lograr que ese cajón se vacíe y se vuelva a llenar de proyectos nuevos.
No tengo un sueño, tengo muchos y en cada uno de ellos están basadas mis decisiones, mis ganas, mi alegría y a veces mis llantos, pero con lágrimas bien entendidas…
Mi hoy siempre baila a ritmo de mañana con la melodía de ayer.
Cuando cursaba COU en el colegio ni uniendo las dos clases, letras y ciencias, éramos cincuenta en total. No éramos muchas alumnas. Mi colegio era femenino y religioso, y la verdad es que no tengo ningún trauma. La Biblioteca del centro a penas tenía por aquel entonces libros, y lo usábamos como salón de actos, de reuniones o de sala de exámenes cuando hacía falta. Tenía esas sillas con brazo para escribir, siempre me tocaba sentarme en la que era para los zurdos siendo yo diestra. No fallaba.
La verdad es que hace tanto que dejé el colegio, veinte años ya, que supongo que todo será distinto, pero entonces, en el curso 92-93, además de ver la Exposición Universal de Sevilla pocos días antes de cerrarla, hacer un viaje de fin de curso a Zaragoza, Pamplona y Huesca, e irnos días antes de Selectividad de gira por Sevilla, Huelva y El Rocío para ver al Papa Juan Pablo II, me gradué y abandoné el centro en el que había estado once años. Además de todo eso, decidieron las profesoras y el consejo directivo del centro, darnos dos charlas. Estábamos acostumbradas porque a veces nos llamaban pero esta vez nos decían que eran para prepararnos a la vida fuera, consideraban que habíamos estado muy protegidas allí…puede que fuera verdad, lo que ocurría es que cuando daban las cinco de la tarde, ya no nos protegían y sabíamos defendernos todas en «el mundo» bastante bien. Ahora, con la perspectiva que dan los años, creo que la idea era positiva, entrañable y hasta buena.
La primera de la charla la dio la directora fue algo lamentable, retrógrado y anticuado, jamás habíamos pasado por algo así, las profesoras más jóvenes estaban avergonzadas y no sabían como suavizar el sonrojo sin quitarle autoridad, recuerdo a mi profesora de filosofía, una gran persona, intentado hacernos ver que lo habíamos entendido todo al revés y que en realidad nos estaban diciendo lo contrario. Ni ella misma se lo creía.
La otra charla fue una pequeña introducción de un médico y luego una película. Yo no terminé de verla, salí llorando, otras vomitaban, y por supuesto nadie quedó impasible. El título no lo recuerdo, pero si la imagen de un bebé, de 15 semanas, de gestación en el cuerpo de su madre, huía de quien quería acabar con su vida, lloraba, y sin embargo no pudo sobrevivir. Lo habían matado, luego se veían unos pies pequeñitos en un cubo de basura. Hasta ahí vi.
Nadie protestó, ni alumnas ni padres, por que nos pusieran ese vídeo. Creo que entonces nadie estaba favor del aborto, pero después de ver o intentar ver el vídeo, lo fuimos menos, y también creo que a ninguna se nos ha olvidado.
Después he visto algún que otro reportaje por una extraña responsabilidad moral que creo que tengo y he llegado a llorar a gritos en mi salón, sudando y con las pulsaciones desequilibradas viendo como uno tras o otro iban matando a esos bebés, los que deberían dejarse la vida en salvarlos. Niños del mismo tiempo de gestación en el que otras veces, cuando esas mujeres -que consideran que tienen el poder de la vida y la muerte-, no acaban con sus vidas, enseñan en ecografías a sus amigos y familiares, orgullosas de la imagen de su hijo.
No hay peor dolor para mí que el que sufre un niño, un bebé, un gestante. Da igual si es por maltrato, por una catástrofe natural, o un aborto. Me da lo mismo que sea Ruth, José, las niñas filipinas que lloran en silencio, o alguno de los cientos de abortos que hay en España, en el mundo.
Nunca deberían de sufrir, jamás. Menos aún morir. Y si es dura la muerte de un niño, aún peor por una mano inducida por su madre, la de un médico que debería salvarlo, sanarlo y curarlo. Y espero que esas mujeres que juegan a ser dioses, lo piensen y no lo hagan, ellos no tienen la culpa. A lo mejor les hace falta que alguien les ponga ese vídeo….