Cuentan que durante la guerra, en la tierra donde me crié, Algeciras, los niños no tuvieron la visita de sus Majestades de Oriente los Reyes Magos, parece ser que tuvo que ver con una niebla espesa y así lo tuvieron que explicar los adultos de la época. No había necesidad de empañar de realidad la fantasía.
Los niños quedaron desconsolados como era lógico, acostarse con la ilusión y al despertar…nada, ni una muñeca de cartón, ni un pequeño coche. Había muchos que no tenían grandes regalos, no había bicicletas o patinetes pero siempre existía un detalle de sus majestades.
Al año siguiente para que no sucediera igual, durante el día previo a la llegada, el cinco de Enero, los niños arrastraron ollas viejas y latas, todo lo que hiciera ruido servía y atado con una cuerda hicieron ristras y dieron vueltas por todas las calles, para que si no veían a la población, los Reyes los oyeran y no los olvidaran. La cacerolada argentina tuvo que tener su origen aquí, estoy segura.
¡Algeciras existe Majestades! Lo de Teruel fue después, mucho más tarde, los pioneros reivindicativos de su lugar de origen fueron esos niños de los años cuarenta.
Se siguió haciendo durante varios años, exactamente no sé cuantos fueron, pero luego con la bonanza de la región y muchos «forasteros», el baby boom, los cambios de forma de vida y el progreso, esta tradición se perdió. Era algo «de pobres» y ya nadie era tan mísero como se era entonces, por suerte. De hecho cuando yo era niña no se arrastraban latas, yo no lo conocía mas que porque mi abuela me lo había contado en alguna ocasión.
Pero hace unos quince años hubo un abuelo que lo recordaba, luego lo hicieron hijo predilecto de la ciudad, pero ese día, esa mañana previa al día de reyes, él sin nadie más que su nieto y su ristra de latas salió a la calle en la mañana del día 5 de Enero a llamar a los Reyes Magos.
La gente mayor salía de los comercios, vi lágrimas en los ojos de los más ancianos y caras de asombro de muchos al recordar que un día ellos arrastraron latas o les contaron esa historia. El año siguiente fue una auténtica avalancha de personas llamando a los Reyes Magos que por supuesto vinieron.
Ya es un día de disfrute local, hay música, eventos, pasacalles, concurso de arrastres más bonitos y conseguidos -hay obras de arte- y desde bebés con sus ristras atadas en los carritos, hasta algunos más mayorcitos, la ciudad entera sale a la calle. El sonido no puedo compararlo con nada, es atronador, constante, hay que tener cuidado de no caerte con las ristras y las familias enteras recorren el centro de la ciudad con los más pequeños porque Algeciras existe, está en el mapa y los Reyes no deben olvidarlo, entre otras cosas porque yo he sido muy muy buena.
Autor: @AhoraRo
LUCES DE TOCADOR
Durante muchos años solo fue una amante esposa, alguien pendiente de los demás sin quejarse y sin plantearse ningún tipo de opción distinta. Era su oficio, su vocación y su trabajo. No tuvo hijos pero siempre cuidó de algún vecino o sobrino, y con esto su maternidad ya estaba satisfecha. Tampoco descuidaba a padres y suegros.
No supo bien cómo sucedió pero un día se miraron mientras cenaban y no había nada, podían seguir la inercia de una relación pero en esa mesa, en la cocina, mientras recogía los platos y buscaba algo de postre, con un hilo de voz oyó a su marido decirle que había conocido a alguien que le hacía sentir bien, que no había sucedido aún nada porque siempre le fue fiel pero que le gustaría darse una oportunidad con ella.
En el fondo de su alma ella se sintió aliviada, no lo reconocería nunca, jamás lo diría pero fue como si se hubiera librado de una gran losa. Por otro lado se sintió asustada, esa sensación de vértigo era miedo, no tenía trabajo, esa casa era de los dos ¿dónde iría? Su marido seguía hablando y ella le dijo que no tuviera ningún tipo de reparo, que no lo sintiera, que habían sido muy felices y eso es lo que quedaba para su recuerdo. Hablaron como dos amigos que se despedían para siempre, pusieron en orden sus ideas y sus pocas posesiones. Fue todo tan normal que no había posibilidad de trauma posible.
Ella se quedaría a vivir allí e intentaría buscar un trabajo…y en eso estaba. Sólo se permitió un capricho, fue un regalo que le hicieron sus amigas y lo aceptó. Puso un tocador como de camerino en su dormitorio, era algo con lo que soñó de pequeña, y ahora estaba allí, mirándose en el reflejo del espejo con todas las luces encendidas. Mientras se extendía un serúm rejuvenecedor -o eso decían- se empezaba a arrepentir de la cita que tenía en a penas una hora. Cogió el móvil pensando en poner una excusa tonta y se encontró un mensaje de su mejor amiga «Ni se te ocurra no ir». Sonrió, ¡cómo la conocía! Siguió con el paso que venía a continuación, no podía ocultar que había visto hasta vídeos en YouTube para saber como eran las tendencias ahora, y no sólo eso, tampoco sabía cómo se hacía, ya no recordaba la última vez que se maquilló, creía que fue para la boda de un sobrino, pero fue su sobrina la que hizo los honores. Todo era una novedad, hasta el vestido dormía encima de su cama.
Finalmente terminó de arreglarse. Se vistió con manos temblorosas y se miró al espejo. «Una cita…¡ay Maru! ¡A tu edad!», se dijo mirándose al espejo de cuerpo entero, pero después de ponerse sus zapatos de tacón se sintió algo más segura. Aun miró el teléfono con tentaciones de dejarlo todo, pero lo metió en el bolso y no le dio más vueltas. Iría. Ya era una vida nueva.
COBARDÍA
Allí estaba ella.
Sentada al final de un suspiro había días en los que la felicidad se le ponía un poco más de perfil. No era cuestión de grandes desgracias ni de enfermedades graves, solo era que el día se convertía en un inmenso lago azul sin salvavidas ni remo.
Consiente de que todos los días salía el sol, incluso detrás de las grises y apáticas nubes, intentaba no dejarse caer y solventar de alguna manera la rutina para obviar las tentaciones de naufragar. Las mecánicas tareas aprendidas, el paso de las horas contadas una a una, cumplir con escrupulosidad con todo lo que se esperaba que hiciera, no era más que la forma de huir de esa otra realidad sorprendente. No eran sorpresas agradables, ni risas y diversión, mas bien todo lo contrario, eran pequeños detalles de los que conformaban una vida en el fondo estéril.
Incapaz de tomar decisiones que le fracturaran la vida, o la cadera, las pocas veces en la que arriesgó su capital económico o sentimental no le fue bien, y ahora todos los matices de su vida se habían convertido en una falsa balsa de aceite. Alguien sin pasión y sin riesgos, sin emoción en su hoy, sin anhelo para mañana, porque aunque ya había pasado suficiente tiempo, varios meses, incluso años, al evitar mirar a la cara al dolor y enfrentarse a los errores, asumir culpas y desechar las que no le correspondían, al no haber repasado qué pasó para que no salieran las cosas bien, no había conseguido cicatrizar esas caídas y por tanto, no había aprendido nada de ese doloroso traspiés. Sólo decidió huir y sobrevolar su existencia.
Así que finalmente su vida era un suspiro, una queja muda, un horizonte con boceto de cadalso, y aunque no debía ser así, se sentía desdichada. Se le pasaba la vida en la cobardía de no enfrentarse a la realidad, la vida no era rosa por mucho que dijera la canción, los malos momentos se compensaban cuando llegaban los buenos y en las pequeñas cosas estaban las armas para ser feliz.
Quizás no lo entendiera nunca, puede que lo hiciese ya cuando fuera algo tarde, pero desde la cobardía nunca nadie llegó a sentirse viva.
POR ESTRENAR
Me gustan las cosas por estrenar, rasgar envoltorios, abrir botes -aunque sean engañosos «abre-fácil»-, oler los libros nuevos y despegar con cuidado las hojas de las libretas prensadas, los lápices a los que aun no se les ha sacado punta y cortar etiquetas. Seguramente será por eso que prefiero los amaneceres, los platos nuevos y las personas por conocer.
Prefiero el primer día de vacaciones, la primera mirada o la primera sonrisa, los caminos que no conozco y las botellas por abrir. Soy partidaria de creer que los besos cuando se dan se estrenan y que nunca un abrazo es la continuación de otro. Cada café es una experiencia distinta y aunque sea la amiga de la infancia y el bar de siempre, ese momento es tan único que se vuelve novedoso.
Adoro la virginidad de la arena de la playa antes de las avalanchas de humanos, las flores que se están abriendo y las pizarras impolutas. Las sábanas limpias y planchadas como de estreno y los zapatos si deformar por el uso.
Y me apasionan todas esas cosas para volverlas mías, y disfrutar del sonido de un bote al abrirse, de la primera luz de la mañana, de mis huellas en la orilla del mar. Escribir una primera página con un lápiz sin memoria, dar besos sin rutina al llegar el amanecer. Vivir cada momento como si fuera una aventura y si algo sale mal, sorprenderme de mis lágrimas como si nunca hubiera llorado.
El cambio de año trae doce meses por estrenar, muchos amaneceres que me dan el regalo de disfrutar de un día nuevo, en el que poder hacer muchas cosas que sepan a primera vez. Algunas me saldrán y otras no, pueden ser grandes tareas o pequeñas cosas, pero no hay duda que hasta los fracasos, las dudas y los malos momentos también se dan por primera vez.
De hecho, creo que si no fuera porque todo en sí es novedoso aprenderíamos de los errores, y si no lo hacemos y nos equivocamos una y mil veces no es más que por la consecuencia lógica de que en el fondo nada es igual.
Por si acaso intentaré estrenar mi mejor sonrisa a diario, enfrentarme a las páginas en blanco con la ilusión de hace tantísimo tiempo cuando escribí con letra deforme e infantil (muy infantil) mi primer cuento y dejar que cada momento sea sorprendente y nuevo.
SIN BALANCE
Ningunas ganas tengo de hacer resumen del año. Pararme a pensar mes por mes, día a día cómo me fue es algo descorazonador. Si en un sólo día se pasan por todo tipo de momentos, cualquiera hace resumen de 365 días… Creo que me niego y no lo voy a hacer.
Seguro que si lo hago hoy me sale un balance un poco triste y algo negativo, no mucho, pero sería incierto porque también he tenido momentos muy buenos, situaciones muy felices, días que recordaré con cariño y emoción toda mi vida. Sería injusto si pensara que en total ha sido el 2013 un mal año.
Aún así como soy persona de mirar más adelante que hacia detrás, prefiero lamerme poco las heridas, dejar «el pasado en lo atrasado» -que dicen en el Rey León- y darle todas las oportunidades al año que está por venir, que le quedan horas.
No tiene que ser un mal año, aunque a mi los números pares no me gusten nada, traerá momentos fantásticos y días horribles. Puede que algunos vuelvan a sonreír y otros lloren. Unos morirán y otros nacerán. A cada noche le seguirá un amanecer y siempre habrá una salida y una esperanza.
Es noche en la que algunos salen, sobre todo es especial para los mas jóvenes que lucen las mejores galas, los chavales sacan el traje de chaqueta y ellas se llenan de dorados y brillos. Reconozco que no es como antes -o eso me parece- cuando no salíamos ni tanto ni hasta tan tarde, y esa noche había manga ancha para llegar al amanecer o con los churros para todos. Era la noche en la que al salir del recinto donde estabas con la música aún retumbándote en los oídos, el muchacho de turno, para que no pasaras frío, se quitaba la chaqueta y te la daba…¡Qué momento ese! Las andaluzas lo vivimos también volviendo de la Feria…
Esas doce campanadas que son el momento de ponernos todos de acuerdo, menos los canarios, y nos tomamos las uvas en familia o en los puestos de trabajo, que los hay que están de guardia, no tenemos que olvidarlos. Pero es entonces cuando todos -pero todos- esperamos que el año que estrenamos sea EL AÑO, ese que nos cambiará la vida y nos dará todas las oportunidades, en el que los sueños se nos cumplen, y la salud no nos abandone.
Yo no me he hecho propósitos, me conformo con terminar las cosas que tengo pendientes y que sea el año nuevo el que me sorprenda. Pero si vosotros os los habéis hecho…que se cumplan y sobre todo… FELIZ AÑO NUEVO