LUCES DE TOCADOR

Durante muchos años solo fue una amante esposa, alguien pendiente de los demás sin quejarse y sin plantearse ningún tipo de opción distinta. Era su oficio, su vocación y su trabajo. No tuvo hijos pero siempre cuidó de algún vecino o sobrino, y con esto su maternidad ya estaba satisfecha. Tampoco descuidaba a padres y suegros.
No supo bien cómo sucedió pero un día se miraron mientras cenaban y no había nada, podían seguir la inercia de una relación pero en esa mesa, en la cocina, mientras recogía los platos y buscaba algo de postre, con un hilo de voz oyó a su marido decirle que había conocido a alguien que le hacía sentir bien, que no había sucedido aún nada porque siempre le fue fiel pero que le gustaría darse una oportunidad con ella.
En el fondo de su alma ella se sintió aliviada, no lo reconocería nunca, jamás lo diría pero fue como si se hubiera librado de una gran losa. Por otro lado se sintió asustada, esa sensación de vértigo era miedo, no tenía trabajo, esa casa era de los dos ¿dónde iría? Su marido seguía hablando y ella le dijo que no tuviera ningún tipo de reparo, que no lo sintiera, que habían sido muy felices y eso es lo que quedaba para su recuerdo. Hablaron como dos amigos que se despedían para siempre, pusieron en orden sus ideas y sus pocas posesiones. Fue todo tan normal que no había posibilidad de trauma posible.
Ella se quedaría a vivir allí e intentaría buscar un trabajo…y en eso estaba. Sólo se permitió un capricho, fue un regalo que le hicieron sus amigas y lo aceptó. Puso un tocador como de camerino en su dormitorio, era algo con lo que soñó de pequeña, y ahora estaba allí, mirándose en el reflejo del espejo con todas las luces encendidas. Mientras se extendía un serúm rejuvenecedor -o eso decían- se empezaba a arrepentir de la cita que tenía en a penas una hora. Cogió el móvil pensando en poner una excusa tonta y se encontró un mensaje de su mejor amiga “Ni se te ocurra no ir”. Sonrió, ¡cómo la conocía! Siguió con el paso que venía a continuación, no podía ocultar que había visto hasta vídeos en YouTube para saber como eran las tendencias ahora, y no sólo eso, tampoco sabía cómo se hacía, ya no recordaba la última vez que se maquilló, creía que fue para la boda de un sobrino, pero fue su sobrina la que hizo los honores. Todo era una novedad, hasta el vestido dormía encima de su cama.
Finalmente terminó de arreglarse. Se vistió con manos temblorosas y se miró al espejo. “Una cita…¡ay Maru! ¡A tu edad!”, se dijo mirándose al espejo de cuerpo entero, pero después de ponerse sus zapatos de tacón se sintió algo más segura. Aun miró el teléfono con tentaciones de dejarlo todo, pero lo metió en el bolso y no le dio más vueltas. Iría. Ya era una vida nueva.

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