Camina por la calle con la espalda derecha, sin vacilación, firme en el paso pero sin marcialidad en el andar. El viento juega con su pelo desordenándolo como si fuera el resultado de una cálida noche de compañía intensa y entonces sube los brazos casi como las alas de un cisne, como una dulce bailarina de ballet clásico y lo recoge en un gesto rápido, conocido y eficaz, con la seguridad de que durará poco y será un peinado efímero, continúa su paso. Es un camino a alguna parte, no pasea, sin embargo algo hace que parezca que flota por entre los adoquines de la ciudad.
Quien la observe desde lejos comprenderá cuanta sutileza femenina destilan sus movimientos, se le nota pensativa y dispersa y esos ojos vivos demuestran que su inteligencia va mucho más allá de la actividad neuronal, es inteligencia sensorial. Conductividad de pensamiento en la piel.
Lleva tacones altos al final de unas piernas eternas, el maquillaje tenue para la mañana, no es una mujer especialmente guapa, ni fea, la ropa que lleva no es de firma pero le sienta bien, elegida entre la comodidad y el buen gusto, sin embargo esto no es lo que le da la sensualidad, hay algo más, es esa manera intensa de no mirar, la boca entreabierta como si fuera a hablar, y los gestos cuidados de manera aprendida desde la infancia, sin imposturas, sin manual, inconsciente.
Finalmente llega a su destino, un par de niños como con churretes de agua se le cuelgan del cuello y se aferran a sus manos. Le cambia la sonrisa, se ilumina su mirada y escucha atenta y a la vez dos conversaciones distintas mientras avanza despacio, tironeada a ratos por esas manos pequeñas pero sin perder un ápice del equilibrio o la compostura.
¿Hasta que punto una mujer es consciente de que posee el erotismo como una rutina? ¿Es ese desconocimiento lo que le hace atractiva? ¿Qué es en realidad lo que provoca que las miradas se vuelvan, los caminos se ensanchen y las conversaciones enmudezcan? ¿Es amenzante estar en su presencia por la comparativa? ¿Los hombres bravucones en manada se sienten cohibidos en la singularidad? ¿Es la mezcla de dulzura y seguridad bien removida y no agitada la que atrae?
Autor: @AhoraRo
LIBROS
No soy yo muy de celebrar los consabidos «Día de» porque me resultan excesivos, siempre hay alguno y creo que nos hemos excedido en este ataque de celebración y jolgorio por distintas causas y cosas.
Yo que soy muy antigua para según que cosas, recuerdo que cuando alguien me decía «hoy es tu día» solía ser por dos circunstancias, a saber, que estaba en territorio aljarafeño y que estaba en el Rocío y de repente alguien se daba cuenta que era mi santo.
Tampoco voy a caer en el síndrome antisistema, algunos de esos días si lo celebro, por tradición, conveniencia, o porque sí. Siempre celebro el día de los «Tosantos», es decir, la celebración del Día de todos los Santos (que no halloween), el día de la madre que lo celebro como hija y como madre regalando y recibiendo regalos (algún día hablaré de la mente maquiavélica de algunos centros docentes a la hora de hacer esos regalos, aunque debido a las nuevas concepciones de familia, esto se está perdiendo pues había estrés infantil por tener que hacer dos regalos o tres).
En Granada celebraba el día de la Cruz, tradición preciosa y a no perder ni ahogar entre botellones variados. Luego el día del trabajo, por ser festivo, como el día de la Constitución, etc.
Pero de los días sin festivo anexo y sin religiosidad añadida, reconozco que el que más me gusta es el Día del Libro. En casa es tradición que nos regalemos un libro y ese día todos estrenamos un ejemplar, yo este año ya he cumplido y tengo mis regalos hechos. En papel, eso si. No soy una ultra del libro encuadernado, y acepto leer en digital, pero no puedo evitar el romanticismo que me supone ver las estanterías, abrir cualquiera de ellos por un lugar indeterminado y leer un párrafo, olerlos, sentir el tacto del papel, tanto si son nuevos como si están ajados y cuarteados como la piel de un anciano sabio por años, por experiencias y reflexiones.
Es el día que alguien te pregunte cuál es tu libro favorito, no puedo decir sólo uno, mi memoria sensitiva, sensible y personal va ligado a los libros. Hay quien recuerda su pasado por una persona, por una foto, por un regalo…yo puedo hacer mi autobiografía en base a los libros que leí en cada momento.
He sido lectora voraz de un libro al día, y he tenido la ventaja de olvidar con el tiempo lo leído, con lo cual siempre me enfrento a un libro nuevo cada vez que lo abro pero con la seguridad de saber que me va a gustar. Ahora leo menos libros más noticias pero en cuanto llega el verano, me pongo al día.
Creo haberlo contado ya, pero cuando era pequeña mi madre me castigaba a no leer porque sabía que era donde de verdad me estaba reprendiendo. Luego me he visto haciéndoselo a mis propias hijas. Es entonces, con ellas, cuando he sido consciente de cómo, cuánto y cómo leía yo, porque son como yo.
Recuerdo como el peor de los castigos cuando mi madre, despues de leerme tres veces seguidas «El Camino» de Delibes,- leía, terminaba el libro, lloraba y volvía a empezar – me lo quitaba y me decía que hasta que no pasaran al menos tres meses no lo podría volver a leer.
Todos los veranos me leía todos los Agatha Cristhie, y eso me daba para medio verano, pero hasta que no empezaba con ellos, no estaba yo en mi periodo estival. Detrás de ellos venían todos los demás…»La casa de la Troya» siempre. Y «Los tres mosqueteros».
Los «Mafalda» de Quino, genial Quino, imprescindible Quino, me los sé de memoria, si me pusieran los bocadillos de las viñetas vacíos podría rellenarlos sin ningún tipo de problemas y eso que la primera vez que los leí pregunté en casa quiénes eran los «be at les», así como se escribe, sin más…si John Lennon hubiera levantado la cabeza…
Pasé una época que leía con fruicción teatro, los Quintero sobretodo, pero Mihura, el gran Muñoz Seca, Arniches, etc. También la poesía entró en mi biblioteca pero es algo que leo de tarde en tarde y poco, no disfruto de un atracón de poesía. Es como un pastelito pequeño y muy dulce, solo uno y de vez en cuando, eso si, disfrutando al máximo su sabor. Tampoco soy hipercultísima, la novela rosa, siempre de época, tuvo hueco en mi vida, sobre todo de la mano de Victoria Holt.
De más mayor, Pérez-Reverte, Lorenzo Silva (mucho antes de su premio Planeta, vamos, desde el principio) Ruiz Zafón, Alvite, García Márquez (algunos), Isabel Allende, Terry Pratchett (gran descubrimiento), Anne Perry y tantos otros…
Si tuviera que quedarme con un libro sin duda sería «El Camino» de Delibes, otros muchos están ahí, en mi estantería, en mi piel y en mi corazón porque han configurado lo que soy, porque han sido parte de mi educación, de mi elección, de mi libertad, de mi esencia.
Feliz Día del Libro
SENSIBLE SENSIBILIDAD
Desde muy temprano he sabido que era un gran día y si algo durante el transcurso de las horas intenta nublarmelo, esperemos que no sea así, recordaré el sentimiento de esta mañana y conseguiré hacer un claro entre las nubes aunque sea a manotazos.
Todas las mañanas mientras preparo medio dormida un café imprescindible para conseguir abrir del todo los ojos conecto el wifi de mi móvil y miro los correos electrónicos y mientras saboreo el café o voy haciendo el desayuno de mis hijas, la merienda para el cole, quito el lavavajillas o el menester doméstico que toque, voy leyendo lo que me ha llegado durante la noche y después miro las noticias via Twitter.
Por lo general esos correos son spam, venta de outlets, vuelos baratísimos (a horas imposibles días entre semana), hoteles maravillosos más «baratos» y poco más, pero también me llegan los comentarios de este blog. Es lo primero que leo y los guardo todos, son mi tesoro, aunque normalmente el grueso de los comentarios me llegan por las redes sociales.
Esta mañana tenía dos, uno de la encantadora Luchy, mujer maravillosa y luchadora como todas y como pocas, una pintora diez. Sincera y «de frente», como buena asturiana, tiene la claridad de su mar y la frescura de sus prados.
El otro mail me ha sobrecogido, a duras penas tragué el café y he llorado, porque nunca me había pasado, sé que a los columnistas les sucede a menudo, pero a mi nunca alguien ha venido a dejarme un comentario sobre lo escrito si ese alguien es desconocido, pero ha sucedido y no tengo palabras para agradecer el detalle y el reconocimiento a un «artículo» absolutamene real sobre una mujer que nunca conocí pero que jamás se irá de mi cabeza, de mi corazón y de mis oraciones, Rocío Piñeiro, nuevamente gracias, esta vez por traer de la mano hasta aqui a tu hermano, para que tu familia sepa que somos muchos los que nos acordamos de ti y de ellos.
Este es el texto, a Rocío Piñeiro
MALOS TIEMPOS BUENAS COSAS
Las circunstancias no se están poniendo fáciles, la sociedad en sí está cayendo rápido y en picado por un negro túnel de desolación y desamparo. Todos en mayor o menor medida están mucho peor que hace unos años y sucumbir al pesimismo sería lo más lógico, dejarse llevar y entonces sólo encontrar el lado gris y difícil de las cosas. Porque ese lado existe, no podemos engañarnos, existe un lado terrible, duro y doloroso. Eso no desaparece.
Hay personas con mar de fondo, obtusas y negadas a ver lo bueno de las circunstancias, hasta cuando son buenas, así que en estos momentos tan complicados aún menos, pero incluso cuando a duras penas hay algo por lo que sonreír existe un resquicio positivo. Siempre hay algo, por poco que sea, solo hay que abrir los ojos al recuerdo, sentir los olores…abrir el horizonte.
Es cierto que hay casos extremos en los que solo existe la opción de ayudar, sonreír, apoyar y animar porque la compasión creo que no es un buen sentimiento, tiene que ser una compasión muy noble, muy blanca y muy sincera para que detrás de ella no haya un ápice de superioridad y es lo que menos necesita alguien que esté pasando por una situación extrema: que le recuerden que hay un mundo muchísimo mejor, ¡claro que sabe que existe!, incluso puede que formara parte de ese grandioso mundo, pero ya no es así. Tampoco hay que analizar los porques, ni las causas, ni las culpas, las cosas han sucedido así y no hay más remedio que mirar hacia delante. Hay un dicho inglés que dice : «de nada sirve llorar por la leche derramada» es gráfico, y es real. Sólo podemos disfrutar de lo que tenemos y seguir.
Hay que aprender a disfrutar las cosas simples, las más sencillas, no es que no nos guste el lujo, la buena vida, los grandes viajes, las cenas íntimas, todas esas cosas que se relacionan con vivir bien y que suelen ser tremendamente caras, pero poco a poco hay que ir acostumbrándose al placer y el encanto que producen las pequeñas cosas. Y esas están en todas partes.
PRESENTACIÓN LILAS EN UN PRADO NEGRO. BARCELONA
Nuevamente una presentación, esta vez la cálida Barcelona. No hay palabras para agradecer lo bien que nos trataron en la Fnac y la categoría y el cariño de Pepa Fernández, la profesionalidad no hace falta que la alabe porque es algo sabido por todos y que demuestra cada fin de semana.
Si bien es cierto que el trago de entrar a lo que fue una plaza de toros, yo que soy taurina, hecha centro comercial es algo difícil y encima por la puerta de la tienda del Barça, yo más madridista que el escudo….la verdad es que fue un lujo en todos los sentidos, por los asistentes, por el trato exquisito que nos dieron, por todo.
Puede que quede algo repetido, pero la verdad es que…es el mismo libro…
