DE LO QUE NO HAY

No soy tan mayor para echar de menos tantas cosas. Igual sí que soy una señora de edad y por estas ausencias debería darme cuenta que tengo más años de los que me dice el espejo y muchísimos más de los que me promete mi legión de productos de cosmética.

No me refiero a las personas. Gracias a Dios provengo de una familia más bien longeva que hace que las ausencias sean emocionalmente inmensas, pero con pocos entierros. (Nota a nuevos lectores: aquí la Muerte se respeta pero no se teme)

Lo cierto, sin contabilizar calendarios usados, es que me faltan demasiadas cosas en mi día a día. Cosas abstractas y algunas materiales que son difíciles de encontrar y que cuando lo consigo, me siento más Indiana Jones que otra cosa.

Echo de menos la palabra dada, el apretón de manos, la mirada sincera. Hoy la primera opción es pensar que van a mentir, que te intentan engañar o que van a manipular las circunstancias para ganar siempre la partida. Si hablamos de política ahora a la mentira se le llama posverdad o cambiar de opinión. Y no pasa nada.

Echo de menos la cultura del esfuerzo, de premiar a quien lo ha dado todo y lo ha conseguido. La llamada cultura del esfuerzo tiene que tener las dos variantes: esforzarse y conseguirlo. Habrá quien se esfuerce y no lo consiga, por supuesto, y tendrá el mérito de haberlo intentado, pero parte de nuestra tragedia en la educación vino de las valoraciones individuales donde cualquier cosa se considera notable. Aquí podríamos enlazar con lo anterior y vemos como se engaña a criaturas diciéndoles que tienen una titulación que no es en realidad la que acompaña a sus conocimientos.

Echo de menos el respeto. No sé cómo se enseña y tampoco cómo se consigue. La famosa frase de que hay que ganárselo, bien, la acepto, pero no sé cómo se llega. No es tanto el hablar de usted, eso es anecdótico, es más ese conjunto de actitudes delante de una persona mayor, como cuando un padre regaña a un hijo y éste aún intentando defenderse sabe que debe callar. Es el no ir destrozando el mobiliario urbano, las obras de arte, el patrimonio ajeno…

Echo de menos la aceptación de responsabilidad. Los actos tienen consecuencias. Hay que ser consecuente con lo que se dice y se hace y si toca aguantar el chaparrón ante una equivocación pues no hay más, no se echa balones fuera, no se puede culpar siempre a otro. (No, no estoy hablando de Xavi Hernández, pero podría)

Echo de menos la ortografía, sí, lo siento, soy ese tipo de persona. La ortografía y la sed de conocimiento. Comprendo que hoy la información está tan a mano que parece imposible, no hay necesidad se memorizar, pero al menos conocer las bases para no ser carne de fake news...lo que antes se llamaba mentir como bellacos.

Echo de menos los modales en la mesa. Ahora vas a cualquier terraza, bar o restaurante y puedes ver como unos se descalzan, otros hablan con la boca llena, nadie usa la pala del pescado, sorben la sopa, los codos en la mesa o las manos en el regazo, la comida espurreada por el plato… Demasiadas cosas terribles para mi pobre corazón.

Echo de menos la elegancia, para ser elegante no hay que tener dinero, sólo hay que saber estar, y cosas tan sencillas como no hablar a gritos, no caminar como un caballo cartujano, como respetar el espacio ajeno, como ceder el asiento en el transporte a las personas mayores, como dar las gracias y pedir las cosas por favor, como dar los buenos días o las buenas tardes (según sea el caso) y ¡hasta las buenas noches!, como tratar correctamente a las personas a tu cargo, al personal de servicios…

Luego hay cosas menos importantes que también echo de menos: los veraneos (que no es lo mismo que las vacaciones), los teléfonos de rosca, las rodillas sin dolor, los tomates con sabor a tomate, forrar los libros del colegio, los hoteles de verdad, las Navidades de mucha familia, los zapateros remendones, mis hijas de bebé, los chicles Cheiw, las noches de fiesta con zapatos de tacón infinitos, la ausencia de insomnio, el tiempo libre, la inocencia… y esta lista sí que sería eterna y cuestión de edad, me temo.

2 comentarios en “DE LO QUE NO HAY

  1. Te tengo un mi blog como recomendada, porque me encanta leer tus expresiones de mujer-mujer, lo que has hecho que sea hasta mal visto por esta patulea demoniaca de la agenda impuesta y por un 80% asumida y aplaudida. Un beso.

Replica a GatoFénix Cancelar la respuesta