DON HILARIÓN Y EL CONTESTADOR

Los tiempos adelantan que es una barbaridad, decía Don Hilarión en la Verbena de la Paloma. Don Hilarión, ese personaje tan castizo que era un listo, se sorprendía de los avances. No quiero ni pensar qué asombro tendría a día de hoy. Me lo imagino, iPhone en mano, a tan “apuesto” galán dedicándose a buscar entre los perfiles de las redes sociales “cuál de las dos les gusta más”. No sé que pensarían la morena y la rubia, por mucho que fueran hijas del pueblo Madrid, de los mensajes privados que Don Hilarión escribiría. Me queda la duda de si ellas tendrían twitter, supongo que sí, y decidido esto, si serían educadas y glamurosas  sin faltas de ortografía, o si pertenecerían al chonismo absoluto, el de las de selfies con morritos. Reconozco que aunque vestidas de chulapas no acierto a definirlas, las colocaría en el segundo grupo. Igual lo mío es pura maldad.
Seguro que don Hilarión tendría en su perfil una foto de Fassbender.
Aunque no lo parezca, yo sólo quería sorprenderme de lo rápido que evolucionan las cosas, y Don Hilarión se ha interpuesto en mi camino -algo querrá, igual ha visto mi cuenta de Twitter-.
Hoy en día, retomo la idea primigenia, la de que estamos avanzados, es fácil acceder a nuestra cuenta del banco de manera on line, unas claves (larguísimas), un entorno seguro y puedes realizar cualquier tipo de operación o de consulta. No sé si recordaréis, hace unos quince años, (que no es tanto tiempo), cuando la consulta se hacía de manera telefónica. La marcación te identificaba y una voz metálica y desagradable te daba acceso a unas operaciones muy limitadas, nada que ver con lo de hoy en día. En ocasiones la marcación no iba y entonces se suponía que te reconocía por la voz.  Había que cantar números principalmente. Nada complicado.
La centralita de La Caixa y yo sabemos la de rato que hemos estado juntas. Esa máquina fue mi mejor amiga. Hubo un tiempo en el que hablábamos tanto, (ella me decía “no le he comprendido, repita por favor”), que estuve a punto de hacerla madrina de mi hija mayor.
Parece ser que pese a que mi acento no es excesivamente andaluz y que me esforzaba en pronunciar todas las eses, ces y zetas, aunque no me comía ni aspiraba ninguna letra, sabiendo que mi dicción no tenía que envidiar a los vallisoletanos, no conseguía que me entendiera. Acabé pensando que era una conspiración digna de Cuarto Milenio, un complot por el que querían que los que marcábamos con prefijo de fuera de Cataluña, nos sintiéramos mal y la llamada al 902 se eternizara para aumentar su beneficio…Pensé que era una estrategia para sentirse superiores frente a los que pasábamos minutos creyendo que no sabíamos ni hablar.
Menos mal que les dio por avanzar y por fin me vi libre de la conversación con aquella que yo pensaba que era mi amiga, pero que en realidad me estaba utilizando, usándome para conseguir sus intereses. Ahora sólo tecleo y a veces repito los números en voz alta para darme el gusto. Lo que no tengo tan claro es si Don Hilarión tiene Twitter, por si acaso, voy a mirar…
 

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