PARÓN

Llegan cuatro días festivos y me he pensado mucho que hacer. Tomar unas vacaciones o seguir escribiendo a diario, como he estado haciendo este último tiempo. Escribir dos días y descansar otros dos. Por una lado no quería perder la continuidad del blog porque sé que cada vez que hago un parón luego cuesta volver a recordar que estoy aquí. Hay infinidad de blogs, muchos post, cientos artículos de periódicos y poco tiempo. Entiendo que es un acto de buena voluntad pasar a diario por aquí.
Pero como ya he contado en otras ocasiones, lo cierto es que escribo porque lo necesito. Contar o imaginar sucesos, dar mi opinión o inventar un cuento, forma parte de los mínimos que necesito para estar bien y ser moderadamente feliz. Así que aunque lo que más me gusta es la retroalimentación que hacéis de lo que escribo, ya sea por los comentarios aquí o por el twitter, comprendo que en el fondo yo seguiría escribiendo igual. La diferencia está en que no sería igual de divertido o de estimulante. Muchas veces sois vosotros mismos los que me proporcionáis los temas o la continuidad de una saga. Y me encanta.
He decidido parar asumiendo las consecuencias. Aún así estos cuatro días lo voy a pasar descansando, y vosotros de mí. Voy a llenarme de ideas, de mimos familiares, de «aventuras» y de sensaciones, para tener muchas mas cosas que contar. Abriré los ojos grandes al mundo y espero que el mundo entre en mí hasta por la epidermis. La famosa libreta me acompañará.
Espero que disfrutéis mucho de estos días, no sé si contáis como yo los días que quedan para el verano, pero esto es un adelanto bastante suculento. Que cada uno donde esté, en la medida de sus posibilidades, lo pase bien o descanse, incluso las dos cosas a la vez.
El lunes de pascua volveré aquí, como siempre.
Felices vacaciones.

FÚTBOL ES FÚTBOL

Que soy del Real Madrid es conocido, que vivo los partidos con pasión también, que me gusta el fútbol no lo niego.
Reconozco que me tienta más que nada, sobre todo a partir de ahora, no puedo negarlo. Llegan los dos meses de finales. Llegan los días de nervios y me entran unas ganas locas de coger esta virtual hoja en blanco y dedicarme a arengar a mi equipo de fútbol. Sin embargo, pocas cosas me asustarían más que escribir del deporte rey, del amado balompié.
Esta es otra de mis contradicciones, de mi ecléctica personalidad. Mi lucha entre el querer y el deber, el anhelar y el miedo.
No hablo de la igualar a los periódicos deportivos desde aquí, eso no me daría miedo. La prensa estrictamente deportiva, esa que llena sus páginas de faltas de ortografía y de rigor. Esa que inventa hipérboles imposibles, adjetivos agigantados, y que se desmarca con portadas de dudoso gusto o veracidad. No, no me refiero a esos que escriben artículos como redacciones de EGB para explicar lo inexplicable o para darle perfil de razón absoluta a sus ensoñaciones. No cuento con la que llena hojas de fichajes falsos y rumores infundados que nacen de ellos mismos.
Me centro en los que escriben de fútbol fuera de esos periódicos específicos. Más que nada me quedo con los tres jinetes del apocalipsis (Huhges, Gistau y Jabois)  porque si hubiera un cuarto jinete, seguramente se quedó tomándose una cerveza más.
Darle categoría de «Los tres cerditos» a estos señores, me parece una ofensa y un exceso compararlos con la Santísima Trinidad.
Porque los tres mosqueteros serían poco relevantes, para lo buenos que son, y con D´Artagnan, que es el innegable protagonista, vuelven a ser cuatro. Aun así puede que Gistau fuera Porthos, sin duda Athos sería Huhges pero no veo a Jabois como Aramis, o quizás sí, que para eso es gallego y todo depende. El caso es que, si lo pienso, podría darle a Arbeloa con sus tuits el papel de D´Artagnan, y entonces, como cualquier tuitero podría decir: «lo veo y me cuadra». Dejemos libre a Milady de Winter (aunque me tienta otorgarme el sobrenombre, siempre quise ser como ella, tatuaje incluido) y dejemos a Villar, o al Barça, incluso a Platini, el papel del Cardenal Richelieu. 
¡Cómo osar comparar mis escritos con los de ellos!
La segunda razón es la más temida, todos tenemos un entrenador dentro y una alineación perfecta. Todos sabemos cómo enfrentaríamos los partidos y por supuesto tenemos nuestros favoritos, aunque la pasión vaya con el equipo entero. Escribir del Real Madrid sería echarme encima a madridistas y a todos los contrarios. Pedir la épica, enarbolar el espíritu del siempre eterno Juanito, invocar a la bolea de Zidane, al genio de Hierro, al taconazo de Redondo, al gol de la Séptima, sí, eso es lo fácil, lo que  me pide el cuerpo, pero voy a ser cobarde, y no voy a hablar de fútbol.

LA VOZ DE CORLEONE

Hay momentos en los que cuesta escribir. Se atraganta el teclado y las letras van bajando una a una por la tráquea, dejan un mínimo hueco para respirar y mantenerse con vida, angustiosa pero vida.
Esos ratos en los que te encuentras suspirando, rogando a las musas y a los dioses que te pasen cosas, aunque sea un estética bofetada como la que Gilda recibió de Farrell. Lo que sea. Luego lo piensas, y eres consciente de la barbaridad a la que se dedica tu subconsciente y casi te ves como la jovencita de un libro de Enid Blyton, agitando la cabeza para que se vayan los malos pensamientos. Porque las jovencitas de esos libros siempre lo hacían así y les servía. Un ahorro para el gasto en psiquiatra.
Es entonces cuando giras hacia la imaginación, con la esperanza que pintan los fados, prácticamente ninguna. Porque según la temporada, la imaginación tiene pinta de pasa más que de lustrosa uva en el frutero de Portugal; y las pasas, como cuenta la leyenda, sólo sirven para aumentar una talla de sujetador y apartarlas del plum cake.
«Nadie te obliga», suelen decirme, y me lo repito en el hueco neuronal que sufro en ese momento. «Me obligo yo», contesta el eco. Esta voz que se empeña en hablarme, que susurra como Marlon Brandon en El Padrino, lo que sería en otro momento un placer, pero con la manía que le estoy cogiendo, empieza a sonarme como Gracita Morales con delantal y cofia (Señoritooo).
Y piensas en temas a escribir, miras la consabida libreta: amor, sistema educativo, atardeceres a caballo, sexo, amistad, la crisis que nos encorseta aferrados al poste de la cama -nosotros somos Vivien Leigh por supuesto, Montoro es Mama-, y parece que ves la luz al final del túnel y echas a andar presurosa y ni siquiera buscas una música con la que escribir, aterrada por perder ese mínimo fleco.
Y suena el teléfono y la educación te impide no cogerlo, y la maternidad te obliga a descolgar, y es el tele operador de Jazztel y estás a tres segundos de acordarte de todos sus ancestros fallecidos pero sólo cuelgas y lanzas lejos el teléfono inalámbrico (primera base). Protestas en voz alta, defecando en el marketing.
Has perdido la inspiración, mínima, quizás insuficiente. Bajas los brazos sobre el teclado, vencida por la telefonía, cuando en realidad, si oyera a Don Vito Corleone, sólo estás usando el hispánico recurso de echarle la culpa a otro. Y eso aún no es figura literaria.
Y ya da tiempo a buscar música, empiezas de cero, incierto, empiezas de menos diez. Te tienta que sea la banda sonora de El Padrino la que te amenice pero mueves el ratón y pulsas Batman. Los superhéroes nunca fallan.

HOMBRE IDEAL

– ¿Qué le pides a un hombre para que sea digno de ti?, me preguntó entre la curiosidad y el pie de conversación.
Creo que quería hacerme hablar para poder desconectar o quizás fuera una intriga sincera, sin embargo fui rápida, lo tenía claro, era fácil mi respuesta. Podría matizar lo de la dignidad, pero sabía que era innecesario, que era coloquial. Lo entendí sin apegarme a la literalidad.
– Que hasta sus silencios sean inteligentes.
Puede que no se esperara la respuesta o quizás capté su atención con ella, pero no le estaba mintiendo, era algo que tenía muy claro.
– Por favor explícamelo, me rogó.
Sonreí porque no sabía hasta que punto debía hablar, me movía en un terreno pantanoso. Si me ponía a explicar, a enumerar, lo más seguro es que en su mente empezara a tachar las que consideraba que él tenía. Aún así me arriesgué.
– Es fácil, a mí me producen cierta desidia esas parejas de tan bajo nivel cultural (que no económico) que cuando conversan suena el eco. Yo necesito que ese hombre sepa hablar, escuchar y hasta que me enseñe lo que él sabe y yo no. Luego están las pequeñas cosas, que su voz sea bonita, por ejemplo. Que sepa mirar y ver, que son dos cosas diferentes.
– No me has dicho nada del físico…
– El físico va por dentro. Es verdad que hay personas que no atraen y es imposible encontrarles algo que sea atractivo para nosotros. También está la opción contraria, personas que son poco agraciadas físicamente pero que su personalidad es tan interesante, tan apasionante, tan bella, que no queda más remedio que caer rendido a sus pies.
– Curioso
– No lo digo de broma. Es cierto que un hombre muy guapo hace que se le mire, incluso es posible desearlo, pero para que sea alguien con un mínimo de constancia en mi vida, tiene que ser primero bello por dentro.
– Eso es un gran tópico, me consta que lo sabes.
– Sí, pero es cierto. Por eso necesito que sean inteligentes, esas personas son además irónicas y con un sentido del humor poco chabacano y hasta si tuviera algo de vulgaridad lo disimulan con cierto estilo.
– Tú príncipe azul tiene demasiados requisitos, comentó entre jocoso y retador.
No supe identificar si quería jugar o me estaba insultando veladamente, así que callé y le miré. El silencio, lejos de ser incómodo era elocuente. Finalmente lo rompió él con una sonrisa
– No has dicho una palabra pero tus ojos me lo han dicho todo.
Sonreí con algo de picardía y mis incisivos mordieron mi labio inferior en un gesto repetitivo de nervios y sensualidad.
– Aprende que siempre, en cualquier circunstancia, para callarme más que la boca… tendrás que taparme los ojos.

NUESTRA CANCIÓN

Hay historias que no pueden salir bien si no tienen su música de fondo. Es necesaria esa música y recordarla. Imprescindible para que el día de mañana puedan mirarse a los ojos los dos sujetos de la historia y digan: «es nuestra canción». No importa que sea en el gimnasio o el hilo musical de un ascensor, la tonada es lo de menos, y si no hay música, la siguiente vez que exista esa melodía será indiscutiblemente definida como «nuestra canción».
Es lo que está establecido, lo políticamente correcto, las parejas tienen una fecha que recordar y una canción en la que suspirar.
Parece que sin esos detalles literarios no tienes nada importante en lo que fundamentar tu relación. Si unos sujetos, dos, se conocen un jueves y disfrutan de su compañía durante un mes, con alguna que otra caricia, quizás algún beso, algunos días sin saber uno del otro, pensándose sin asumirlo del todo, pero que no se sienten uno – he estado elegante, reconocédmelo- hasta equis tiempo después, y además no deciden que son pareja formal hasta que han pasado casi seis meses desde aquel jueves, y en realidad ni siquiera lo decidieron si no que surgió, entonces, su vida de pareja está abocada al fracaso, salvo que se sienten y establezcan un día D. Francamente, me parece una tontería.
Yo, que a veces soy pragmática y a ratos soñadora, creo que en realidad todo es mentira. No hay día D, puede que sí que exista el día de cuando se conocieron. No es la canción de cuando nos miramos arrebolados y llenos de pasión en la mirada, salvo en contadas excepciones, es más la que oímos más veces juntos, la que cantamos locamente en un karaoke (yo no, que no me gustan nada), la que bailamos un día a la luz de la luna o del frigorífico abierto, la que le oyes cantar cuando está nervioso o la que os enseñó vuestra hija cuando estaba en la guardería. O todas juntas. Me cuesta creer toda una relación en base a una sola canción. Yo no podría. Igual sin esforzarme mucho me salen doce o trece.
A lo mejor es bueno mirarse un día a ras de una taza de café y pensar cuál es el día en el que es mejor reconocer como kilómetro cero de su relación, o la fecha a recordar y celebrar como aniversario. Puede que no esté mal pensar un día cuál es «nuestra canción». Yo, personalmente tengo claro que a  mi me sale una lista de Spotify.