CELERIDAD

Ahora es cierto que ganamos en celeridad. Lo podemos padecemos (?) en aviones y trenes, siempre que no haya huelga o los retrasos no hagan estragos. También lo vemos en las comunicaciones, quizás es donde más usual es disfrutar de su avance. Entre el “señorita póngame con el 47” y la señorita operadora le ponía, quizás en todos los sentidos, y mientras ella manipulaba las clavijas haciéndolas danzar por el aire, un señor enamorado de su voz, contenía la respiración, y la llamada a móviles que hacen innecesario el estar en casa para hablar con quien se quiera, siempre que se escuche el móvil, se encuentre en el bolso y se acierte a pasar el dedito por la pantalla antes de que se corte…va un mundo.
No puedo negar que las telefonistas me parecen, desde la distancia de no haberlas conocido, algo de un romanticismo innegable. Unas veces las imagino de elevada edad y zapatones, cotillas y curiosas, enfrascadas en la vida ajena, pendientes de quién llama a quien y por qué. Llenas de secretos ajenos dispuestos a ser aireados sin remordimientos, que ellas no tenían limitaciones por juramentos hipocráticos o por secreto de confesión. Otras veces, en mi mente, son unas especie de pin up, jovencitas de voz agradable que tenían un novio con el que ir los domingos a bailar. Hoy en día lo más parecido es, Obama para la primera versión y las tele operadoras de Jazztel o de las líneas eróticas, para las segunda.
También existía la compra “por correspondencia” Es cierto que tardaba mucho, y también es verdad que sigue existiendo, pero recuerdo como si fuera hoy, cuando llegaban los paquetes de Yves-Rocher para mi madre y mis tías. A mí me ilusionaba hasta rascar los presuntos premios que venían siempre en las cartas con el catálogo. La felicidad de que siempre me tocaba algo, cómo iba a suponer yo que todo estaba manipulado…no tardé en enterarme, pero el tiempo que fui feliz nadie me lo quita.
Una de las hermanas de mi abuela era adicta, igual compraba figuritas que luego eran mucho más pequeñas y con porcelana ausente, que juegos de café minúsculos que no se parecían en nada a la foto del catálogo. Si divertido era cuando llegaba el paquete y no era lo  que quería, pero se conformaba, mejor era cuando se peleaba con el de turno devolviendo la mercancía. Muy enojada y siempre de usted, remitía unas cartas incendiarias que eran dignas de haber guardado copia. Lo mejor sin duda cuando pedía las camisetas “Damart” y nunca daba con la talla. No podíamos parar de reír.
Y en esas estoy yo, como entonces, hemos ganado en tiempo, en celeridad, pero yo sigo teniendo que ir a cambiar, los zapatos que pedí on line, con una sonrisa acordándome de esos tiempo, porque es más o menos comprar “por correspondencia”

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3 comentarios en “CELERIDAD

  1. Si el pueblo no era muy grande ni siquiera se pedía el número sino “¿me pone con la botica?”.

    Una de las telefonistas de mi pueblo fue sin dudarlo la muchacha más guapa de su tiempo. Sin embargo, se conocía su turno en la central por lo timbrado de su voz y lo áspero de su tono.

    N. J.

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