EL BAR

Celebró sus diecinueve trabajando, sonriendo y dando las gracias a todos los que se acercaban a la barra pidiendo una bebida, felicitándola y de paso llevándose un chupito de regalo.
El chupito lo había preparado ya varias veces, iba en coctelera: Martini Blanco, Gin, vodka, ron blanco, tequila, un chorreón de limón y verdosa lima limón. Algo de hielo, muy poco, ritmo de muñeca, y ronda de mini vasitos para todos. En una copa redonda, debajo de la barra había vaciado una coctelera entera para ella. A penas tenía tiempo de dar algún pequeño sorbo y además él de vez en cuando también atacaba la copa.
Lo miró desde la otra punta, ella servía el lado amplio de la ele mientras él servía en la pequeña donde había clientes de diario y personas con más ganas de hablar, los “solitarios” les llamaba íntimamente. Ella iba como un torbellino pese a las botas de tacón alto. Lo miró y con un gesto le avisó de que necesitaba más hielo, entonces como si se excusase por una llamada en una cena de gala dejaba su puesto y le traía una bolsa que le abría con destreza.
Entre ellos ni un gesto de cariño, a duras penas de complicidad, él le decía que era de malos profesionales, pero todos sabían que estaban juntos, era extraña su manía. De todas formas no importaba, respetaba su opinión y aunque a veces metía la pata y le decía algo cariñoso, por lo general eran dos compañeros de trabajo, eso sí, de la modalidad de los poco comunicativos.
Le gustaba lo que estaba haciendo pero estaba agotada, no sólo era este sábado, es que no descansaba desde el domingo pasado. Iba por las mañanas a poner desayunos, se iba a las prácticas y volvía para preparar tapas, por las tardes se iba a clase y en ocasiones tenía que saltárselas para echar una mano para meriendas o cervezas al atardecer. Las perfectas notas del curso pasado no se habían repetido durante este curso. “Siempre nos quedará septiembre” ¿no era así?
El ambiente iba a más, el calor era impropio del mes de diciembre, y a la tercera vez que le cantaron cumpleaños feliz acabó subida a la barra bailando. ¡No todos los días se cumplen diecinueve! Pero menos mal que ya mismo tendrían que cerrar. Quedaba limpiar pero al menos ya no tendría que seguir sirviendo y podría sentarse unos minutos. Había que coger ánimos también para enfrentarse a los cuartos de baño, ¿por qué la gente era tan guarra?
El bar iba muy bien, cuando él -su novio- lo cogió de manos de sus hermanos estaba en la ruina, ahora daba dinero, no mucho pero se cubrían gastos, él se llevaba un pequeñísimo sueldo y ella…ella nada. Una vez vaciaron el bote y fueron a una hamburguesería porque no dio para más. Sus amigas le recriminaban la vida que llevaba, todo el día allí, sin cobrar y dando de lado los estudios ¿estaba loca? Pues quizás, un poco, pero no lo podía dejar solo. O al menos eso creía. Y eso que sus amigas no sabían que ella fue la segunda opción de él, primero le preguntó varias veces por una de sus amigas pero como ésta tenía novio acabó saliendo con ella…tenía que reconocer que eso la carcomía un poco pero a lo mejor en el futuro, rodeados de nietos, se reían de todo eso.
Ahora lo recordaba ahora sentada en el escalón de dos portales más allá de la puerta de bar. Era finales de septiembre y habían hecho la fiesta de la liquidación, el bar se cerraba porque ella no podía dejar más los estudios y él decidió que no contrataría a nadie. A pesar de todo, sentía cierta nostalgia. En realidad, sola y acurrucando sus rodillas con sus brazos, lloraba. Cuando él le dijo que se daba por vencido y que se cerraba definitivamente, ella pensó que tendrían mucho más tiempo para ellos, serían dos universitarios normales. Ella pensó…tantas cosas…
Cuando bajaron los automáticos de las luces y se cerró la puerta, ella le preguntó si le apetecía ir a tomar algo y él se encendió un cigarro, la miró a los ojos y muy despacio, muy tranquilo le dijo contundente, rompiendo la madrugada: “Se cierra el bar. No quiero seguir contigo. Ya no te necesito”

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2 comentarios en “EL BAR

  1. Pobrecita …. , una de las muchas versiones del abandono, esta vez, como todo lo de este blog, magistralmente descrito por Rocío

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