EL SECRETO

Tengo un secreto.
Es cierto que no es mi secreto, es un secreto de otra persona que me concierne a mí, quizás eso me diera derecho sobre el secreto en cuestión, a fin de cuentas también es mío, pero no lo siento así, no consigo hacerlo propio para que me otorgue libertad de decisión sobre él.
Pienso, puede que equivocadamente, que si pudiera hablar de ello sin problemas, sin tapujos, sin esconderlo, con normalidad, quizás sería más fácil para todos pero sin embargo no es así. Porque no puedo contarlo, es uno de los requisitos de los contratos no escritos de la lealtad a una persona.
Curiosamente jamás me han dicho “no se lo digas a nadie”, pero sin embargo yo he aceptado que si es algo que afecta a la sensibilidad de otra persona, a su intimidad, merece un respeto y una discreción. Podría escudarme en que nadie me advirtió que debía de tener voto de silencio al respecto, pero sería una falsa excusa y se me da muy mal auto engañarme. Con nadie soy más sincera que conmigo, creo que a veces incluso hasta cruel conmigo, así que no me sirven matices pseudoinventados.
Tampoco voy a pedir permiso para hacerlo, ¿qué tipo de persona, desconsiderada y descortés, sería yo si lo hiciera? Sería dejar el péndulo de la inquietud sobre la cabeza del verdadero poseedor del asunto silenciado; la espada de Damocles, el horror de decidir algo que ya se había decidido en su momento: quiso que fuera ocultado.
Reconozco que no se puede ocultar pero tampoco se airea, es algo complicado. Ante la pregunta directa (y dependiendo de la persona que pregunte) no se puede evitar decir parte de la verdad, pero sin desarrollar el argumento, y creo que he conseguido una cintura estupenda sólo de esquivar el tema, regateo como un futbolista, ya gozo de cierto arte para comenzar a hablar de otra cosa, un cambio de tercio sin que se note demasiado. Aunque lo curioso es que no conozco el secreto al cien por cien, digamos que conozco casi todo, así que tampoco estoy faltando a la verdad cuando no puedo decir más, ni rompo la lealtad porque en realidad no desvelo nada.
La situación no es cómoda, tampoco es que tenga que sufrir una angustia atroz diaria. Pero es algo latente. Constante.
Pero es que yo, tengo un secreto.

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