CORAZA DE TITANIO

Se había acostumbrado a no querer sentir. Vivía con una coraza incómoda en ocasiones, era un recubrimiento de titanio que permite pocas lágrimas de alegría pero que salva la mayoría de las veces del sufrimiento. Sonreía adecuadamente, participaba en reuniones divertidas y hasta se podía decir que era dicharachera y simpática pero si alguien intentaba acceder a su yo más íntimo no lo conseguía. Aún así no podría decirse que era huraña, sólo era inaccesible.
Caminaba sin miedo y pisaba fuerte sin aplastar a nadie, miraba siempre de frente y a los ojos, con la seguridad de que en los suyos estaba la realidad y en los demás sus mentiras e incapacidades. Leyendo pupilas ajenas, movimientos imperceptibles o palabras en cascada conseguía descubrir el alma oculta de los demás: sus deseos, sus aficiones, sus anhelos o los propósitos que tenían frente a ella.
Erguida con la naturalidad de una consagrada bailarina de ballet se podía interpretar en su esbelto cuello la serenidad de una mujer segura de sí misma. Tenía pocos malos momentos y cuando se daban jamás se permitía que se trasladaran al exterior. Nadie lo intuía, jamás se prestaba a que se conociera que había un algo, grande o pequeño, que le hacía sucumbir a la debilidad del sentimiento, a la característica humana del sufrir razonado o irracional.
Lo cierto, no podía engañarse a si misma, es que no era más que alguien sensible peleando por no ser una más de esas blandas personas que tanto odiaba y a las que evitaba para no sentir la empatía que los demás le comentaban que se manifestaba ante el sufrimiento ajeno. Lo había conseguido.
Hubo una época en su vida en la que dejó que entraran en su alma, acamparan en su corazón, conocieran sus debilidades…y cuando levantaron el campamento comprendió el error que supone la entrega sin condiciones a otra persona. Y parecía ser, al menos así lo tenía comprobado por las experiencias ajenas, que si alguien guarda algo para sí en una relación, se convierte en alta traición. Debe ser siempre algo pleno, completo …¡estúpida decisión! Era la mejor manera de suicidarse emocionalmente.
Finalmente decidió que pese a que la sociedad no estuviera preparada, ella sólo tomaría lo que le interesara, sin dañar a nadie, lo que le hiciera sentir bien y no le acarreara ninguna preocupación en su vida, ninguna complicación en su día a día, y sobre todo no le volvieran a hacer sentir ese vacío en el estómago, contraseña del dolor en el alma, que se produce cuando sabes que ya no existe el amor correspondido.

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