BAILES DE DESDÉN

“¿Sabes nena? No eres más que mi mejor excusa para no dormir solo esta noche, ni siquiera tengo claro que seas la mejor pero tampoco tengo ganas de buscar alguien mejor que tú. No me hagas mohines que tú tampoco quieres volver a esa habitación destartalada que te empeñas en adecentar colgando cuentas de cristal y vaporosas telas como si con atrezzo consiguieses convertir una pocilga en un palacio”.
Se levantó con algo parecido a la desgana y desde allí contempló a la monada fiera que le miraba desde el otro lado de sus ojos, la que con el arma del silencio no se permitía ni la condescendencia de contestar lo que ella consideraba palabras huecas como su cerebro. Le tendió la mano, justo después de colocarse bien los puños de la camisa, y ella aceptó más por costumbre que por ganas. Sus perfectas piernas caminaron en unos usados zapatos de tacón a los que aun les quedaban muchas temporadas y juntos se aceraron a la circular pista de baile.
En el fondo eran una pareja llamativa y ambos lo sabían. Él tan elegante, impoluto y con un afeitado perfecto, oliendo a loción y crema para el pelo; puede que el traje fuera de los baratos pero su figura hacía más que los dólares, y en sus ademanes de dominación y conquista iba el esto de su atractivo. Ella tenía toda la belleza sureña que se puede esperar, ojos desgarradoramente grandes, con una melena negra que contrastaba con su piel blanca y su rostro finalizaba en una boca carnosa de rojo mate y gesto ganador; la seda turquesa le caía como una segunda piel y su escote no se permitía palpitar.
Como en un guión aprendido sonó el don del trompetista y él le ciñó aun más la cintura al tomarla en su abrazo y hasta los demás bailarines se iban retirando poco a poco para darles el espacio que merecían. Su manera de tomar la pista era un clásico del club, sin más enseñanzas que las que le iba poniendo la vida, su baile se convertía en una tensión de fuerza y deseo envuelta en notas musicales. Sin resultar vulgares u obscenos eran tan eróticos que el cantante paraba en ocasiones a tragar saliva congestionándose por momentos.
Al terminar se separaban y ni se dirigían la mirada, los de las mesas salían del trance y contenían las ganas de aplaudir y en alguna que otra ocasión, ricachones les habían invitado a alguna botella e incluso a ella le habían llegado joyas en estuche de terciopelo, por supuesto aceptó la joya y no entregó nada a cambio.
Una nueva copa les hacía volver del ensueño del compas del baile donde sus cuerpos hablaban sin necesidad de palabras, y tras un trago que les refrescara del esfuerzo de contención y coordinación, fue ella la que por fin le dirigió la palabra…
“¿Sabes cielo? Esta noche no seré tuya, ni lo seré ninguna más. No eres más que un buen bailarín que no tiene más ambición que unas piernas alrededor de su cuerpo para llegar al día siguiente. No eres suficiente para mí. Piensa bien lo que haces, encanto, no intentes ponerme la mano encima, conoces mis habilidades y lo que escondo junto a mis medias, así que prende mi cigarrillo y acéptalo como un hombre, si es que puedes.”

Anuncios

2 comentarios en “BAILES DE DESDÉN

Deja un comentario si te apetece por fi

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s