CANALLA

Del encanto y embrujo de la mujer andaluza se ha escrito mucho, no todo lo que se debería (como andaluza reivindico el derecho al halago) pero sí lo han hecho casi todos los grandes de la literatura. Grandes pintores han ensalzado a la mujer del sur: morena, racial y de ojos grandes, oscuros y melena salvaje. De cualquier condición.
El señorito andaluz ha tenido, y tiene, unas connotaciones peyorativas conseguidas a base de balas perdidas, sin apología de la violencia armamentística, y despilfarradores de herencias. No todos…que siempre hubo de todo y el campo, lugar donde se suele enclavar al señorito andaluz, si se trabaja, es muy duro. Para el peón mucho más, claro. No quisiera yo entrar en una lucha de clases de esas que el SAT se empeña en rememorar.
Me refiero a una tipología masculina poco explotada y nada definida, en la literatura  -o así lo creo yo- que es el canalla, el golfo, el andaluz generalmente guapo, con “posibles” relativos, de esos que pueblan mi geografía.
Hablaba con una amiga que me decía que este tipo de hombre solo existe aquí, en el sur, y yo -que estoy viajada al menos un poco- reconozco que la forma de ser de ese tipo de hombre solo la he visto de Despeñaperros para abajo.
El canalla, definámoslo así, es un hombre guapo y si no es guapo del todo, es bien parecido, bien educado, no hace falta que venga de una familia de rancio abolengo, pero ha estudiado en buenos colegios (no tienen que ser privados) y lleva las camisas perfectamente planchadas. Las camisas de manga larga, obvio.
Este tipo de hombre cuando te da dos besos te envuelve y además de absorber todo su perfume o loción post afeitado, te pone la mano en la cintura para hacerlo. Y si puede sigue la conversación y ahí la deja.
Es un hombre que si va con amigos, aprovecha cualquier conversación para pararla de repente y decir “¿habéis visto los ojos que tiene esta niña?” y entonces…claro, gana al menos la sonrisa de la de enfrente o la cara de sorpresa.
Si no sabe bailar, al inventárselo lo borda, y si no sabe de vinos, usa un fijo o una cerveza, que así no se equivoca. Porque lo de equivocarse no suele estar en su diccionario y si lo hace, sonríe con aplomo “no soy perfecto, aunque lo piensas”
Nadie dice que sean poco trabajadores o flojos, pero aprovechan bien la vida y no se pierden una. ¿Mujeriegos? Lo son, pero por culpa del ADN. Perfecto amigo y generalmente horrible como pareja, salvo que lo sea de una mujer sin celos.
Educados, limpios y caballeros, siempre tienen un halago, un piropo o una chaqueta a disposición, que a veces a la vuelta de la Feria refresca. No son chabacanos y aunque entre ellos la cosa sea más distendida, si hay una mujer se comportan con una elegancia disimulada en tablas…
Manejan las sonrisas, las miradas, las palabras y los silencios…y recuerdo de mi época en San Sebastián, estudiando, que mis compañeras de colegio mayor decían que no comprendían como podíamos vivir rodeadas de este tipo de hombres sin perder la cabeza.
Y ese es el problema de estos canallas que si se quedan en la zona tienen enfrente a una mujer racial que los conoce, sabe como son y sólo se va a dejar “enrear” hasta donde ella quiera.

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