BESOS SANADORES

Se sentía tan pequeña como cuando se sentía tan mayor como lo era ahora. Necesitaba como nunca el acogedor lugar del abrazo de su madre y hasta anhelaba la mirada reprobadora de su estricta y elegante abuela. Es la paradoja de la vida, ser quien quieres, no otra persona, sólo ser tú pero en otro momento de tu vida…hasta cuando estaba encantada con ella misma. No era una mujer soberbia pero también era objetiva: con sus defectos y sus virtudes, el conjunto era más que aceptable.
Sus sueños de niñez tenía que ver con grandes empresas y negocios por el mundo, aeropuertos, maletas y una agitada vida de bussineswoman. Siempre quiso ser madre y jamás se planteó ser un ama de casa.  Ahora lo era, aunque mentalmente se etiquetaba como desempleada solamente para no tener la sensación de fracaso.
Entre sus sueños infantiles también algo muy usual para muchos pero no para ella: quería vivir en un piso, en un sitio con ascensor…ella nunca tuvo y le parecía algo cuasi de carrera espacial. Subía a muchos, claro, pero no era lo que ella esperaba. Al final lo consiguió, justo cuando comprendió que no era la opción mejor, tampoco la peor.
No había tenido una vida dramática, ni llena de traumas, no sabía si porque no los había vivido como algo doloroso o si porque realmente no lo había sido. Una vida llena de alegrías y sinsabores, momentos de paz y tranquilidad y temporadas de auténtico torbellino físico y emocional.
Se preguntaba a veces qué había que hacer, cómo habría que ser para pasar a ser una triunfadora, alguien especial y rompedor y después se ponía a si misma como ejemplo y se descubría como alguien demasiado celosa de su vida familiar, de su comodidad emocional y sentimental como para darlo todo por un sueño profesional.
Pero en días como hoy, en el que los pequeños problemas parecían inmensos y las grandes luchas algo infinito, necesitaba volver a ser pequeña, para que le acariciaran el pelo y le dijeran que no pasaba nada, que era una exagerada, que dejara de ser tan dramática, y con esa dulce regañina sentirse reconfortada y “curada”, casi como con uno de esos besitos mágicos de madre que quitan las heridas.


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