16/ENERO/2012 ENTREVISTA A ALVITE

Esta entrevista nació por un cúmulo de casualidades y llevó mucho tiempo. En ella aparecen nombres de personas conocidas de José Luis Alvite, participantes continuos de su grupo en Facebook que colaboraron en la redacción de algunas preguntas a petición mía. Gracias a todos y espero que no os parezca mal la publicación en mi humildes gotas.

Rocío: Te conozco creo que bien, ahora que vas a pasar por el quirófano, conociendo tu aprensividad y pesimismo, ¿entiendes esta entrevista como unas últimas voluntades, un último testimonio?

Alvite: Me has sobrecogido. Pero así es como me encuentro. Me has captado. Pero no quiero morir, y si no muero…¿decepcionaré a alguien?

(Silencio…)

R: ¿Qué quieres que digan de ti?

A: Que fui un buen tipo con absurdos golpes de carácter

R: Dejemos entonces el quirófano para más adelante…

José Luis Rey-Alvite Martínez, José Luis Alvite, 62 años, nacido en Compostela, gallego de pro.

¿Cuál es tu primer recuerdo?

A: La imagen de mi hermano pequeño durmiendo en un serón una tarde de calor, cuando yo tenía algo más de dos años.

R: ¿A qué olía tu casa, tu madre, tu infancia?

A: Al olor de la colada. Yo creo que incluso la comida olía los domingos a jabón.

R: Siempre has dicho que querías ser huérfano pero adorabas a tu padre y quieres mucho a tu madre ¿Erais dos niños distintos? ¿Eras un niño frustrado?

A: Me atraía ser uno de los hospicianos de San Domingos de Bonaval. Siempre quise ser un niño errante que pasase de familia en familia.

R: ¿Te molestaba entonces estar con una familia fija? ¿Te hacía sentir mal?

A: Mi familia me daba seguridad, es cierto, pero por alguna razón el afecto me hacía sentir poco libre. Supongo que era una estupidez.

R: No tiene porque, los domingos eran días especiales, ¿Qué te gustaba de los domingos de tu niñez?

A: Tengo la sensación, acaso infundada, de que los domingos eran siempre días de sol. Y para mi el sol era un elemento cicatrizante que curaba las heridas de las rodillas y la rutina de la escuela.

R: Vosotros eráis tres hermanos, tú eres el mediano, que no el mediocre, y todos los hermanos se pelean, ¿Cómo te llevabas tú con tus hermanos en esas edades en las que aún se juega en la calle?

A: Me he llevado bien con ellos desde que tengo memoria. Estábamos muy unidos. No recuerdo habeme peleado jamás con ellos.

R: ¿Nunca un castigo, una pelea, un enfado?

A: Con ellos, nunca. Con mi madre, algún que otro cachete. Mi padre era incapaz de levantarnos la mano. Solo en una ocasión le dió una merececida bofetada a mi hermano mayor y tardó meses en dormir bien.

R: Has contado que te enamoraste de tu profesora muy pequeño, no sé a que edad, pero ¿intentabas impresionarla, te veías con serias posibilidades, cómo es el amor a esa edad…ya derrotista?

A: Yo tenía seis años y ella era una muchacha aun muy joven. Me gustaba cometer errores en mis deberes para que ella se acercase a corregírmelos. Su aliento me resultaba estupefaciente.

R: Acabó mal la historia…supongo…

A: Al poco tiempo dejé aquella escuela y todo se fue al traste. Supongo que yo aun no estaba preparado para el matrimonio, claro.

R: Tus veranos en Cambados son memorables en tus columnas, ¿esperabas con ganas el momento de ir?

A: Cambados representaba tres meses de verano, tres meses de indolencia, con tia Pepita, que era solterísima y comadrona. Era como refugiarse en un mundo a medio camino entre el sueño y la obstetricia. Cambados es parte esencial de mi manera fisiológica e indolente de ver la vida.

R: La Tía Pepita es un clásico en tus relatos, ¿tú crees que le gustaría este protagonismo que tú le has dado?

A: No estoy muy seguro. Supongo que lo releería muchas veces antes de estar segura de que se trata de su retrato porque era muy descreida. Vivía entre la fe y el pragmatismo. De hecho, a veces calcetaba en misa.

R: ¿Quedan, hoy por hoy, mujeres como Tia Pepita?

A: Hoy por hoy no quedan ni mujeres ni hombres como los que yo recuerdo. La memoria es siempre muy benéfica y esa es seguramente la razón por la que todo lo relacionado con mi infancia me parece decente, limpio y bautismal.

R: En esos veranos de Cambados que se llevan un cuarto del año, que parecen una vida, llegaba la hora de la siesta diaria y a los niños no suele gustarle ¿Qué hacías en ese tiempo muerto?

A: Dormía la siesta con frecuencia.Me gustaba escuchar entre sueños el ruido de los niños que jugaban en la calle. A veces salía a la terraza a pintar porque quería ser impresionista. Y sobre todo, andaba en bicicleta para sudar y meterme luego en el mar como un caballo caliente.

R: Eras un niño bueno…

A: Era un niño obediente y eso me producía una especie de remordimiento porque me parecían más felices los niños reacios, los que se peleaban en la calle. Yo a mi manera ya sabía entonces que el riesgo y el dolor eran ingredentes de la libertad.

R: Entonces sin duda eras un niño precoz…antes has dicho que la memoria es benéfica… En tu recuerdo ¿cómo era tu playa?

A: Cambados era un puerto sin playas. Me bañaba en el muelle, en los embarcaderos, en el malecón o saltando al agua desde una barca. Era una especie de playa sin arena y sin bañistas.

R: ¿Te costaba aceptar el final del verano? ¿La vuelta al colegio?

A: Mucho. Era como si cada final de verano acabase mi infancia. A medida que se consumía septiembre pensaba que al día siguiente tendría sin remedio la edad de mi padre.

R: ¿Qué duele recordar de la niñez?

A: No recuerdos dolores que fuesen terribles, ni siquiera el dolor por la muerte de algunos familiares. Será que en mi infancia la muerte formaba parte esencial de la vida y la gente moría en casa con absoluta naturalidad, mientras alguien preparaba sopa en la cocina. Como yo lo recuerdo, aquellos muertos tan saludables olían a comida.

R: ¿Quién marcó más tu infancia para hacer de ti el que eres hoy?

A: Es dificil contestar a eso. En realidad yo nunca quise ser el niño que era. Cuando tenia muy pocos años le dije a a mediodía a mi padre que necesitaba con urgencia ser gitano. Como puedes imaginar, mi padre siguió comiendo como si tal cosa. Seguramente aun ahora me tienta aquella vocación de ser gitano.

R: ¿Cuándo te diste cuenta, fuiste consciente de que ya no eras un niño?

A: La verdad es que no estoy seguro de haberme dado cuenta todavía. Mis arrebatos de insensatez, mi fascinación por lo imaginario, son la evidencia de que no he superado por completo la infancia.

(No puedo evitar una sonrisa)

R: Todos llevamos un niño dentro, es cierto.

A: Creo que si, afortunadamente. Tú llevas dentro una niña maravillosa.

R: Gracias

¿A qué edad y porqué se fumó Alvite su primer cigarrillo?

A: Me lo dio mi hermano mayor. Era un cigarrillo de tabaco negro mentolado. Estaba sentado en unas escaleras y al acabar del cigarrillo creo que las bajé a cuatro patas. Tenía dieciséis años.

R: Pensé que eras más joven…

A: Era una edad habitual para empezar a fumar. En la escuela no había fumadores

R: ¿Y el primer beso?

A: Se lo di a una muchachita en Cambados. Quedé aturdido con la emoción. Me sentí tan distinto, tan especial, que creo que me faltó poco para cambiar de raza. Yo tenía quince años.

R: Iba a preguntarte que cómo se recuerda un primer beso, pero veo que además de perfectamente, lo recuerdas con gran emoción…

A: Esas cosas no se olvidan. Hay placeres cuyo recuerdo es tan duradero como el de cualquier dolor

R: Por mi experiencia personal puedo decir que eres un hombre tímido vestido con ropas de aplomo ¿eras también un adolescente, un joven tímido con las chicas?

A: Muy cobarde. Pero como tantos otros tímidos lo compensaba con una audacia inesperada.

R: Comprenderás que no me queda más remedio que preguntarte que cómo se te daba…

A: No lo intentaba mucho por miedo al fracaso. Luego me di cuenta de que perdí muchas oportunidades por ese miedo porque en realidad no se me daban mal, sino que era yo quien se apresuraba a malograr cualquier relación por temor a que se me adelantasen ellas.

Se me daba muy bien echarlo todo a perder.

R: ¿Estudiar periodismo fue una opción, una decisión, un camino trazado, una obligación con la estirpe?

A: Fue una vocación y al mismo tiempo una costumbre porque en mi familia el periodismo era algo tan natural como hacer de vientre.

R: ¿Fuiste uno de esos universitarios comprometidos, activos políticamente hablando, de panfleto y carreras con los grises?

A: Lo fui a medias. Tenía preocupaciones políticas pero era un libertario y llevaba mal cualquiar clase de organización, incluída la organización necesaria para manifestarse en la calle. Hice mis pinitos clandestinos,pero, sinceramente, a mi lo que me gustaba era el tumulto en si mismo, el caos, y todas aquellas chicas barbitúricas que predicaban el amor libre y cosas por el estilo. La verdad es que de toda aquelal ebullición callejera lo que me tentaba era su excitante halo de promiscuidad.

R: A rio revuleto…ganancia de pescadores…

¿Qué recuerdos tienes de tu Servicio Militar?

A: Magíficos recuerdos. La Amada me impuso una disciplina que soportaba mal, pero a cambio me dio la oportunidad de comprneder que había valores cuya incomodidad no era en absoluto insoportable. Tuve problemas con mis mandos en la Marina, es cierto, pero por culpa de mi manera caótica de entender las normas. La verdad es que siempre me gustó el estoicismo militar.

La Marina me enseñó a llorar con los ojos bien abiertos.

R: ¿Jurarías hoy Bandera como entonces?

A: Si, haría lo mismo que hice entonces. Mi desorden moral no incluye el desprecio de los símbolos.

Hay conceptos morales que por fortuna son mas resistentes que muchos vicios.

R: Toda “mili” necesita una novia a la que escribirle cartas…

A: Yo tuve esa novia y me casé luego con ella. Le escribía una o dos cartas cada día.

R: Mucho amor…o mucho tiempo libre…(Sonrisa)

¿Eres un enamoradizo, un hombre enamorado, o un hombre con amor?

A: Tu pregunta me plantea serias dudas de identidad. Creo que era enamoradizo y que con el tiempo me he convertido en un hombre leal que no simultanea un amor con otro amor.

Disfruto amando a alguien.

A lo mejor me estoy convirtiendo en un apacible ser episcopal.

R: Lo dudo…(sonrisa)

Las mujeres siempre recordamos con ternura el día de nuestra boda, ¿cómo fue tu primera boda, Alvite?

A: No recuerdo muy bien mi primera boda. Retuve en la memoria la iglesia y el hotel del banquete, pero olvidé la ceremonia y el menú. No sabría explicarlo, pero eso es lo que me ocurre. Aunque me casé muy enamorado, es como si hubiese ido a la boda de otro.

Ella fue la primera mujer de la que estuve realmente enamorado.

R: ¿Cuántas veces has estado enamorado?

Cuatro. De eso si que estoy absolutamente seguro. Mi corazón lleva mejor las cuentas que mi cabeza.

R: Te hago una pregunta de Alfonso Esteban Morillas: ¿Recuerda el maestro la última vez que se enamoró de verdad?

A: La recuerdo perfectamente y creo que jamás la olvidaré porque no creo que vuelva a ocurrirme.

Esta vez la pasión coincide con la experiencia y eso me da la seguridad plena de que será la última.

R: Está claro que las mujeres han formado parte de tu vida, yo diría que te fascinan, en general, algunas en particular, Mari Pili te pregunta…¿qué mujeres te han marcado más la vida?

A: Las cuatro mujeres de las que me he enamorado son parte esencial de mi biografía y fueron influyentes. Como es natural, unas más que otras. Podría citra a una que es especial para mi, pero creo que sería poco elegante

R: Supongo que por supervivencia deberías dejarlo en el aire.

A: Ella sabe de quien estoy hablando, estoy seguro.

R: Hablemos de trabajo, de ti, de tu periodismo y tu literatura, te pregunta Isa R Casado, ¿qué es lo primero que recuerdas haber escrito y a qué edad?

A: No tengo un recuerdo concreto. Todos los niños escriben cosas referidas a sus fantasías y supongo que yo no fui distinto. Lo que recuerdo es que a los diez años tenia mi propio periódico, que escribía en el revés de cuartillas usadas con la máquina de mi padre y llenaba con noticias en las que urdía o fantasías a partir de la realidad. Supongo que no he sido demasiado original.

R: Es bastante original…pero me “suena”

Un día me contaste que llegaste a hacer los horóscopos en tu periódico, ¿tienes algo de brujo, de mago, de meiga?

A: No hice aquella función por mis dotes de oráculo, sino porque le salía barato a la empresa. Mi intuición periodística no da para tanto. De hecho, a veces me cuesta acertar lo que hice el día anterior.

R: Hasta llegar a sucesos ¿qué más te tocó hacer?

A: Empecé en la sección de deportes e hice luego toda clase de trabajos sin que me quedase sin tocar una sola especialidad. Los sucesos creo que son fudamentales en la conexión del periodista con la realidad social

R: Por realidad social supongo que entiendes el lado oscuro de las ciudades, en tu caso casi ventidós años de la Compostela de finales del siglo XX, ¿qué enseña ese mundo?

A: Ese mundo es el mundo de las cloacas sociales: droga, prostitución, delincuencia… Lo habita gente al límite de su resistencia moral, al borde siempre de la derrota. En esas condiciones la gente se comporta con la misma relajación que cuando uno en un apuro detiene el coche sin poner siquiera el freno de mano y hace de vientre en el campo. Esa ligereza es el origen de una sinceridad extrema, contundente. Si un hombre no aprende de eso, ya no aprenderá de nada.

La miseria produce un estado mental de dudoso gusto moral pero de gran lucidez.

R: Acercarte a la noticia, ¿fue peligroso?

A: Fue muy peligroso. Son muchas tentaciones y todas muy agradables. Por lo general, las decisiones que arruinan a un hombre suelen ser las mismas que lo hacen inmensamente feliz. La tentación de esa felicidad amoral era continua y pudo acabar con mi equilibrio emocional y con mi vida.

Por suerte para mi, supe que donde tenia mis sueños no tendria nunca al mismo al mismo tiempo mi pijama.

R: ¿Conoces el miedo?

A: Claro que lo he conocido. Pero el sabor del miedo es vicioso, tentador, como el que siente el tipo que se entretiene acelerando el coche y frenando luego al borde del barranco. El miedo es fundamental sentirlo para disfrutar del placer de vencerlo, procurando no caer en la temeridad.

Al final de lo que se trata es de vencer el miedo y para eso lo mejor es formar parte de él.

R: Dentro de la oscuridad, la prostitución, te he leído que se aprende más de la vida en un burdel que en una biblioteca, ¿son los burdeles tu fijación, tu “musa”?

A: Son mi musa colectiva, mi inspiración plural. Aprendí mucho de esas mujeres y del ambiente en el que viven. He visto más inmoralidad e hipocresía muchos domingos a la salida de la misa. Pero no caeré en la tentación de hacer un elogio encendido de la prostitución. No es un trago agradable para ellas. Su moral acaba resentida, aunque antes se les haya jodido el estómago.

Ellas saben que rezar no es lo peor que una mujer puede hacer indiscriminadamente con la boca. Son muy religiosas la mayoria. En las habitaciones de los burdeles he visto más Vírgenes y más Santos que en muchas capillas.

R: Al hilo de esta conversación te preguntaría Macu Infante, ¿fuiste tan canalla como apareces en tus crónicas o es una pose?

A: No tengo edad para andarme con poses. Tampoco presumo de canalla.He sido como he sido y como lo he contado en los periódicos.

Quienes me conocen saben como soy.

R: Jorge Gónzález Meira te pregunta, ¿cuál fue el disfraz que más le duró, intentando ser quien no era?

A: ¿Me conoces tú algún disfraz?

R: Yo no, la verdad.

A: Yo no me he disfrazado ni en Carnaval. (Sonrisa)

He sido un hombre muy libre. Y la libertad no es un disfraz; es una actitud

R: Y volviendo a esos ventidós años de sucesos, ¿cómo convive esa vida con un trabajo bancario y una familia?

A: Convive mal, en tensión permanente. Mi trabajo en Caixa Galicia me obligaba a madrugar sin haber dormido. Y la vida matrimonial me obligaba a convivir en el seno de una familia que no se parecia nada a mis tentaciones personales, ni a mis hábitos. Era como ser capellán en el infierno.

Por eso mi vida familiar ha sido un fracaso. Y mi divorcio no fue un disfraz, obviamente.

R: Hay gente que no se termina de creer que Alvite fue un cajero de Caixa Galicia

A: Lo fui durante treinta años. Alguna gente cree que mi papel tendría que serel del atracador del banco, pero la realidad es otra. He sido un trasnochador, un bohemio, un tirado, pero no un delincuente

Por cierto, en la ventanilla de un banco también se conoce muy bien a la gente.

R: ¿A tu segunda mujer, por ejemplo?

A: A ella la conocí en un periódico en la que ella entró como becaria

R: Y de esa segunda boda, ¿qué recuerdas?

A: Recuerdo que fue breve. Nos casamos en un Juzgado, así que fue algo rápido, casi sumarial.

R: Así dicho parece que hubo levantamiento de cadáver…

A: (Risas) En el juzgado había de todo aquella mañana: policías, delincuentes, abogados,…y nosotros con un puñado de invitados.

Nos faltó salir esposados

R: Salisteis esposos…perdón por el chiste fácil

A: Salimos desposados claro.

R: Y sigues casado…

A: De momento

Siempre supe que mi aptitudes matrimoniales eran reducidas y que en cualquier momento podría fracasar. Eso ha sido así y así sigue siendo. Va en mi manera de ser. Reconozco mis limitaciones para la vida matrimonial, igual que entiende un mudo que no le contraten para el Orfeón Donostiarra.

R: Y tienes tres hijos…

A: Si tres hijos de dos matrimonios.

R: ¿Alguno seguirá la estirpe?

A: Nada apunta a que eso ocurra. Han tomado caminos distintos y ninguno pasa por el periodismo. No importa. Supongo que hay otros vicios incluso más divertidos.

R: Yo me sé la historia pero la verdad es que me encanta, ¿cómo llegaste al Savoy?

A: El Savoy lo di a conocer en mi columna de LaVoz de Galicia hace casi veinte años. Enseguida desistí de seguir porque al redactor jefe de turno no le parecía una idea interesante. Volví a la carga años más tarde, en la contraportada de Diario 16 de Madrid, en mayo del 98, nueve dias antes de la muerte de Frank Sinatra. Desde entomces funciona en la prensa y desde 1999 en la radio.

Aquel redactor jefe no podrá presumir de perspicacia desde luego.

Redondeando a ojo creo que habré hecho unas dos mil crónicas del Savoy.

R: No se había hecho nada igual en la prensa española…

A: En la presa española hubo siempre una cierta aversión hacia la ficción literaria. La opinión pública es mucho más sagaz. Como en casi todo.

R: Con tu permiso me voy a recrear en el Savoy, que es mi lugar favorito

No tienes que pedirme permiso…Además el Savoy es mi marca de fábrica

R: Quien lo ha leido y lo ha escuchado, sabe identificarte entre la multitud y el espesor del humo, ¿te han enseñado tus personajes algo a ti?

A: Yo he reflejado en los personajes muchas de mis experiencias y de mis pensamientos. También he de reconocer que algunos de ellos me han ayudado luego a indagar sobre su identidad y de paso me han sido útiles para conocerme un poco mejor.

Creo que ellos son lo mejor de mi y a ellos les debo mi redención moral.

Además, me han ayudado a comer.

R: Al final el Savoy está lleno de buenos tipos…

A: Muchos son una estupenda mala gente. Son malos de buena fé.

R: Del Savoy te han hecho muchas preguntas, y yo reconozco que te he hecho miles, pero dime ¿Cuál es tu rincón favorito del Club?

R: La mesa de Tonino Fiore entre la penumbra y el borde de la luz que ilumina la tarima de los cantantes. Es una especie de limbo moral en el filo del bien y del mal, entre el arte y el crimen.

A: ¿A dónde da el callejón de la puerta de atrás?

R: Es un callejón sin salida.

R: ¿Es eso una metáfora?

A: Es uno de esos sitios en los que resguarda el viento la basura. Un lugar sin escapatoria, como son en realidad las viads de los personajes del Savoy: gente sin salida, hombres y mujeres a menudo con la nuca estampada en la cara. ¿Una metáfora? Si, lo es.

R: ¿Has sido pareja de Lorraine Webster, tuviste una historia con Kate Sinclayr? ¿Por qué no Terry?

A: Te fijas en todo, incluso más de lo que me fijo yo. Tienes razón. Tengo un poco descuidada a la pobre Terry. Es una chica buena. Y ya sabes que la bondad nos hace invisibles. Porcuraré prestarle más atención a partir de ahora.

R: Hay muchos personajes que van y que vienen, incluso estuvo Sinatra, ¿se te olvidan o los tienes presentes por si vuelven?

A: Los personajes de paso me ayudan a crear cierta sensación de inseguridad, de tránsito, de incertidumbre, de desarraigo. Los personajes fijos son como el paisaje y los que están de paso, son como el viento que acuesta la hierba.

A mi me gustaron siempre los extraños, los forasteros, la gente que no se queda tanto como para que averigües su perfume.

Lo pasajero suele ser atractivo. Por eso en las oficinas bancarias el contable es menos interesante que el atracador.

R: Eres consciente de que mataste a Lorraine dos veces, de dos maneras distintas, en dos ciudades diferentes…

A: De la doble muerte de Lorraine me enteré gracias a tu minucioso trabajo de selección de textos para “Humo en la recámara” y me llevé una sorpresa porque no lo recordaba. Siento haberme ensañado con ella de ese modo.

R: Te pregunto por motivos obvios, ¿te molestó la osadía de que “alguien”, por internet, pusiera un gato en el tejado del Savoy?

A: En absoluto. Ese gato literario es una especie de ángel heterodoxo que me ha servido para tener un punto de vista nuevo sobre las historias del Savoy. Además el gato es un ser solitario y autodidacta, un forajido. Y eso es siempre muy literario.
Por cierto, echo de menos sus maullidos.


R: Tendrá frío.

A: Buscaré la manera de que se instale a su antojo en el Savoy.

R: ¿Cómo te enfrentas a una nueva Crónica del Savoy después de tantas?

A: Cada nueva crónica del Savoy es un desafio temático y literario porque es necesario ser novedoso para que no decaiga el interés del lector o del oyente. Amedida que se consumen argumentos, se acortan las posibilidades de resultar novedoso. De todos modos, siempre hay por donde salir y hacia donde seguir. Lo importante es que no se cansen los “espectadores”.

R: ¿Usas música?

A: Siempre, hace ya bastantes años que no concibo el ejercicio de la literatura sin asociarlo a la músical. Los resultados son distintos precisamente en funcion del género muscial que esuche. La música me proporciona el tono emocional necesario para la escritura. Me influye tanto como la luz al pintor.

R: Ramón Castro te pregunta, hablando de música, cuáles son las tres canciones de la banda sonora de tu vida.

A: No tengo tres canciones especiales. Son centenares de ellas y la influyen alternativamente porque la repetición acaba privándolas de sus efectos. Pero creo que es obvio que el repertorio melódico de Sinatra es clave y que la voz de Barbara Streisand es significativa, pero tambien Sarah Vaugham, Dinah Washington, Perry Como, Tony Bennett…son muchos, incluyendo clásicos como Mahler y bandas sonoras del cine

R: ¿Y también fumas para escribir?

A: Como bien sabes, fumo para todo, incluso para ayudarme a pensar inutilmente en la posibilidad de dejar de fumar.

R: La pregunta de Antonia Corpas es ahora la mejor, ¿Cuándo vas a dejar de fumar?

A: No es algo que tenga en mi agenda. De todos modos, mi intención es reducir el consumo y pasar de ser un fumador compulsivo a ser un fumador empedernido. El tabaco es malo para la salud, lo reconozco, y creo que lo dejaría si viese mi vida en peligro.

R: Sigamos con el trabajo….si te parece

Te pregunta Ángel Javier Martin Vicente que ¿en qué momento de tu vida surgió o comenzó el uso masivo de metáforas y aforismos?

A: Desde que tengo recuerdo de haber escrito algo con intención literaria, cuando era niño. Me fascinaba la sonoridad de las frases en funcion de su estructura, como si las letras fuesen pájaros ocupando distintas prosiciones en el tendido eléctrico.

La prosa notarial resulta precisa, exacta pero fría y poco emocionante.

R: Isabel González, te pregunta, ¿Siendo un escritor prolífico en metáforas que no en libros publicados “de momento”, pero con esa acidez y mordacidad que le caracteriza.¿ Ha tenido que lidiar con algún suceso polémico o comprometido, que le hiciera replantearse su original manera de hacer las crónicas y su literatura?

A: Los problemas que tuve al plantearme mi manera de escribir fueron siempre en mi contacto profesional con algunos jefes de redacción, por lo general muy reacios a considerar la literatura como un valor añadido del periodismo. Ignoran que Hemingway o Faulkner o Capote, entre otros, habian sido periodistas con intención literaria. Con los lectores jamás he tenido dificultades de relación, lo que me hace pensar que el gran problema del periodismo actual reside en su distanciamiento de la opinión pública.

R: Paco Lara te dice que porqué tus relatos algunas veces son tan enrevesados y para decir una cosa le das tantas vueltas?


A: Vaya, eso me sorprende. Tendría que estar en su cabeza para tener esa percepción y responderle. Se puede escribir de una manera más simple, es obvio, pero para eso ya existían antes los telegramas y en algunas tribus usan el tan tan o las señales de humo, que no tienen sintaxis ni ortografía. Malher hace música. Las campanas de las Iglesias, también. Malher es más complejo, y las campanas, más simples. Para llamar a misa están bien las campanas; para disfrutar de la música, sinceramente, prefiero a Mahler.


R: Tus seguidores y lectores gallegos han podido disfrutar de una obra tuya que tenía lugar en un manicomio, “El manicomio de Alvite”, ¿crees que podremos el resto acceder a este grupo de artículos en un libro en algún momento?


A: Esa es mi intención. Solo falta con dar con el editor adecuado, y con la persona que sistematice los textos y lo organice un poco.

R: Conmigo cuentas…claro..

R: Por último quisiera ponerme un poco trascendental, bueno…solo un poco.


A: Adelante


R: ¿Crees en Dios?


A: Es un asunto peliagudo, complicado, que no me atrevería jamás a reducir a una respuesta lacónica o efectista. Yo no soy creyente, ni ateo. Soy un agnóstico atribulado, angustiado, sin duda necesitado de resolver esa duda. He evolucionado mucho en mis actitudes frente a la religión y admiro a los creyentes. Porque contra lo que que se piensa, entiendo que lo fácil es no creer y que lo que requiere esfuerzo es la fue. Yo miro a mi alrededor y me doy cuenta de que los escépticos vivimos con miedo y envejecemos con pánico. Pero yo no creería jamás en Dios por conveniencia, como quien cree en la cirujía plástica, sino porque a veces creo que me lo pide el cuerpo. Supongo que Dios no es un capricho, ni una apuesta, sino una necesidad. Es algo que tengo que resolver sin complejos intelectuales de ningun tipo.


R: ¿Eres feliz?


A: No soy feliz en términos generales pero tengo razones personales muy íntimas, de índole sentimental, para considerarme un hombre muy afortunado y muy feliz. También es cierto que esa felicidad lleva aparejado sin remdio el temor a perderla.


R: ¿Qué te hace llorar?


A: Me hace llorar el heroismo cotidiano de la gente sencilla, sus esfuerzos para salir adelante, su resignación y su callada tristeza. Y me hace llorar el recuerdo de la inocencia perdida, de cuando en la mañana de Reyes incluso me hacía feliz jugar con la caja del regalo.


R: ¿Eres celoso?


A: Muy celoso. Insoportablemente celoso. Me doy cuenta de ello en intento controlarme, pero es una batalla siempre perdida. Si dejase de ser celoso, sería seña inequívoca de que ya no estoy enamorado. Comprendo que los celos hacen daño a los demás, pero ¡demonios!, también hace daño el fuego de la cocina si se nos va de las manos.


R: Me consta que eres un hombre muy generoso en todos los aspectos de la vida, pero dime, ¿qué es lo último que te han regalado?


A: Alguien que respeta mis decisiones pero sería feliz si yo dejase de fumar, ironicamente me ha regalado un sugerente y evocador mechero de martillo. Tiene grabadas las iniciales L.W., referidas a Lorraine Webster, el personaje femenino del Savoy que tantas veces acude como recuerdo a una cita con Al en la soledad de la madrugada. Supongo que ese mechero no es un incentivo para que fume, sino una tentación para que lea.


R: ¿Y lo último que has regalado?


A: Sinceramente no recuerdo cual fue mi último regalo. Soy muy descuidado con los gastos.


R: Una pregunta de Adela Martin Pose, si pudieras pedir un deseo, ¿cuál sería?


A: Soñar con ella dentro de la cabeza de la mujer a la que amo, para que no le quepa ninguna duda.
Otro deseo, que quienes tenemos las dos manos ocupadas, dejemos algo para que ocupen al menos una de las suyas las personas que no tienen trabajo en España.


R: ¿Confías en las personas?


A: Por desgracia, en eso voy caso por caso. Creo en la gente en general, pero me he llevado unos cuantos chascos. Lo que hago es perdonar. Tampoco guardo rencor. No sé hacer esas cosas tan ruines. Aunque reconozco que tiene su encanto, me falta habilidad para el mal.


R: Mari Carmen Diaz Guerrero te pregunta, ¿Qué asignatura tienes pendiente en la vida, aspiras a conseguirla?


A: Como nunca me he marcado un objetivo profesional, no considero que tenga metas sin alcanzar. Mi idea de la satisfacción consiste en llegar a donde sea y pensar luego que ese es justamente el sitio al que tendría que haber llegado. Mis metas incumplidas son de otro orden y tienen más que ver con mi felicidad sentimental y con mi conciencia. Si es a esas metas a las que se refiere la pregunta, mis metas sin alcanzar tienen que ver sobre todo con mi estabilidad espiritual.


R: Tu sobrino Nacho, que sé que es especial para ti y que os tenéis un gran cariño ha tenido la deferencia de mandarme también una pregunta pese a que evidentemente vuestros lazos familiares dan para otra confianza… El te pregunta ¿Cuál fue el momento más feliz de tu vida?


A: Nunca me he preocupado de hacer una lista de momentos felices. Mis tres paternidades son momentos felices, pero hay mucho más que tienen un rango distinto y son tambien esenciales en mi vida. En el orden profesional, mi primer contacto con Carlos Herrera es sin duda fundamental. Y no podría negar que fui feliz las dos veces que me casé.
Pero en conjunto mi máxima felicidad fue durante la infancia y el comienzo mi adolescencia.

R: Después de tantas preguntas me queda la de Luchy López a la que por motivos de auténtica osadía al atreverme a hacerte esta entrevista, me añado: ¿Qué pregunta te hubiera gustado contestar y sin embargo, jamás te la hizo nadie?

A: Podrían preguntarme por mis remordimientos, que son unos cuantos y me tienen siempre muy ocupado. Pero no estoy seguro de que fuese capaz de conestar porque me hace mucho daño recordar los motivos por los que tengo esos remordimientos.
La entrevistadora tiene conmigo la suficiente confianza para estar al tanto de esos remordimientos y creo que comprenderá que sea reservado.


R: Comprendido.
Te he oido en varias charlas a las que he tenido el inmenso privilegio de asistir contigo, con periodistas de la vieja escuela, que las redacciones ya no son lo que eran, que no hay sonido de máquinas, ni humo, ni alcohol en el cajón del redactor jefe, sin embargo tú ahora escribes desde casa, cómodamente, llega rápido, sin necesidad de llegar a la redacción…el mundo avanza, ¿que opinión tienes hoy de facebook?


A: Facebook ha sido una agradable sorpresa para mi. Recelaba de las redes virtuales. Me parecían una estupidez. Es obvio que mi actitud frente a ellas es ahroa bien distinto. Muchas de mis mejores amistades las tengo en Facebook. En La Red no hay antros, ni garitos, ni copas, pero hay imaginación. Y la imaginación es el material con el que trabajo más a gusto.

R: Termino ya, ¿he aprobado?
A: Has sido un hallazgo periodístico, pero no me sorprende porque te conozco. Tu actitud es verdaderamente profesional y me confirma en la idea de que el periodismo pertenece a la gente que lee. A esa gente, a ti, es a quien hay que devovlerle la iniciativa de la verdad. Gracias por la entrevista. Ha sido un honor y espero haber estado a la altura.
Naturalmente, agradezco el interés y las preguntas de mis amigos de Facebook, a quienes tanto debo.

R: Gracias por todo, por la confianza y el cariño.

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4 comentarios en “16/ENERO/2012 ENTREVISTA A ALVITE

  1. Como ve, la entrevista es de hace año y medio, el libro “Lilas en un prado negro” no estaba en la calle. Es por eso que no se podía hablar ni de Conxo que en realidad es Restande en el libro, ni de la señorita Sarandeses

  2. Pingback: ATESORANDO EL RECUERDO. A JOSÉ LUIS ALVITE. | 15 Gotas

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