LÁGRIMAS

Reconozco que lo que más hago últimamente es llorar.
Tampoco voy a decir que no sea de lágrima fácil  porque sería mentir y no es necesario, soy una persona extremadamente sensible que empatiza rápidamente con el dolor de los demás y con sus sufrimientos y hasta cuando ellos no lloran lo hago yo.
Me enternecen historias de amor suspendidas en el tiempo, por encima de enfermedades, años y arrugas; ayer  mismo por motivo de un San Valentín algo comercial pero informativamente amable me estremecían las vidas en común de personas a veces con todo en contra, otras con el olvido de la enfermedad de por medio, en ocasiones años y años de convivencia que supongo que realmente hacen aquello que dicen los poetas: uno cuando son dos.
Me conmueve la fidelidad de los animales a los seres que en realidad a veces son menos personas que ellos porque pese a que comprendo que los animales lo son y su condición de seres vivos no le da la racionalidad ni la diferenciación humana sorprenden en ocasiones siendo más honestos con los sentimientos.
Me duele el mal recuerdo de quien quiero o incluso de quien a penas conozco imaginando cuánto dolor se puede llegar a sentir. ¿Cómo es posible que haya personas que se sigan levantando todas las mañanas? ¿De qué tipo es la fuerza para seguir adelante aunque cuenta la inercia? Me pregunto si realmente la mente consigue anestesiarse ante tanto dolor o si verdaderamente se inventa una vida paralela, distinta, algo fuera de la realidad para sobrevivir.
Me pueden los ojos grandes e intensos de un niño de oncología o cualquier planta infantil de un centro sanitario, que sin abrir los labios en dos parpadeos te cuenta su vida y su esperanza, las ojeras de sus padres, la voluntad de los médicos y el personal sanitario que frente a esos niños lo dan todo sin una mala cara, sin un mal gesto, llenos de amor y de cariño con una fortaleza mental envidiable.
Me sobrepasa unos padres de familia llorando por la pérdida de su hogar, por la falta de alimento, por el ahogo de las facturas, por el miedo al mañana desde el terror del presente. Sin más salida que las bolsas de caridad, Cáritas, la buena voluntad de amigos y vecinos, exprimiendo hasta la última gota a los mayores con sus míseras pensiones.
Me da auténtico pudor y vergüenza social ver remover en los contenedores de basura a las personas, muchas veces muy mayores, casi peleando con los perros los alimentos que se tiran en perfectas condiciones o no tanto, la ropa que otros han desechado, los muebles desvencijados …
Me sorprendo de que aún haya hombres que se consideren superiores a mujeres y las tomen como posesión material, sin derechos, sin cariño para acabar sin vida. Empiezan a ser una cifra, sin rostro, sin nombre, sin nada.
Me da pavor la poca tolerancia y respeto que se está instalando en nuestra sociedad, con una violencia implícita en palabras, en gestos, en decisiones extremas solamente por tener otra idea, otra tendencia sexual, otro color de piel, otra religión, otro partido político.
Y todo eso pasa en este mundo, en el de aqui, en el de nuestras calles, no hay que irse a países lejanos de los que nos llegan imágenes en el telediario que mientras comemos volvemos la mirada para que no nos angustie el pollo ese niño famélico rodeado de moscas.
Todo eso me hace llorar y al menos a veces las lágrimas son de alegría por un nacimiento, una sonrisa, una vida que se levanta, un puesto de trabajo que aparece, un deshaucio que se frena, un donativo cuando llega en el último minuto, espero que pese a todo, no nos abandone la Esperanza.

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4 comentarios en “LÁGRIMAS

  1. Me considero muy afortunado por ser amigo de alguien como tú, que tiene en sus ojos el llanto vicario de quienes ya ni siquiera tienen fuerzas para llorar sus propias desgracias. Celebro que conserves intacto ese encomiable punto de sana y sensible humanidad y tu vulnerabilidad emocional frente al dolor y la injusticia. Y me felicito porque seas la clase de persona a la que los ojos grandes y perplejos de los niños tristes no le producen ceguera. Gracias por sentirlo y por contarlo.

  2. Sabes Rocio??, en mi juventud yo era igual a ti, sumamente frágil ante las desgracias ajenas, algo anormal a esa edad que (por lo general) solo se piensa pasarlo bien con las pandillas de amigos los guateques y ese tipo de cosas. Mi madre me decía que iba a enfermar de tristeza si seguía así, Cuando me compraban ropa me acordaba de los tercermundistas que iban raídos y cuando comía algo exquisito me remordía la conciencia al acordarme de los niños desnutridos y de vientres hinchados, lloraba de noche en mi cama calentita pensando en los que no tenían mantas.
    Un día me tomé en serio lo que me decía mi madre y decidí que no podía seguir así, que nunca habría una igualdad global y que siempre existieron ricos y pobres, sanos y enfermos, buenos y malos y yo tenía que vivir y disfrutar con lo que me había tocado, que no era lujo sino lo necesario a causa del trabajo incesante de mi padre.
    Ahora con la edad estoy menos sensible que entonces aunque no fría ni dura, pero razonable como para que las cosas que me rodean no amarguen mi existencia, Es así la vida a través de los tiempos y uno no puede cambiarla llorando, mas bien atentas contra tu propia salud y alegría de vivir.
    A pesar de todo es bonito que lo cuentes, y lo valoro mas porque te comprendo por haberlo vivido. No llores tanto niña que con tus grandes ojos vas a provoca una inundación en Andalucía. 🙂

  3. Me identifico con cada palabra,con cada frase de las que has escrito.Me tengo por una persona hipersensible especialmente ante las desgracias ajenas.Todo me afecta hasta tal punto de amargarme muchas veces los días.Quizás Mari Carmen tenga razón en el sentido de que con los años uno se va endureciendo,pero te sigue afectando y sigues sufriendo.Yo lloro por poca cosa y no me importa reconocerlo.Hace dos días por la ternura de una película,ayer por la emoción que me produjo el mensaje de una amiga y mañana…Dios dirá! Prefiero pecar de sensibilidad aunque a veces me cause una enorme tristeza que de ser una persona fría a la que todo le resbale.Hoy en día la solidaridad está muy poco valorada,las personas se han vuelto frías y calculadoras,las prisas por llegar a todas partes nos hacen funcionar como robots…y no me gusta.Casi no veo ni los telediarios porque sufro como un perro y la impotencia de no poder hacer nada ante tantas injusticias me saca de quicio.Dicen en tu muro que hay que tener esperanza y yo tambien lo pienso.De hecho si no fuese por eso, nada merecería la pena.Una vez más,gracias por contarlo de una manera tan sincera y entrañabe.Un beso.

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