Pocas cosas le parecían más ilusionante que una maleta. Las maletas en si eran ilusionantes, implicaban una historia que contar, un futuro por conocer.
En su dormitorio estaba su maleta, la veía ahí, apoyada levemente en la pared, cerrada y silenciosa, un rayo de sol iluminaba parte de ella y el metal de la cremallera de cierre hacía una extraña figura de luz en el techo de la habitación.
Se recordaba a sí misma de más pequeña, haciendo una extensa lista por días y por horas de cada cosa que necesitaría, más los por si acaso, los cosméticos y maquillajes, «afeites» que se decía antes incluso para las señoras.
Ahora era un poco menos precavida, más mayor y sus dolores de cabeza estaban en sincronizar modelos y zapatos para intentar cargar con el mínimo de peso posible. Y es que ¡cómo han cambiado los tiempos!, nos hemos empeñado en reducir nuestra vida a un trolley de cabina para volar más barato, para salir más rápido, para caminar más cómodos…cuánto han cambiado las cosas desde que las cocteleras ferroviarias trasladaban en viajes eternos, de bocadillo en estraza, desvencijadas maletas de cartón con una cuerda, una soga, anudándolas, no es un mito no, sucedía, y allí generalmente si que iba una vida, pero de verdad, un viaje sin retorno o parte de un pueblo para llevar a quien tuvo que emigrar.
Presuntamente hemos ganado con esta vida actual, pensaba, seguramente los adelantos médicos, tecnológicos, sociales, han mejorado, pero hemos dejado mucho en el camino, quizás nos falta humanidad, calidez, cercanía, hemos dejado de ser personas.
Ser persona era ser vecina, hija, madre, hermana y sobrina, ser parte de una comunidad pero no para perseguir un fin concreto, no como un grupo de las nuevas plataformas que pululan ahora, sino porque se establecía la unión, el hoy por ti mañana por mi, la generosidad, el apoyo real ante una dificultad o una alegría y ella ahora no sabía ni quien eran sus vecinos. Y la familia es alguien que normalmente te oye al otro lado del teléfono o te ve por la web cam.
Suspiró, echó una ojeada a su armario abierto de par en par y se concentró en verse vestida en los distintos lugares a los que tenía que acudir, trabajo, claro, no es tan divertido como viajes de placer. Pero es lo que ahora le hacía viajar, ¿había antes viajes de trabajo para mujeres? Lo dudaba. La mujer y la vida actual, la mujer trabajadora y la conciliación familiar, eso si que le causaba pensamientos y sentimientos, demoledores normalmente, sacudió la cabeza para eliminar ese hilo de ideas, esa cascada negativa de su mente…
Abrió su maleta, se enfrentó al espejo que para una mujer es su armario y comenzó la rutina.
Autor: @AhoraRo
UNA DE MUSAS
Rondé durante estos días varias veces las teclas del ordenador, desahogué pesares y reflexiones en redes sociales, y hasta me encontré a mi misma hablando sola con la televisión.
Demasiados frentes abiertos, demasiadas cosas en las que pensar, la actualidad imponía actividad neuronal y de teclado. Pero me resistía.
Me resistía porque intentaba encontrar un hueco literario, o junta letras que es lo que yo hago, seguía deseando alguna historia triste o esperanzadora, pero en mi inspiración sólo encontraba temas de actualidad, de sangrante actualidad, de dolorosa actualidad, de indolente actualidad.
Mis musas tenían perfil de teletipo.
Esta mañana, a las siete y media de la mañana comencé a escribir una entrada para este blog, la titulé «Escribir con tripas» pues no me salía nada mas que bilis, indignación y desesperación.
Cuando mi despertador me sonó con los toques sonoros de las siete con las noticias en forma de entrada del presentador del programa de la radio, todo lo acumulado llegó a su tope, fue la gota que colmaba el vaso, el desbordamiento de malas noticias pudo conmigo misma.
Mientras escribía con el café caliente a un lado y la tostada al otro pensé en lo visceral que somos las personas, en especial yo, que me paso la vida entre instintos y prontos aunque la edad, que no perdona, provoca de vez en cuando una tímida serenidad.
Pensé en la consabida frase de «legislar en caliente» y decidí que a veces las decisiones hay que tomarlas. Unas veces porque acaban de suceder las cosas y otras porque «no toca» somos un país que ya se retrató con el «Vuelva usted mañana» de Larra. Las decisiones siempre se aplazan, las excusas siempre se añaden, y el pueblo ¿soberano? nota hervir la sangre con ciertas noticias y con otras mira con descrédito o aburrimiento el pasar de los días.
Así que finalmente borré todo lo escrito y dejé que la escalonada rutina de mi vida hiciera de mi una persona más aplacada, y ahora, cuando veo el atardecer por los ventanales de mi nueva casa, y los colores tiñen el cielo recortando la silueta de los olivos, mientras comienza el sonido de los grillos, ladran los perros al paso de otros perros que sus dueños sacan de paseo, y viceversa, con el calor ya disminuyendo, después de conseguir despegarme unos minutos de la información no puedo dejar de pensar de en una tira de Mafalda en la que Susanita, tras contemplar el horror de una guerra en un diario, suspira y comenta «Por suerte, el mundo queda tan lejos…» y ciertamente mi alrededor hace olvidar el dolor, pero no, el mundo está ahí esperando nuestras reacciones, avanzando por nuestras quejas o lamentos y esta noche, por encima de todas las demás noticias, una madre no arropará a sus dos niños. Y no puedo imaginar nada peor.
CORAZONADA
(
UNA DE RECORTES
He intentado no manchar el blog de pesimismo, de actualidad, de dolor y estrecheces pero me temo que ya no tengo más remedio.
Las redes sociales son un clamor y la calle se torna violenta sin sentido, ¿acabaremos siendo Grecia? Después de que llevemos tres años diciendo que eso no será así, ni es, parece que nos helenizamos y de la peor manera posible, pues no aprendemos de los errores ajenos, a ellos no le sirvió más que para que los partidos nazis hicieran su entrada en el gobierno, se atacara a los inmigrantes, y hubiera menos recursos para arreglar lo que antes estaba bien.
¿Podemos permitirnos otras elecciones? ¿Hay soluciones?
Estoy convencida de que el margen es pequeño pero hay resquicio, hay posibilidades y no entiendo porque no se están tomando esas decisiones que clamamos entre todos, una y otra vez repetimos en todos los foros que: hay que acabar con sueldos vitalicios de ministros, que el Senado tiene que reformarse y que la casta política tiene que bajarse los sueldos, que tienen que acabar las subvenciones a partidos políticos, organizaciones empresariales, y sindicatos (algunos anda ahora como pollo sin cabeza, queriendo aparentar que sirven, que son la voz del pueblo, cuando han sido durante años mudos y sordos), que no es normal que aún no se hayan disuelto las 600 empresas públicas coladero de dinero y atrincheramiento de amiguismos, que las autonomías entendidas como hasta ahora no pueden ser, que las televisiones y radios públicas autonómicas son una locura, que gastos de representación, dietas, coches oficiales, moviles, visas y demás gastos de la administración pública tienen que recortarse al máximo o desaparecer, que si suben los tipos impositivos no pueden también recortarse los sueldos…
Está todo trillado, lo hemos dicho todos en barras de bares, con teclados de pc, con móviles en busca de Wi-fi gratuito, en cartas abiertas, en pancarta…se que hay soluciones que tocarían la Constitución y serían de difícil implantación pero…¿Es necesario que la bolsa de pobreza de España siga creciendo?
DESPERTAR EN SECANO
Ya no sabía cuántas veces había rodado por la cama buscando un hueco que no estuviera ardiendo, incluso mojado, tenía la absoluta sensación de que estaba durmiendo en una pala de pizzero, esas gigantes palas de madera que manejan con destreza mientras abren un horno plano y gigante, una boca que se abre. Así estaba ella sólo que en vez de abrirse la puerta del horno, empezaba a entrar el fuego por su ventana.
Pasadas las horas del amanecer cuando refrescaba levemente y podía dormir por fin, a penas un par de horas pues empezaba a aparecer el sol por el horizonte y aunque las persianas estaban cerradas como si fueran un ataúd el calor comenzaba a reverberar y aunque lo último que deseaba era levantarse estaba claro que dando vueltas solo podría ponerse aún más nerviosa.
El café se volvía un suplicio necesario que despertaba, despejaba y hacía sudar como si lo estuviera tomando sentada dentro de una chimenea a pleno fuego en el mes de enero en Reykjavik, a partir de ese momento sólo un horizonte, la ducha.
Agua casi fría y el mismo pensamiento estúpido de todas las mañanas, si pudiera retener este momento, esta sensación de frescor, si esto durara todo el día. Casi sin secarse para engañarse a si misma, para que quede mojada la ropa, no hay nada más doloroso que saber que hay que enfrentarse a la calle, ya no era temprano, seguramente ardería el pavimiento, y vería en el horizonte esa deformación que las personas piensan que solo se ven en el desierto de Arizona, en las carreteras de Las Vegas.
No hay más remedio se dice, cierra la puerta de la casa, abre la puerta del portal y la primera oleada …
¿Porqué costaba tanto andar por la ciudad con este calor?

