FELICIDADES

Nació en el 17 y cuenta historias. No cuenta cuentos, aunque también lo hizo mucho, durante mucho tiempo, mas bien cuenta realidades vividas, relatos conocidos, paseos de ayer. Su memoria es fetén.
Ha vivido mucho, pero sigue haciéndolo con la misma alegría y la misma pasión que hace tantos años. Es invencible y reposada. Nació durante la primera gran guerra, vivó la segunda y la española. No habla mucho de ellas, alguna historia de irse al sótano y buscar café…Historia viva.
Es la mujer más elegante que he visto en mi vida, educada con unos firmes valores religiosos, interna en un colegio de monjas en Gibraltar, maneja de igual manera el saber popular español y la exquisitez de modales británicos. Es pura clase.
Nunca nadie llevó con más glamour y más estilo los pantalones, quizás Katherine Hepburn, pero no apostaría.
Habla y reza en inglés, sobre todo si se pone nerviosa, y también puede mantener alguna conversación en francés. Incluso hay palabras que le las dice en inglés antes que en castellano…o en castellano con acento inglés.
Es hermana, fue esposa, y siempre madre, abuela y bisabuela…y no olvida nunca a ninguno, siempre suena el teléfono si es tu cumpleaños o tu santo y se le pueden encargar rezos, lo mismo para terminar la carrera que para que los partos vayan bien. Aunque ella siempre reza por todos. Yo creo que a veces se duerme en esa retahíla de rosarios, pero ahí arriba los apuntan como si los hubiera murmurado porque saben que la intención cuenta.
No conoce el rencor, ni la envidia, jamás ha dicho una palabrota, ni grita…ha sido, es, leal, tenaz, firme en sus convicciones como ya no se ve a nadie, y a la vez acogedora, empática, consejera de muchos y paño de lágrimas de otros…incluso ahora.
Se ha ido adaptando a las necesidades, a los presupuestos familiares, a las tecnologías, siempre sonriendo, haciendo sacrificios en voz baja, sin estridencias ni golpes de pecho. Ha trabajado mucho sin que se note.
Deja frases con la delicadeza de un nenúfar que son sentencias y aún nos regaña si lo considera necesario, no le tiembla la voz al reprender ni la mano al acariciar.
Es la un ser especial y aunque ella se pregunta cómo es que lleva tanto tiempo viva, yo estoy segura que es para que algunos no perdamos el rumbo y podamos encontrarlo en ese mar de ojos casi transparentes con el que nos mira.
Hoy es su cumpleaños y estoy un poco lejos, no mucho, pero un poco, hoy soy yo la que levanto el teléfono y cuando la escucho todo se ordena e incluso me parece que tengo veinte años menos.

CORTARSE LAS MANOS

Le quemaban las palabras en la punta de los dedos…pero no se atrevía a teclearlas. Las nuevas tecnologías habían precipitado los acontecimientos…y eso no siempre era una buena idea.
Tiempo atrás, cuando alguien se sentaba delante de una papel de carta, -«recado de escribir» que se decía- se pensaban más las frases, se releían una y mil veces, y a veces, cuando había que repetir la epístola, el lastre que se había soltado vía papel, servía para descartar la idea y dejar que las ideas se enfriaran. Si la carta, salía redonda, con las palabras justas y el sentimiento (bueno o malo) bien plasmado, aún quedaba el reposo de la carta en el bolso, que permitía arrepentirse, cortarla a trocitos, quemarla en un cenicero, echarla al mar…pero ahora, la cuestión a tratar era inmediata, así que no servía de desahogo salvo que en un acto de emociones controladas, fueras capaz de guardarlo en «Borradores».
Tan valiente para escribirla, pensarla, e incluso sentirla…y tan cobarde para mandarla.
Luego estaba el momento de «Enviar»…sudor frío y arrepentimiento inmediato, releer deprisa, con el corazón en las sienes y el pánico en el estómago. Las preguntas amontonadas y el deseo de que por fin los errores de Windows sirvieran para algo…que tampoco se puede ir a esos buzones a interceptar la carta.
Así estaba ella, con las palabras en la mano, la frase contundente en la cabeza e incapaz de dar el paso, con un autocontrol desconocido…¿Cómo decirle que le echaba de menos? ¿Cómo atreverse a decirle que le dolía pensarle en brazos de otra? ¿Con que derecho podía decirle que se encontraba así? Ella tenía la culpa de lo que sucedía … o de lo que no sucedía…y sin embargo…
Mejor no hacer nada, a veces el silencio no trae consecuencias…

(A esa «miamiga», por esos ratitos…)

CUANDO HAY NOTICIAS…

He estado horas delante de este recuadro blanco.
He ido y he vuelto.
Se me han congelado las manos en el teclado y cuatro veces he borrado cinco la manera de empezar.
La lista de temas y de frases que apunto cuando se me ocurren, me miran desde el otro lado y no soy capaz de abrir un debate de las nacionalidades…
No tengo muy claro si debo decir algo o callar, si exteriorizar o si dejarlo todo dentro, envasado al vacío.
Tampoco sé lo que me corresponde: cuando tienes una noticia impactante que no se refiere en exclusiva a ti, no eres dueña de las reacciones ni de la publicidad del tema, aunque te duela, aunque te rompa por dentro.
Soy persona de coger el toro por los cuernos y mirarlo a los ojos, testuz con testuz, a ver quien gana. Y siempre gano yo. Porque yo no se jugar para perder, nadie dice que sea fácil ni rápido, pero ganar, seguro.
Después de respirar hondo, y llorar si es necesario, soy partidaria de empezar a dar pasos, y si no sé los que tengo que dar, preguntar sin vergüenza y sin miedo. Y también soy muy consciente de que los problemas, por grandes que sean no pueden ocupar el centro de la vida, hay que volver a la normalidad, a la rutina que todo lo cura, crear unas nuevas si es necesario, avanzar sin dejarse arrastrar. Por difícil que sea, por duro que parezca.
Ayer me tumbó una noticia. Y aún peor, tuve que transmitirla. Hoy ya estoy de pie. Dispuesta a pelear. Las batallas no se ganan solas. Aunque no sea del todo mi guerra.

MOONLIGHT SERENADE

Se buscaron desde siempre. Nacieron, creían, con el único propósito de encontrarse. No fue fácil. Estuvieron tan centrados en avanzar en la búsqueda que a veces no miraron bien a su alrededor. De hecho el día que por fin se encontraron les pareció que se conocían de toda la vida.
Fue una jornada extraña aquella, con más luces que sombras, un día para recordar olvidándolo todo, tan distinto que no parecería mentira que ni había pasado. Podría ser el guión de una película de las protagoniza Meg Ryan y Tom Hanks. De Cary Grant con Grace Kelly.
El sitio fue lo de menos, el acercamiento innato, despacio y sin red. Hablaron y hablaron y fueron conscientes de que estaban siendo felices de una manera nueva: una felicidad estrenada con un desconocido de la niñez.
Acoplaron sus vidas en un instante y su amistad se hizo de titanio. Eran amigos, como podrían haber sido siameses, y a la vez que vivían en la mente del otro, peleaban contra ella. Tuvieron discusiones épicas por el placer de debatir, y conversaciones eternas sobre las trivialidades más serias.
Llegó el día en el que los familiares empezaron a preguntar, el camarero se volvió a equivocar y ellos defendían sin mucha pasión la soltería. Cada uno, por su lado, empezó a hacerse preguntas muy íntimas, dudas frente al espejo de la conciencia, y aún peor, del corazón…y resolver no querer pensar.
Fue un día que cambiaron las cervezas con tapas y los cafés, por una copa de madrugada. Ajenos a lo que ocurría a su alrededor hablaban de sus trabajos cuando un chico preguntó si molestaba, la pregunta de siempre, la respuesta acostumbrada  y ante esa libertad de paso, el inocente recién llegado comenzó a intentar ligársela. ¡Se desató la fiera! De repente y sin previo aviso, él la cogió de la mano, la sacó del pub con el abrigo colgando del brazo y dejaron plantado al otro infeliz sin entender que ocurría.
A tiritones la llevó a una cafetería, demasiado frío para desconcertarse y reaccionar. Entonces, frente a un café, como tantas otras veces, se miraron con ojos nuevos, se sonrieron y tuvieron su conversación más larga, sin pronunciar una sola palabra.

COHERENCIAS

En esta vida se puede ser de todo, se puede intentar ser de todo y hasta se puede conseguir ser de todo en repetidas ocasiones.
No soy nada intolerante en mis planteamientos de vida y respeto muchísimo las formas de vivir de los demás siempre y cuando su ambición no sea tocarme las narices o meterme el dedo en el ojo.
La libertad religiosa creo que debe ser un hecho y hasta tal punto lo creo que defiendo con la misma intensidad a los que no creen, los que creen en otros dioses distintos al mío y los que creen que no creen, estando convencida como estoy de mi religión y siempre esperando la misma tolerancia que ofrezco.
También se puede cambiar de idea, no es cuestión de ser inflexible, de repente uno puede verse subyugado por el brécol y abandonar todo tipo de carne. O de carnalidad, que no es lo mismo, pero quién sabe…
Lo que si le pido a la gente es un poco de coherencia entre lo que dice y lo que hace, no es cuestión de llevar a rajatabla todos los principios que uno tenga en la vida, que uno puede sucumbir y hacerlo hasta con elegancia, lo que no comprendo es quien se define como vegetariano y come jamón…existiendo la posibilidad de decir «yo sería vegetariano si no fuera por el jamón».
Tampoco entiendo, ya se que estoy pesada con el tema, a quiénes defendiendo una nacionalidad propia se enfundan la camiseta de fútbol del otro país «explotador», y además se supone que sin coaccionar, felices y contentos (y cobrando). No me imagino yo a los esclavos de Nueva Orleans recogiendo algodón y además aplaudiendo felices al señorito así como de motu proprio. Es por esto que no acierto a comprender que algunos jugadores del Barça, declarados nacionalistas catalanes, defiendan la camiseta de la selección española.
Otro ejemplo de esta España nuestra son los «hacedores» de cine español. Por alguna razón, el cine español se subvenciona y sin embargo nada se hace por el aguerrido vallisoletano que pone una confitería ni por el valiente albaceteño que se dedica al mundo de los paraguas. Esta subvención, la del cine español, que se recoge a manos llenas, se hace desde unas ideas progresistas, de izquierdas, revolucionarias. Hasta ahí bien. Pero luego se pierde la vida por acceder al mercado norteamericano, cuna del capitalismo, y su exponente máximo que son los Oscars. Caso de Bardem y mamá, enjoyados y peripuestos, felices y contentos, sucumbiendo al mal. Dice el refrán «teta y sopa no cabe en la boca».
Yo misma me declaro republicana folclóricamente monárquica, y no digo solamente que soy republicana, pues luego un Hola de una boda de la realeza me encanta, y hay otras monarquías que me «gustan» más que la nuestra.
Podría seguir pero mejor no. Hay cosas y hay casos, las generalizaciones nunca son buenas, pero unos mínimos de coherencia no estarían mal, al menos para saber a que atenerse.