EMOCIONES

La risa es meridianamente clara, oyes a alguien reír y no te cabe duda de que es signo de que esa persona está siendo feliz, que se lo está pasando bien, que algo o alguien le induce a ese estruendo que es la sonoridad de la alegría; ya sea una risa prudente o una carcajada, es lo de menos, la risa se contagia.
La sonrisa puede que tenga más recovecos y sea más difícil de interpretar, es probable que haya muchas formas de entender qué significa o quiere decir una sonrisa, depende de muchos factores; si es franca y abierta, una sonrisa que no tiene doblez, sólo puede implicar alegría. Otras veces la sonrisa es más leve, casi de medio lado, una sonrisa pícara y juguetona, de alguien que incita a la broma o a la diversión. Hay sonrisas de auténticos nervios que van dos pasos antes de risa histérica. Y también está la sonrisa desencantada y triste que no tiene luz, es la sonrisa opaca de intentar que no se transparente el dolor. También hay sonrisas irónicas que son las que tienen las personas inteligentes la mayoría de las veces. Las cínicas que son sibilinas y rastreras, un siseo de serpiente, éstas me desagradan particularmente, las que más.
Lo que son más difíciles de interpretar son las lágrimas, la mayoría de la gente piensa que solo se llora por un dolor, por sufrimiento y luego las lágrimas de alegría. Pienso -es opinión personalísima-que ante las lágrimas ajenas las personas se bloquean y son incapaces de reaccionar. Unos huyen y otros consuelan pero no se interpretan; todo lo más se espera a que el afligido y lloroso sujeto sea capaz de balbucear por sí mismo lo que le sucede.
Hay momentos en los que se llora por dolor físico, a más dolor más lágrimas, teniendo siempre en cuenta que el umbral del dolor cada uno lo tenemos en un sitio y que es tan subjetivo como el adn. Cuando el dolor es del alma, sea por la pérdida de un ser querido, un amor, un desencanto, una traición, entonces son más difíciles de controlar y de superar, incluso a veces son lágrimas secas que no se reflejan en el exterior, pero que no dejan de brotar. Hay veces que lloramos de alegría o de risa y ésas son claramente identificables e incluso, y estas las uso yo mucho, están las lágrimas de emoción frente a un buen libro, una apasionante película o una canción; también ante un abrazo o una frase justa en un momento determinado pueden escaparse las lágrimas. También se llora de puro miedo.
Sin embargo, hay un tipo de llanto que creo que no se suele identificar bien, suele confundirse con el dolor o la pena y no son así, son las lágrimas de rabia o de indignación,  las que surgen por impotencia e incomprensión, cuando no puedes explicarte o no puedes hacer nada por resolver una determinada situación. No es que duela, no es que importe en exceso, pero ante una injusticia a veces sólo nos aplacan las lágrimas.
Por si acaso me quedo con la sonrisa, la que quieran y elijan y si tienen que borrarla que sea siempre por la risa alegre o las lágrimas de emoción.

JUZGADOS DE ACERA

Acabo de leer un magnífico artículo de Jabois, -gracias Noemí-, impecable en la manera de escribirlo, contundente en sus argumentos. Casi me convence. Viene a hablar de los privilegios que se le pueden dar, y los que se le han dado, a la Infanta Cristina respecto al proceso de Noós.
Entiendo que la sociedad emite juicios paralelos y no es justo, pero somos ciudadanos de profesión: activista de rellano de escalera, de primero de vecina cotilla. Aquí y en Kentucky, cualquier tipo de imputación conlleva una estigmatización social por lo general y es algo que puede que no sea justo pero es usual. Pero no sólo le sucede a los personajes relevantes o conocidos, les ocurre también al hombre que es falsamente acusado de maltrato, por ejemplo. Es más, se puede dar justo lo contrario, recordemos cuando Messi fue a declarar entre aplausos o el presidente del Sevilla F.C que va pidiendo firmas por la citada ciudad para que le den un indulto para una condena en firme jaleado por muchos ciudadanos.
No consigo comprender el placer de abuchear a una persona, de ocupar tiempo y espacio en semejante hazaña vociferante. No podría ser apedreadora. Quizás entiendo que alguien que perdió su dinero en las preferentes vaya a acordarse de todas las generaciones difuntas de Blesa, porque no tiene otra opción. Entiendo que con delitos de sangre de por medio se pierda la noción de la realidad, yo estoy segura que la perdería, y no sólo iría a gritar, quizás me plantaría buscando venganzas mayores. Aunque incluso así, creo que no me apunto a humillar a nadie. No veo placer ni justicia poética en ello.
Que la Infanta haga un Morante, o un Curro Romero, me da exactamente igual. La condena social la tiene ya, la justicia dirá si tiene o no otro tipo de condena. Desde luego si han saqueado fondos públicos que devuelvan el dinero, eso lo primero, todo y con intereses, el resto me parece irrelevante salvo por una cuestión…
Cuando ella, la Infanta, va a algún tipo de evento público lleva escolta y se movilizan a los cuerpos de seguridad del Estado. Acudir al juzgado es un acto privado elevado a público por lo tanto tendrá que haber un plan de seguridad e irá acompañada por su escolta. No es bajar un momentito al Mercadona que no tengo ajos. Teniendo en cuenta la cantidad de recortes que lleva sufrido el ciudadano medio, la falta de recursos, de trabajo, de vivienda…, hartos de ver como de un lado y de otro ha habido quien ha metido la mano en la caja, no es difícil pensar que a alguien se le crucen los cables. No sería tan raro, un ciudadano que tenga una precaria situación y la compare con los privilegios por nacimiento de doña Cristina y haga algo más que vociferar. ¿Y entonces? Entonces seguramente será políticamente un desconcierto, puede que se levanten voces por la República aprovechando un detonante como ese (no sería la primera vez en la historia que pasa), pero lo que seguro sucedería es que ella saldría indemne, sin un rasguño, y escoltas y policías heridos o algo peor.
Me van ustedes a perdonar, incluida doña Cristina y su real familia, pero me importa muy poco que se libre o no del abucheo, lo que me preocupa de verdad son esos trabajadores que en el ejercicio de sus funciones pueden salir mal parados.

CITAS CON PAVO

Yo tuve quince años.
Es fácil llegar a esa conclusión sabiendo que acabo de cumplir 38, por mucho que se intente no se puede uno saltar ningún año de la ristra. Una vez pasados se puede poner interés en olvidar alguno si fue especialmente nefasto, pero no suele funcionar. Es más, y esto es una teoría personal, cuanto más interés pones en silenciar algo o alguien, más se mete en el recoveco de la memoria y más difícil es sacarlo al destierro mental del olvido.
Pues yo a mis quince años además de ser «rellenita» y un poco patito feo, era una adolescente de manual. Si se cogen las características de una adolescente tipo puedo ir chequeando que si no cumplí el 100% fueron el 93%. No era especialmente conflictiva y menos todavía si se compara con lo que algunas televisiones se empeñan en mostrarnos como adolescentes tipo, incluso a reformar (como las viviendas de segunda mano) pero era una típica teenager.
Yo era una pava, de las que se enamoraban perdidamente…y para toda vida, oía canciones de amor del grupo musical del momento, llenaba la carpeta de corazones en sumas de letras, escribía poesías propias a escondidas y las que ponía en los márgenes de los libros eran almíbar hecho texto. Llenaba mi cuarto de posters y mi carpeta la forraba con fotos de actores y cantantes. También tenía a mi osito de peluche (Topi). Y en mi descargo diré que no era yo de las más cursis que había.
Hay cosas muy básicas dentro de la adolescencia, una de ellas la reflejan en la serie Castle. Le pregunta el escritor a Beckett: «¿Cuándo sabes que te has enamorado por primera vez?» y ella contesta: «Cuando entiendes la letra de las canciones» Ahí un síntoma contundente de la adolescencia. Es un básico, no sólo las entiendes si no que las escribes, las memorizas, las cantas, las desmenuzas…Hasta las grabábamos en esas míticas cintas TDK (de 60 o de 90) directamente de la radio. Conforme te vas a haciendo mayor las canciones te las aprendes si  las has oído mucho o te vas inventando lo que no te acuerdas con «nanananinnonannino» o lo que toque.
Yo por supuesto era de esas, no había lacrimógena canción de amor que no me supiera y viviera, y le encontrara sentido y hasta hiciera mía según el momento sentimental. ¿Para qué negarlo? Era así. Tan cierto como los calcetines verde botella de mi uniforme.
La otra característica de esa edad es utilizar «citas» y no me refiero a las que se refieren a quedar con un chico, que eso en mi tiempo -y no es tan lejano- no se hacía, ahora con la norteamericanización puede que si, pero entonces tú salías con tus amigas y te encontrabas con el niño que te gustaba y sus amigos. Había muy pocas que salieran solas con su «novio» a los quince años. A las citas que yo me refiero son a los pensamientos de otras personas. Yo era adicta a buscarlas y utilizarlas, y ojo que no había internet, era mucho más arduo conseguirlas y me gustaban tanto que buscaba libros al respecto, creo conservar un libro bastante voluminoso lleno de citas que era casi mi guía espiritual. Lo tenía lleno de fichas de cartón, porque jamás he subrayado un libro, y escribía las más inspiradoras. Todo muy adolescente.
Ahora, con la edad, utilizo muchas menos palabras ajenas y mucho más las propias. Tampoco me aprendo las canciones, y lo que es peor, alguna de las que conocía las he ido olvidando.

LLUVIA MOJADA

Llueve al otro lado del cristal y noto aún la humedad en el bajo de mis pantalones causa de los charcos que intenté sortear con mala fortuna por lo visto. Llueve y sigo pensando por qué me afecta tanto. Es irracional que un día gris y lluvioso me parezca la antesala de todo lo horrible que pueda imaginar. Y tengo una imaginación portentosa.
La lluvia es cinematográfica sin duda, una mujer en la calle, unos labios entre abiertos y el agua cayendo por su rostro dándole una pátina de frescura -nunca mejor dicho- y al mismo tiempo de desolada fragilidad. El agua cae y ella susurra su nombre y entonces el amor de su vida se vuelve y la besa, o se va calle abajo dependiendo de si sea puro romanticismo o dolorosa tragedia.
La realidad es que ella no quiere mojarse el pelo porque ha ido a la peluquería, su rimmel no es waterproof y aún no ha bebido lo suficiente para que todo eso le de igual. Tiene frío, tirita y en sus ojos hay más ira que dolor, más enfado que fragilidad…quizás sin lluvia sería más emotivo pero los pies mojados no provocan dulzura y amor.
Ver llover, el fuego en la chimenea, una camiseta grande de un amor ausente, unos calcetines gordos bajados y una taza de café humeante. Ella sentada en el alféizar de la ventana, abstraída en como caen las gotas deslizándose en un vals suave y acuático. El crepitar de la leña, el calor del hogar y el frío interior por la soledad, sea provocado, puntual o eterno…¡Qué bonito!
Lo que de verdad ocurre, es que ella está hundidísima, así que lleva un pijama viejo con los calcetines por fuera, está en el sofá destrozando la Tablet, el pc, o el móvil, mientras le cuenta a una amiga lo capullo que ha sido el otro que se ha ido y la ha dejado allí plantada. Por supuesto no hay chimenea si no una agradable calefacción central y en realidad no tiene frío porque el enfado le hace sudar, y más que café hay chocolate y/o alcohol.
La verdad es que la lluvia acarrea atascos, niños que van al cole con botas de agua que les recuecen los pies y si no las llevan los tienen mojados todo el día, ropa que no se seca, suelos resbaladizos, paragüas olvidados, taxis imposibles, cristales por limpiar, carreteras peligrosas, resfriados eternos, y además de todo, en mi caso, una absurda melancolía que me atraviesa el alma.
Esperemos que pronto escampe.

LOCURA EXTREMA

Creo que lo que más me desespera, es el cinismo. Así como considero que la ironía es el arma de las personas inteligentes, el cinismo saca lo peor de mi. Ayer una concentración silenciosa y pacífica, ni fue silenciosa, ni fue pacífica y sobre todo fue cínica con personas que han sufrido, sufren y sufrirán toda la vida por ser víctimas inocentes de una locura nacionalista.
Quede por tanto claro que estoy del lado de las víctimas, que comparto su dolor, su indignación y su estupefacción con lo que está sucediendo en estas últimas semanas.
Esto último no quita que cada vez vea con más miedo y horror en lo que nos estamos convirtiendo. Bueno, rectifico. Cada vez leo con más estupefacción las tendencias radicales de ciertos sectores. Puntualizo. Cada vez leo con más estupefacción las tendencias radicales de ciertos sectores en la red.
¿Es Twitter una muestra aleatoria válida de España? No ¿Lo que leo en Twitter es España? Si. Esas cuentas de personas escondidas en avatares falsos o reales, que igual dan su nombre verdadero que se esconden en un seudónimo son parte de España. Por cierto, a mi no me cuesta ningún esfuerzo escribir el nombre del lugar donde vivo aunque cada vez me sienta más mundo y menos nación. La globalización, supongo. No tengo complejos, yo soy española.
Frente a las situaciones dolorosas, traumáticas y casi inauditas que estamos viviendo respecto a la liberación de presos terroristas, violadores y asesinos en serie, la agresividad se está apoderando de nosotros. No hablo de un conflicto serio entre unos y otros, pero si una semilla de irascibilidad que va cuajando en la tierra del descontento, la crisis y la desesperación.
Es justo reconocer que si esos presos están en la calle es porque nuestro ordenamiento jurídico así lo reconoce, porque la retroactividad de la norma no es posible y si la ley la cambiaran hoy…también tenían que salir a la calle porque las leyes por las que se les juzgó así lo establecían. Vayamos a los que legislaban entonces, pidamos responsabilidades. De acuerdo. ¿Qué han sido extrañamente rápidos en soltarlos? Cierto
Lo humano sin duda es enfadarse, frustrarse, acordarse de las castas de más de uno, de dos, enfrentarse a los que no piden perdón como hizo Minuesa: con tranquilidad, con un par de cojones -mis disculpas por el lenguaje- y con respeto. No respeto a los asesinos, ojo, respeto a las normas de convivencia que elegimos para poder vivir en comunidad.
Cuando leo los insultos, la agresividad incontenida, veo como «cuelgan» las fotos con cuerpos mutilados, exhiben el desprecio a las leyes, tanto por un bando como por el otro, me doy cuenta de que estamos provocando cualquier tipo de desgracia. No es cuestión de alarmismo ilógico, es cierto que son pocos los que acampan en los extremos, pero también eran pocos los que nos tuvieron (¿nos tienen?) de rodillas bajo el cañón de sus pistolas. Y siendo pocos causaron un dolor eterno.
¿Qué ocurriría si uno de los bandos extremos va explícitamente contra el otro? Pongamos el caso de alguien de extrema derecha que mata a dos etarras, una parte de nosotros en el fondo se alegra pero y si éstos responden, y si los otros nuevamente atacan … Aunque nos cueste aceptar ciertas cosas, que nos cuesta, hay unas reglas del juego que hacen que esto funcione, hay maneras y maneras.
Pido que se honre a los que murieron a manos de esos asesinos, que se cuide a las familias, que no se les permita a los etarras ni un privilegio, ni una concesión. Pido que el peso de la ley caiga sobre ellos constantemente, que el estado de derecho esté alerta (aunque nos cueste creer en él) ya sea por convocar una manifestación o por la petición de una subvención, pido que no se olvide, nunca, jamás.
Pero por favor también controlemos a los extremistas, de las posturas agresivas nunca vamos a tener ningún tipo de solución, de ventaja, de ayuda, y sin embargo pueden hacernos mucho daño.