MANTEQUILLA DE CACAHUETE

Nunca he tenido problemas con el «imperialismo norteamericano», soy de una generación que no traía resquemores pasados ni tampoco superioridades.
Me he criado con su cine, su música y sus series de televisión. Sin problemas. Lo mismo aprendíamos que había un barrio que se llamaba Bel Air que era de ricos y famosos, que queríamos ser alumnos de Top Gun. Confiábamos en que existieran grupos en paralelo a la justicia con coches que hablaban o locos al volante de furgonetas negras con una raya roja.
Conforme se va creciendo y se deja de vivir pensando que en California todas las mujeres son espectaculares o que todo el mundo se enamora en Nueva York, se puede ir variando la opinión, sin duda, pero creo que en rasgos generales, la mayoría no deja de tener un conocimiento audiovisual y una indiferencia pasiva, salvo cuando suceden grandes eventos como la gala de los Oscars, la Super Bowl o alguna tragedia.
Las generaciones más jóvenes están asumiendo que USA suele ser el dueño de la red, de los video juegos, del cine y de la música. Han interiorizado como propio muchos de los roles, comidas y costumbres norteamericanas que jamás se han dado aquí. Y muchos padres han sucumbido con ellos.
Empezamos celebrando Halloween, entre otras cosas supongo que porque la gente ya no se entierra en los cementerios, el cambio a la cremación y a esparcir las cenizas ha llevado a que ese festivo quede para muchos en un impasse. Mis hijas ha llegado a celebrar en el colegio Acción de Gracias, que a mi personalmente me parece una fiesta bonita, ya decía desde hace mucho tiempo el refranero castellano, que es de bien nacido ser agradecido.
Pero vamos a más, mi hija mayor antes de pasar al Instituto ha hecho una fiesta -a petición de un gran conjunto de padres-  de graduación de primaria a lo yankie, en el gimnasio, con música y padres vigilantes, sin reina del baile ni ramillete, a Dios gracias. Una especie de remake, sin ponche y con tortilla de patatas.
Se que muchos de nuestros hijos darían algo por tener una taquilla en los pasillos del instituto y por disfrutar de aquellos laboratorios, o pertenecer al equipo de animadoras o de baloncesto, incluso montar grandes obras con los talleres de teatro, Shakespeare incluido. De esto también hizo mi hija. En fin, lo que sale en las películas americanas.
Pero como decía va más allá, ya hay en España bodas temáticas, damas de honor en el cortejo de las novias, despedidas de solteros (ni pensar quiero en EuroVegas y su vertiente festivalera) en limousina rosa o de Hammer…. etc
Estaría bien que ya que estamos copiando tanto, que remedáramos el sentido de comunidad, de respeto a los símbolos, de orgullo de su nación, de su bandera o de su ejército. No estaría mal que valoráramos que ellos siempre apuestan por los mejores, ya sea en investigación científica o médica, o en lo social. Que defienden la cultura del esfuerzo y mucho menos las de las subvenciones.
Y sería redondo si puestos a imitar, imitáramos que los partidos políticos se auto financian, y que cada uno de los congresistas emite su voto, sin disciplina de partido. 

TIERRA SOÑADA POR MI

Siento los nervios en el estómago como una adolescente aferrada a un mensaje de su teléfono móvil, estoy inquieta como un niño la noche de Reyes y a ratos diría que se me acelera hasta el pulso.
Cuento los días deseando poder contar horas y disfruto de todos los preparativos que tengo que hacer para poder verte. Ansiosa como una primeriza enamorada espero por fin tenerte a mis pies, para postrarme a los tuyos, Granada.
En pocos días volveré a estar en la tierra que fortuitamente me vió nacer pero que adoro, a la que tuve la suerte de volver muchas veces como turista, como estudiante y como madre de familia durante unos maravillosos cinco años.
La echo de menos; a esa ciudad de atardeceres pintados que un presidente de Estados Unidos comprendió que eran más de lo que se podría encontrar en algún museo, por la belleza, lo efímero y la constante transformación hacia el azul noche…azul de azulejo de Alhambra. Me faltan palabras para ese palacio que nadie debe morir sin conocer porque por mucho que cuenten y digan, siempre será un relato incompleto. Esa ciudad cuna de poetas, de grandes músicos, de eternas leyendas.
Me falta su acento, su comida y sus cuestas, la silueta de la Sierra recogiendo sus calles y el cerro de San Miguel vigilante enfrente. Y el mirador de San Nicolás.
Daría lo que fuera por volver a sentarme en el Triunfo, a los pies de ese Hospital Real de escudo bicefálico, donde disfruté de su recogimiento y su acogedora biblioteca, y caminando por la Gran Vía quiero ir  a comerme una hallulla a López Mezquita y a pasear por la Alcaicería disfrutando de sus escaparates y de las caras de los turistas asombrados y que calle Zacatín me lleve a la plaza Bib- Rambla. ¿Hay algo más evocador que una plaza de ese nombre pegada a la Catedral donde reposan esos católicos que lo fueron, además de Reyes?
Necesito ir al Paseo de los Tristes, que no se sabe qué es más bonito, si el Paseo o el nombre, y subir la cuesta Gomérez, y pasear por el Realejo que fue mi segunda casa buscando el olor de los luthiers, y la sombra de los cármenes en los que soñé vivir.
Quiero un helado de Los Italianos y un plato de migas, quiero habas con jamón y piononos. Quiero disfrutar de esa «mala follá» que no es más que prudencia y algo de sequedad, porque eso si, cuando tienes un amigo en Granada, es para toda la vida.
Entiendo que Boabdil el Chico llorará por perderla y es cierto que no debe haber nada peor que ser ciego en Granada, aunque no le va a la zaga haberla vivido, disfrutado y tenido, y ahora…echarla de menos.
Pero «vuelvo a Granada», no será mucho tiempo, pero ese aire de cumbres nevadas me dará aliento hasta la próxima vez porque para mi, cuando la dejo atrás, sólo puedo murmurarle …hasta pronto.

GENTE BUENA, BUENA GENTE

Es un hecho que podemos definirnos con algunos adjetivos, pinceladas de nosotros con pocas palabras. Podemos dar un perfil de nuestra personalidad, gustos y aficiones, tendencias políticas y religiosas en a penas ocho o nueve características. Mucha culpa, supongo, tendrá habernos hecho perfiles en las redes sociales donde nos piden una bio, ni siquiera escribimos ya biografía, y nos dejan un espacio pequeñito con limitación de caracteres.
En mi perfil de twitter se puede saber más o menos como soy, por supuesto que no me va a conocer nadie a fondo con lo que pongo, y mucho menos va a ser definitivo lo que escriba…y siempre hay perjuicios.
Seguramente quien sepa que soy madridista, pues puede tener una base de resquemor si es culé, o piense que soy una imperialista nacional…y nada más lejos de eso, ahora bien, madridista si, hasta la médula.
Nacer, nacemos sin perjuicios, cuando mi hija mayor tendría poco más de un año, jugaba en el parque con un niño muy muy negrito, de su edad, jugaron un par de horas, y luego, de vuelta a casa, le preguntamos…»¿Rocío cómo era ese amigo tuyo?» Y nos dijo: «divertido y con el pelo rizado»
Luego surgen no se muy bien por qué pero creo, y me puedo equivocar, que los perjuicios son algo que en principio se va difuminando con la edad, dejas de encasillar a la gente, aunque todos tengamos nuestros distintos apartados y en condiciones normales, a todas las personas se le da una oportunidad, sin tener en cuenta edad, religión, color, forma de vestir, de pensar, o de vivir.
Mi madre me enseñó no solo a respetar a todo el mundo, sino a tener claro que de todas las personas se puede aprender, y que cualquier forma de vida, aunque me choque o no la comparta, tiene que ser aceptada en la sociedad siempre y cuando no cause perjuicios a la comunidad, es cuestión de estar en unas ciertas normas de convivencia generales y fáciles de seguir, aunque siempre existan mastuerzos que se dediquen a fastidiar a los demás, y para eso se supone que existen unas leyes que nos protegen.
Obsérvese por el lector – me encanta esta frase tan de libro de postguerra -, que escribo con todas las condicionales porque me resulta osado pluralizar. Aun así, creo que individualizando puedo atreverme a generalizar que la mayoría somos buena gente, personas que aunque pensemos distinto sabemos hablar, tolerar y respetar a los otros…e incluso callar, que a veces también es útil siempre y cuando sea un silencio poco importante y recíproco.
Y es que hay más buenos que malos…sólo que los malos hacen más ruido.

ESTE ES UN MUNDO…

Este es el mundo en el que una niña de ocho años, yemení, muere en su noche de bodas, por las heridas sufridas por la violación de su marido. Que por mucho que sea su marido, es violación.
Este es el mundo donde Malala sufre amenazas de muerte y casi muere por defender desde sus doce años, el derecho a que las niñas de su país vayan al colegio.
Este es el mundo donde se llevan a los niños a manifestaciones cruentas para mostrar al mundo como el contrario mata a los niños. Y donde los niños pueden ser niños refugiados y viven un horrible presente con un inexistente futuro.
Este es el mundo donde niños suben a motos a dejarse la vida en un circuito si hace falta, pero como da dinero no importa. O al fútbol, o la gimnasia rítmica, o el deporte que sea, mientras papá se frota las manos y negocia la ficha de su hijo.
Este es el mundo donde una niña o un niño pueden ser utilizados como reclamo publicitario, como actores, como estrella de la canción y la interpretación sin que luego importe sus problemas de adaptación y maduración y que se conviertan sin a penas excepciones, en lamentables juguetes rotos exhibiéndose por distintos escenarios en una loca carrera hacia delante.
Este es el mundo donde los hijos son utilizados como arma arrojadiza entre adultos que son sus padres y a la vez sus manipuladores.
Este es el mundo donde hay niños que se suicidan.
Y podría seguir, pero he escrito mucho sobre esto, porque me puede y me supera que los adultos dejen a los niños sin su infancia, en función del dinero en el primer mundo, y de creencias en el llamado tercer mundo. Si es que hay primeros y terceros.
Existe una Declaración de los Derechos de los Niños, de la protección a la Infancia que se ultraja continuadamente mientras nosotros, desviamos la mirada.

EMPEZANDO

Ya no se hacían los días como los de antes.
Días en los que amanecía con el olor del desayuno y el chocar de la loza y anochecía con el calor del sol aún en la piel.
Esos días en los que las horas duraban más y la siesta de los mayores era el refugio de la imaginación, la maquinación de faraónicos juegos y la espera a que la digestión se hiciera.
Ya no formaba parte de su cuerpo el salitre, la arena que ni en la ducha se había despegado de sus pies, ni el cansancio de la batalla de bolas de arena.
Habían llegado pronto los uniformes a los centros comerciales, y sufrió un horror cuando su madre, previsora, se empeñaba en meter sus pies, acostumbrados a la libertad de una sandalia, en unos coartadores calcetines para comprar unos zapatos cerrados que le angustiaban y le apretaban hasta en la caja. ¡Hasta tuvo que probarse un jersey de manga larga!
Las libretas ya tenían su nombre, y aunque este año no estrenaba ni estuche ni mochila, su madre la había dejado limpia y reluciente, parecía casi nueva. Ya estaba todo preparado y vivió el momento de la desavenencia personal con ella misma; por un lado le aterraba pensar en los madrugones, las largas horas sentada, los deberes para casa… y por otro se sentía contenta de volver a ver a sus compañeros y hasta a sus profesores, pero…¡con lo bien que estaba ella a su ritmo de playa, lectura y juegos!
Tumbada en la cama notó algo parecido a los nervios, al miedo, a la añoranza…mañana vuelta al colegio, ya no había vuelta atrás, sabía que lo pasaría bien, en el fondo le gustaba, sólo es que a veces, costaba empezar.