AQUELLOS HOMBRES BUENOS

En aquellas épocas antiguas, esas que deberían salir en los libros de historia, perdón. Cuando existían libros de historia, se contaban aquellas épocas antiguas en las que los oficios se aprendían con un maestro, magister, alguien de edad que tras haber aprendido y haber pulido sus conocimientos con su propia experiencia tomaba a un aprendiz que como su propio nombre indica, absorvía todos los conocimientos de su maestro y los modificaba, tras los años, con su experiencia. Esto nos llevaba a profesiones pulidas y cimentadas en el ayer con los desarrollos posteriores.
En España hemos decidido que eso no es válido, o es de catetos, o de poco progres o de pobres, que son las excusas más dadas en este país nuestro. Así que como sabemos mucho de nada se empezó a ignorar a los mayores.
Primero fue la Universidad, y mientras todos los Campus de prestigio conservan a sus catedráticos más longevos como oro en paño y sus clases magistrales tiene un lleno hasta la bandera, aqui, ni cortos ni  perezosos, los jubilamos  por el método rápido sin que nadie bebiera de su experiencia. Resultado: una universidad mucho más desprestigiada,  mucho menos eficaz, menos calidad y un profesorado joven, eso si.
Ha habido más profesiones, ingenieros de seguridad prejubilados gozosamente (ya veremos más pronto que tarde las consecuencias que tiene), profesores de institutos y colegios, investigadores, médicos, policías, humanistas, y hasta maestros de obra que hacían antiguamente edificios resistentes y ahora vivimos en carísimas casas de papel, etc.
Y llegamos al periodismo, no hace mucho hubo un ERE en El País y además de la falta o presunta falta de liquidez, se argumentaba que no se podía contar con periodistas “tan mayores”, esto mismo le sucedió a las televisiones (públicas y privadas), en vez de hacer una transición de maestros y aprendices, se usó el borrón y cuenta nueva. Conclusión: cuando murió el Papa Juan Pablo II llegué a oir a una reportera decir “el cura adora el libro” (!!!!!!!), se leen artículos no sólo con faltas de concordancia, sino también de ortografía, y se ha perdido el periodismo independiente, si es que alguna vez lo hubo. No sería justo decir que todos los jóvenes periodistas son malos, hay de todo, igual que hubo veteranos vendidos al poder o a la comodidad.
Pocas sociedades han tratado, y tratan, peor a sus mayores que la nuestra, y a la vista está que el experimento ha salido más mal que bien, espero que en algún momento y antes de que la naturaleza haga su trabajo, alguien se vuelva hacia atrás mire entre los jubilados del parque y los oiga…y no solo para que hablen de la guerra.

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FARO

La mente es ese resorte extraño que hace que el hilo de los pensamientos derive hacia un sitio o hacia otro.
Mi mente es rápida, directa, clarificadora en ocasiones y otras veces lo único que hace es embrollar aún más lo que a duras penas dejaba de ser nebulosa.
Una gota de lluvia en un cristal puede llevarme a pensar en lágrimas, y tras esto un dolor, una alegría, un sentimiento propio o ajeno. Un alfiler en el suelo puede llevarme a pensar en aquella moqueta de color verde oscuro donde una tarde fría me probé por primera vez un traje de novia…
El otro día algo tan usual como una tormenta firme y recia de un invierno típico en todos sus sentidos, con fríos, temporales y quejas del tipo “este año hace más frío que nunca” “no puedo soportar más tiempo estos días de lluvia” “¡vaya viento!”, me llevó a pensar, tras un trueno y el miedo que me producen, en los temporales que vivía de niña, cuando el mar se enfurecía, y los barcos hacían sonar sus sirenas al compás del ulular del viento en mis ventanas, y de ahí pensé en los faros.
Cuando era pequeña los faros me impresionaban, me daban miedo y sobretodo me horrorizaban las historias de personas que vivían solas, sin conversación alguna, en aquel torreón, en una mezcla de Rapunzel, un lobo de mar y un auténtico héroe. Siempre tuve claro que áquel que vigilaba los faros era una persona importante, muy importante, que cuidaba abnegadamente de los demás con su intermitencia luminaria.
Más mayor además de aprender que ya muchos no necesitaban siquiera un humano dentro, empecé a verlos con la estética adecuada, como esa torre creada por hombres para salvar a hombres, el trabajo de alguien en beneficio de la sociedad y todo ello a través de una bonita estampa, el faro en si es elegante, firme y un poco inseguro con su sí y su no de luz.
Pensando en los faros, acabé derivando en las personas, a las similitudes que pueden llegar a encontrarse porque para mi,  y es opinión personalísima, algunas son como esos faros, de apariencia fuerte, firme, indestructible, alguien a quien piensas que puedes aferrarte porque te salvará, alguien que se da a los demás, y ciertamente lo hacen, pero cuando te acercas y la perspectiva la pierdes y sólo ves lo que realmente tienes enfrente, cuando subes las escaleras de su interior, entonces te das cuenta de lo frágil que es, lo desolado, lo abatido, y es cierto que dan luz, proyectan la esperanza, la tranquilidad, la seguridad y sin embargo más tarde, apenas un parpadeo después, solo es una mole oscura, solitaria, al final de un camino sin salida, algo olvidado y depreciado en su valor real.
No llegué después de todo ese razonamiento a ninguna conclusión, me quedé intranquila y busqué la belleza de los faros navegando por este mar de internet donde si bien no hay faros que nos avisen del peligro podemos viajar buscando nuevos hilos que nos hagan reflexionar.