FAST BOOK

Quizás sea una osadía hablar de literatura excelente desde aquí, seguro que lo es escrito por alguien como yo, -además después de tanto tiempo-, pero hoy he tenido una interesante conversación que exigía un corolario de más de 280 caracteres.

No todos los que juntamos las letras en un Blog, incluso en la columna de un periódico o en una revista especializada, somos grandes literatos. Ni que decir tiene de los hilos de Twitter, los párrafos de Facebook o lo que se haga en tumblr que nunca lo supe. No es cuestión de escribir sin faltas de ortografía, y más si lo haces con un corrector en el procesador de texto. Lo cierto es que incluso si tu libro se ofrece en una plataforma en línea o has podido acariciar sus letras en un papel no significa que seas un grande de la literatura. Por supuesto puedes serlo o incluso ser un súper ventas, que no siempre es lo mismo, pero no hay una relación directa, por muchos likes, lectores o emoticonos de aplausos que tengas.

Creo sinceramente que la literatura es subjetiva, como el dolor y el amor. Los libros son lo que nos hacen sentir, lo que nos divierten, lo que masticamos, nos deja cicatriz y vive para siempre con nosotros. Dejando ese tema claro me atrevo a señalar que la grandilocuencia calificativa ha llegado para quedarse, y maldita la gracia.

Cuando miro mis estanterías y leo los nombres de los autores torciendo la cabeza, me doy cuenta de la osadía con lo que algunos se enfundan el traje de autor literario creyendo que le queda como un guante. La literatura para mí es mucho más, es el signo distintivo del autor, el que reconoces en un párrafo, el que solo con varias líneas sabes que está ahí. Detrás puede haber técnica, pero lo que hay seguro es una mano magistral que ha suspendido su arte en el tiempo, que lo ha llenado de su vida o de las vidas de su personaje y nos lo ha dejado ahí para disfrutarlo eternamente.

Yo empecé a leer por desconfianza. Tenía dos años y no me creía los cuentos que me leía mi madre, pensaba que los aligeraba para que me durmiera antes, y lo quise comprobar. He tenido la suerte de crecer entre unos adultos que estaban apasionados por la literatura de todo tipo y entre la que pude elegir. Había más libros en mi casa que en la biblioteca de mi pueblo y siempre aproveché esa circunstancia.

Mis libros son mis amigos, a veces las personas van y vienen, pero los libros siempre han estado ahí. Igual es triste o solitario decirlo, a mi no me lo parece, lo que es seguro es que es así.

He leído mucho y de casi todo, si tuviera memoria sería uno de esos pedantes que discuten de los personajes de los libros en podcast eternos que sólo satisfacen el ego del que habla, pero la verdad es que se me olvida casi todo, así que puedo releer como los besos de los boleros y los amores de verano, como si fuera la primera vez. Lo sé, ser lectora no me hace escritora, ni persona con opinión digna de tener en cuenta, pero si me hace ver – por ejemplo- que no es lo mismo el uso del lenguaje de Delibes que el de muchos de los superventas de hoy que se permiten hablarle de tú a don Miguel porque una vez fueron al campo de sus abuelos.

Hay quien se encumbra con una sola novela, hay quien no conoce el éxito en vida, hay quien se mereció el éxito y aun no le ha llegado porque está por descubrir y hay que tiró su éxito y magistralidad por la borda…y hay quien puede divertir, entretener, pero no pasará a la historia de la literatura aunque ahora se lo parezca.

Yo he llorado cuando murió Quino, me dolió y no fui ni capaz de hacer una entrada en este blog para decirle adiós, no podía. Yo he sufrido viendo como uno de mis autores favoritos se dejaba vencer por la vorágine, perdiendo -a mi modo ver- su arte…y cuando digo sufrir es pasar por el luto de darlo por perdido, y comprar sus libros, que ya no voy a leer, sólo por el tiempo pasado en el que me hizo feliz, como se le manda una postal de navidad a un amigo lejano o se le felicita el cumpleaños a un ex: con dolor y un poco de añoranza por lo que fuimos. La literatura forma parte de mí y he considerado siempre que la lectura era un lujo al alcance de todos, quizás por eso me fastidia verla convertida en producto de usar y tirar.

Hemos ganado en inmediatez pero hemos perdido calidad.

3 comentarios en “FAST BOOK

  1. Pues me ha gustado mucho lo que has escrito. En lo único que discrepo es en lo de los libros vs las personas: no son comparables, no se vive bien si falta alguna de las dos cosas. Me gustará seguir leyendo lo que escribas 😊

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